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De Venezuela a Tarragona para escapar del chavismo: ‘Había que huir de allí’

Tarragona acoge cada vez a más venezolanos perseguidos y amenazados que piden asilo político

Raúl Cosano

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Francis Sucre (33 años) llegó a Tarragona el 6 de octubre de 2016. Se vino casi sin nada, huyendo del régimen de su país con sus hijos Thalía (14 años), Dereck (4) y el pequeño Fabián, que había nacido en el mes de mayo de ese año.

Después de un tiempo separados, en diciembre recaló aquí también su marido, Daniel, y la familia se acabó reagrupando en un modesto piso de Sant Salvador. De momento ninguno de los dos trabaja. Una amiga les cedió el piso y sobreviven de la solidaridad de Càritas o Creu Roja. 

«Me encargan arepas, las vendo y nos sacamos un dinero para intentar salir adelante», cuenta Francis. Ella, junto a su marido, busca trabajo para acabar de amoldarse a la nueva vida al otro lado del océano y dejar atrás Caracas y un pasado reciente turbulento. 

‘Trabajaba para el gobierno y no me parecían bien las cosas que nos hacían hacer’

«Llegó un momento en el que decidí no estar más aquí. Había tenido problemas con el embarazo de mi tercer hijo. En los hospitales nos dijeron que no había medicamentos, que no habría equipos para atender al bebé si nacía fuera de tiempo. Nació con ocho meses», narra Francis, que finalmente pudo dar a luz, a pesar de los problemas recurrentes en la vida cotidiana: tiendas desabastecidas y dificultades para acceder a algunos productos. 

‘No me querían atender’

«En algunos hospitales no me querían atender. En un centro, para asistirme, tenía que dejar una lata de leche para beber y un paquete de pañales. Vivimos situaciones muy complicadas», admite Francis desde Tarragona. 

Muchos problemas vinieron de su empleo. «Yo trabajaba en el gobierno. Para mí, aquello era sólo un trabajo, en un lugar que era público, de todos los venezolanos y no sólo de los chavistas, como se nos hacía creer. Me querían mandar a todas las marchas, a todos los mítines… teníamos que ir a hacer compañía a Chávez cuando estaba enfermo en el hospital. Yo estaba comprometida con mi trabajo, pero no me parecían bien muchas cosas que me hacían hacer», cuenta Francis.

‘No estaba de acuerdo’
Pronto esta venezolana se mostró díscola con el régimen y comenzó a hacer oposición. «Nos venía a hablar un diputado de la asamblea chavista. Nos hablaba de socialismo y su discurso se caía con sólo ver la ropa que llevaba, las zapatillas Nike… Nos decían que estábamos en medio de una guerra psicológica y mediática». 

«Para mí todo aquello excedía del trabajo, no estaba de acuerdo con aquello. Me preguntaban: ‘¿qué harías para mantener la revolución?’. Y yo respondía: ‘Nada’». Pronto fue investigada por sus bajas laborales (tenía depresión y fibromialgia) y ella se sintió perseguida, cada vez más incómoda. Murió Hugo Chávez y, con Nicolás Maduro en el poder, la situación no mejoró. 

Poco después de nacer en mayo de 2016 Fabián, el tercer hijo de la pareja, y por miedo a una escasez en aumento, Francis decidió emigrar y tirar de un contacto en Tarragona para instalarse aquí. Vendieron el coche. Su marido dejó su trabajo en una zapatería. Desde la lejanía viven la convulsa situación de su país. «Seguiremos aquí, la situación no va a cambiar», anuncia Francis, que aquí respira aliviada. 

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