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De contenedor a oficina inteligente

Alumnos del Pere Martell cortan, pulen y diseñan dentro de un viejo contenedor cedido por el Port para convertirlo en el Smart Cub, una oficina itinerante para divulgar la Tarragona Smart City

Esther Garrido

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Algunos de los alumnos participantes en el proyecto posan desde dentro del contenedor que están reformando. Foto: Lluís Milián

Algunos de los alumnos participantes en el proyecto posan desde dentro del contenedor que están reformando. Foto: Lluís Milián

Los alumnos del Pere Martell estánmuy ocupados estos días. Un centenar de ellos de las especialidades de madera, electricidad y electrónica, artes gráficas, energía y agua y la de fabricación mecánica trabajan unidos en el proyecto Smart Cub, auspiciado por el Ayuntamiento y patrocinado por el Port de Tarragona y la fundación Tarragona Smart City.

El Port de Tarragona les cedió un contenedor marítimo en desuso para que lo restauraran y reconvirtieran en un trabajo y espacio innovadores con un propósito muy claro: dar a conocer a la ciudad qué es una Smart City. Y eso es exactamente lo que están haciendo desde el año pasado. Cuando llegó el contenedor los alumnos ya pudieron comprobar que tenían mucho trabajo por delante, ya que éste estaba descascarillado, añejo y oxidado.

El primer paso fue soldarlo y proporcionar puertas habituales, además de un espacio para una posible ventana. Debido al contacto con el agua marina, se tuvieron que reparar las goteras con silicona líquida y reconstruir el techo. Se han colocado vías para colocar revestimientos, ya que, como estaba en tan mal estado, no podían conservarlo, sino que debían revestirlo. Han puesto madera en el interior y pladur en el techo, «como una pequeña vivienda», dicen los organizadores. Cuenta también con instalación eléctrica y tendrá energía solar y videovigilancia. Tendrá asimismo material audiovisual, wi-fi, conexión con 4G y será montado a partir de módulos construidos cada uno en una sección diferente.

‘Una idea bonita’

Flor Biscayzacú pone aislamiento y corta las placas para que no pase la humedad, mientras declara que «la idea es bonita y bello de hacer para promocionar la Smart City». A Víctor de la Cruz le parece un proyecto «muy bien pensado y sobre todo para que la gente lo vea». «Hagan lo que hagan al final seguro que estará bien», dice Harumy Sánchez, quien se muestra agradecida de que se muestren sus trabajos. Ninguno de los estudiantes tiene un cargo fijo; todos ayudan y van aportando y aprendiendo los unos de los otros. La idea era aprovechar al máximo la base del contenedor, pero la parte trasera habrá que reemplazarla por su mal estado. El ciclo de energía y agua ya ha cumplido hace tiempo con su parte, con unas placas solares que se instalarán en el contenedor cuando esté del todo terminado, en junio.

Smart Cub será una «oficina itinerante, un espacio móvil para divulgar los proyectos de Smart City», explica David Hernando, coordinador de innovación del Pere Martell. Se ofrecerá a colegios para explicar qué es una Smart City y cómo funciona, y los estudiantes de artes gráficas ya están trabajando en ello. Primero hicieron unos diseños individuales, y después los pusieron en común para decidir el mejor y empezar a trabajar todos juntos en un mismo diseño.

Además, a partir de un texto enviado por el Ayuntamiento, han creado un cómic donde un niño y una niña pasean mientras uno le dice al otro qué es una ciudad inteligente, explican Pol de Haro y Eduard Gràcia. Los 5 integrantes del proyecto de artes gráficas no sólo ilustran el cómic, sino que también diseñan un logotipo personalizado y plafones para explicar el proyecto a un público más adulto. Además, a partir de una ilustración original del diseñador tarraconense Edu Polo, los estudiantes han «construido una ciudad» dentro de un móvil.

Para Chantal Carolina, integrante de artes gráficas, su máxima preocupación es «que se entienda nuestro esfuerzo, que se vea valorado y recompensado el trabajo que hay detrás. Hemos hecho un gran esfuerzo».

El presupuesto aproximado del proyecto es de unos 9.000 euros, coste que asumirán tanto por el patrocinio del Port de Tarragona como de la fundación Tarragona Smart City. «Pero todo se destina a material», asegura Hernando, ya que la mano de obra son los estudiantes del Pere Martell, quienes participan en el proyecto por placer y como aprendizaje en sus distintos ámbitos educativos.

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