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De regreso casa, por los pelos

Algunos tarraconenses han podido regresar a sus hogares, aunque sin ayuda. La embajada era un mero «teléfono de la esperanza» 
 

P. Latorre / C. Valls

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Paola y sus amigas, de Salou, hicieron cola una semana en el aeropuerto de Costa Rica probando suerte para volver. FOTO: Cedida

Paola y sus amigas, de Salou, hicieron cola una semana en el aeropuerto de Costa Rica probando suerte para volver. FOTO: Cedida

«Si podéis iros hoy, no os los penséis». Esta fue la única ayuda que Manel Rodríguez y Noelia Dote, de Creixell, obtuvieron de la embajada española en Malasia. Llamaron asustados cuando en la prensa local de su hotel leyeron el cierre inminente del país. No les quedaba tiempo. «Volábamos después del cierre, por lo que no sabíamos que sería de nosotros», explica Manel. Nada bueno, teniendo en cuenta que el pasaporte español solo les llevaría a la calle. Los autóctonos no querían españoles. Intentaron que su aerolínea, Qatar Airways, les reubicara en otro vuelo, pero no fue así. «Tuvimos que cambiar los billetes por unos nuevos, con el consecuente coste que tiene volar el mismo día, y sin que la Embajada nos facilitara nada», señala Noelia. 

Iba a ser un viaje de ensueño en Costa Rica, pero Paola Coiduras y sus cuatro amigas –todas de Salou– cambiaron las playas paradisíacas por hacer cola durante una semana en el aeropuerto de San José. Les cancelaron su regreso y ni su aerolínea, ni la web de compra, ni la embajada les ofrecían alternativa. «Era frustrante como se pasaban la pelota entre ellos», se queja Coiduras. Finalmente, consiguieron que Iberia, la única compañía que aun operaba con España, les permitiera subir sin coste a un vuelo con cinco asientos libres. Sin embargo, delante suyo, recuerda Paola, «subieron cientos de europeos atrapados que querían regresar y solo podían hacerlo entrando por España». 

Sonia Cabello (Reus, 26) y su amiga Meritxell Soriano quedaron atrapadas en Dakar (Senegal) mientras realizaban un voluntariado. Cabello, graduada en inglés, fue a dar clases en Toucar, un poblado de la región de Fatick; Soriano ocupó el puesto de enfermera en el dispensario del hospital del lugar. «Ir a Senegal era una oportunidad y CC ONG Ayuda al Desarrollo me ayudó hacerlo realidad», recuerda. Y es que, de repente, la rutina en Senegal dio un vuelco. «Un día la ONG nos dijo que volviéramos, que iban a cerrar fronteras», dice. Pronto, los vuelos fueron cancelados. Al día siguiente fueron al consultado. Pasaron días de incertidumbre, hasta que recibieron una llamada de Iberia habilitando un vuelo excepcional. Habiendo regresado a casa, Sonia aún está procesando todo. «Espero que todo pase y poder completar mi proyecto», concluye.

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