De pescador a 'basurero del mar' en Tarragona

La presencia de residuos dificulta el trabajo diario de las embarcaciones del arrastre de la capital. Los marineros, hartos, separan el pescado de los desechos y reciclan 

Carla Pomerol

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Ramon, saliendo de la embarcación con dos bidones de metal que se encontró durante su jornada laboral.  FOTO: Alfredo González

Ramon, saliendo de la embarcación con dos bidones de metal que se encontró durante su jornada laboral. FOTO: Alfredo González

Son las cuatro de la tarde cuando las embarcaciones del arrastre de Tarragona llegan a puerto. Todas ellas llevan cajas o baúles llenos de residuos que se han encontrado en el mar durante su jornada laboral. La mayoría son plásticos, desde botellas, hasta bolsas o tapones.

Y así un día tras otro. Los pescadores están preocupados por el aumento de plásticos en su zona de capturas, ya que el colectivo sufre directamente las consecuencias. Desde el 2015, la Confraria de Pescadors de Tarragona participa en un proyecto de reciclaje, liderado por la organización Ecoembes, que se encarga de cuidar el medio ambiente a través del reciclaje.

Los pescadores vierten todos los desechos en los contenedores amarillos repartidos por los pantalanes del puerto. FOTO: Alfredo González

«Los pescadores hacen de basureros del mar. La cantidad de plástico encontrado en el mar ha aumentado en los últimos años y, si no tomamos consciencia, tendremos graves problemas. De una manera u otra, acabaremos comiéndonoslos», asegura Esteve Ortiz, presidente de la Confraria de Pescadors de Tarragona. Y lo cierto es que el colectivo está sensibilizado con la causa. 

Los pescadores se encargan de separar en la embarcación el plástico del pescado y, cuando llegan a tierra, tiran los residuos en los contenedores de color amarillo que hay repartidos por los pantalanes. Un trabajador de la Confraria es el responsable de reciclar. Cuando los recipientes están llenos, un camión de Ecoembes se lleva los residuos y convierte el plástico en prendas de ropa. 

Quim Rovira es pescador de la embarcación Avi Calero. Después de llevar a cabo la rutina diaria al llegar a puerto, se dirige al contenedor amarillo para tirar todos los residuos encontrados en el mar. Entre ellos hay botellas de plástico y de cristal, ramas de árboles, bolsas y latas de Coca-cola. «Todo esto viene del río», asegura Rovira, quien añade que «hace unos meses nos encontramos hasta una lavadora. Lo más sorprendente es que estaba nueva». 

Los plásticos y demás  residuos perjudican notablemente el trabajo de los pescadores. El método de arrastre consiste fundamentalmente en el empleo de una red lastrada que barre el fondo del mar, capturando todo lo que se encuentra a su paso. A menudo, los desechos se enredan en la red y la embozan. Este fenómeno dificulta la captura.

«Últimamente ha aumentado la cantidad de plásticos que encontramos y, en consecuencia, los pescadores estamos más concienciados», asegura Francesc Amigó, patrón de la embarcación Lo Calero. Ramon, uno de sus marineros, descargaba dos bidones de metal. «No entendemos cómo pueden llegar estos residuos hasta el mar», decía Ramon. 

Fermín Masdeu es pescador jubilado, pero casi cada día se acerca al muelle para ver llegar las embarcaciones. «Hace más de treinta años que yo ya recogía plásticos del mar. Parece que ahora es nuevo, y no es así», explica Masdeu. Misael Bosquet es uno de los carretilleros –maneja el toro que transporta las cajas de pescado–. «Es habitual encontrarse con la montaña de desechos en los barcos», comentaba Bosquet.

En el año 2018, la organización Ecoembes recogió en todo el Mediterráneo hasta 140 toneladas de residuos. En el proyecto participaron 2.500 pescadores, 500 embarcaciones y 37 puertos pesqueros. Entre ellos, la Confraria de Pescadors de Tarragona. 

¿De dónde vienen?

¿Pero cuál es el origen de estos residuos? ¿De dónde vienen? Según Òscar Saladié, director de la Càtedra DOW/URV de Desenvolupament Sostenible y profesor de Geografia de la URV, pueden ser tres las posibles procedencias. En primer lugar, materiales que se tiran a primera línea de la costa y que el viento o el agua los arrastra hasta el mar.

Otra opción es que los residuos se viertan en ríos, rieras y barrancos –donde no siempre hay agua–, y que la lluvia se los lleve mar adentro. Finalmente, la tercera posibilidad es que algunas embarcaciones, deportivas o de carácter comercial, arrojen objetos y materiales al mar. «Teniendo en cuenta que Tarragona es un puerto con un tráfico importante, no sería de extrañar», asegura Saladié. 

Lo que descarta el profesor de la universidad es que sean los pescadores los que tiren plásticos. «No sería lógico. Ellos saben que al día siguiente, se encontrarán con el residuo», apunta Saladié, quien opina que «no debemos ser alarmistas. Es un problema, sí, pero debemos dejar claro que el pescado que nos comemos no se ve afectado por los plásticos. Hay que estar tranquilos». 

La presencia de estos plásticos en el mar retrasa el trabajo de los pescadores. «Cuando suben la red, deben separar los residuos del pescado. Esto les hace perder tiempo, pero es una cuestión muy mecánica», comenta Saladié, quien añade que «esta basura acumulada puede afectar en el ciclo de vida de los peces». Otro elemento a destacar es la presencia de microplásticos. Algunas especies marinas pueden llegar a comérselos.

2/3 partes son plásticos

Son muchas las instituciones y entidades que trabajan para combatir la contaminación en el mar. En este caso, la URV, a través de un convenio con la Diputació de Tarragona, y la colaboración de la Federació de Confraries de Pescadors de Tarragona, está llevando a cabo un estudio para detectar la tipología de residuos.

Los pescadores del arrastre de algunos de los puertos pesqueros de la provincia se encargan de hacer un inventario con los hallazgos y su localización. En junio, se presentarán los resultados del estudio. Por el momento, Saladié avanza que dos terceras partes de los residuos que se encuentran en el mar son plásticos.

A modo de apunte, cabe destacar que en menos de un mes –en mayo–, los pescadores del arrastre iniciarán su parada biológica anual –también conocida como veda– de dos meses, para asegurar así la regeneración de las especies marinas en el mar tarraconense.

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