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Debutantes que votan entre la emoción y la responsabilidad

Los jóvenes que han cumplido 18 años desde la última cita electoral –3.306 en la provincia de Tarragona– afrontan hoy su primera cita 
con las urnas con la sensación de que está en juego su futuro

ÁLEX SALDAÑA

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Núria Jiménez, Ane Saldaña, Jorge Moya y Ane Arzamendi, cuatro jóvenes que se estrenan hoy en las urnas. FOTO: Pere Ferré

Núria Jiménez, Ane Saldaña, Jorge Moya y Ane Arzamendi, cuatro jóvenes que se estrenan hoy en las urnas. FOTO: Pere Ferré

No sufrieron el franquismo, ni corrieron delante de los ‘grises’, ni presenciaron la Transición. Para ellos la democracia es un sistema que nunca estuvo en cuestión, pero saben lo que es vivir en tiempos convulsos. Estaban dando los primeros pasos en la escuela cuando el terrorismo islamista golpeó a España el 11 de marzo de 2004. Han padecido de cerca las consecuencias de la grave crisis económica de la que aún este país no se ha recuperado y han convivido con el conflicto que en los últimos años se ha apoderado de Catalunya. No conocen otro paisaje político que el de la confrontación y el bloqueo que explican que hoy celebremos las cuartas elecciones generales en cuatro años, unos comicios extraordinarios que hacen de ellos los votantes inesperados.

Son los 226.771 jóvenes en España, de ellos 3.306 en la provincia de Tarragona –en la demarcación están llamados a la cita con las urnas 574.857 personas–, que podrán votar hoy por primera vez, al haber cumplido 18 años desde las últimas elecciones generales, celebradas el 28 de abril de este mismo año. Frente a los estereotipos que les tildan de poco conocedores de la actualidad, la realidad es que la mayor parte de estos jóvenes vive con una mezcla de emoción, ilusión y responsabilidad sus primeras elecciones, conscientes de que votar es un paso importante para construir su futuro.

De hecho, causas como el feminismo, la inmigración y el cambio climático se hallan entre los temas que más les preocupan. Son jóvenes que se informan sobre todo a través de las nuevas tecnologías y las redes sociales, aunque aseguran que también consumen algunos medios de comunicación tradicionales, y que piden a los políticos cambios reales que garanticen un futuro en condiciones a su generación y a las que vienen detrás.

El Diari ha hablado con cuatro de estos jóvenes, que representan a toda una generación y que nos cuentan cómo se sienten al votar por primera vez, cuáles son sus principales preocupaciones y cómo valoran el panorama político que les ha tocado vivir. Se expresan con solidez y justifican cada una de las palabras que dicen. Están informados y muy convencidos de lo que les gustaría que pase y lo que no. Todos ellos tienen conciencia de género, sentido democrático, preocupación por la situación económica y también social. Coinciden en que los gobiernos tienen que gobernar para todos, que no debería haber excluidos.

Ane Arzamendi

Cumplió 18 años el 24 de septiembre y estudia Educación infantil en la URV. Le hace ilusión votar, «pues antes sentía que me quejaba pero no podía hacer nada por cambiar las cosas, y sin embargo ahora tengo en mis manos la posibilidad de elegir». Le interesa «muchísimo» la política y, de hecho, asegura que ha visto todos los debates, además de seguir a los candidatos y a los partidos a través de las redes sociales. «Me interesa ver lo que dicen todos para así tener razones por las que votar a uno o a otro, me gusta estar informada». Irá a votar, aunque confiesa que «tenía bastante claro en quién depositar mi confianza, pero después de los debates estoy más confusa, porque he visto que me gustan las ideas de algún partido, pero no la gente que lo representa».

En cuanto a los temas que le interesan, destaca «las pensiones y cómo se afronta el problema de Catalunya, aunque también hay otros temas muy importantes, como la inmigración, de la que me gustaría que se hablara más. En general, creo que los bloques en los que están divididos los debates son muy acertados».

Cuando le preguntamos qué pediría al nuevo gobierno, responde «que ponga unas bases sólidas y a partir de allí ir construyendo, no poner parches de forma improvisada ni prometer lo que no van a ser capaces de cumplir».

Sobre los jóvenes de su generación, dice que «hay un poco de todo, gente interesadísima y gente que pasa. En mi entorno hay mucho joven que llega muy influenciado de casa, que sólo siguen a los que piensan como ellos, lo que refuerza su ideología, pero se pierden lo que dicen los demás, no escuchan argumentos diferentes a los suyos, y eso no les enriquece. También hay mucha gente que piensa que todo es horrible, que la política es horrible, que los políticos son horribles, y que dicen que no votarán porque no sirve de nada».

Jorge Moya

Cumplió 18 años el 15 de octubre y en enero se irá a Australia, donde realizará un curso de seis meses de Economía en inglés. Poder votar es para él «algo muy importante, pues siento que por fin puedo aportar algo, puedo decidir y expresar quién quiero que esté los próximos cuatro años gobernando, pues hasta ahora sólo lo sufría sin tener la posibilidad de contribuir a su elección». Así que Jorge también votará, «aunque todavía no tengo decidido a quién hacerlo; tomaré la decisión a última hora». Y es que le cuesta ver una solución al bloqueo en el que se halla sumido el panorama político y «no sé quién puede solucionar esto mejor».

Jorge admite que la política no le interesa demasiado durante el resto del año, «me informo más o menos», dice, pero a renglón seguido añade que, sin embargo, lo hace con mayor profundidad cuando llegan las elecciones. «Sobre todo en esta ocasión, en que ya puedo votar», dice.

En cuanto a los temas que le interesan, destaca «el cambio climático y la situación de Catalunya, ver qué arreglo tiene», aunque él no es muy optimista y considera que «la solución es muy difícil y complicada». De hecho, es una de las cosas que pediría al nuevo gobierno, al que también exige «tener una economía estable, ahora que dicen que vamos a una nueva crisis».

Tiene fe en su generación. Cree que «la juventud está comprometida e implicada» y asegura que «los jóvenes son los que pueden mover la sociedad».

Núria Jiménez

Cumplió 18 años el 21 de septiembre y estudia Comunicación Audiovisual en la UAB, en Barcelona. Siente que poder votar «es un marrón, porque no me siento representada por el panorama político y los líderes de los principales partidos». Sin embargo, irá a votar, aunque no lo hará por ninguna de las formaciones tradicionales. «Sé que dicen que ellos son el llamado voto útil, pero yo no lo veo así, votaré al Pacma. En parte, como castigo a los demás, pero en parte también porque me siento muy identificada con el ecologismo y el animalismo. Me leo los programas de los partidos y veo que falta bastante sobre este asunto».

Sigue la política y es consciente de que «lo que ocurra en las elecciones condicionará mi futuro. Sigo los debates y me informo a través de las redes sociales. Además, me gusta leer las noticias de varios periódicos diferentes para tener una visión más amplia y menos sesgada».

En cuanto a los temas que más le interesan, destaca, «por supuesto, el feminismo y el respeto al colectivo LGTB». Lamenta que «la campaña se ha centrado demasiado en la situación de Catalunya, cuando hay temas mucho más importantes y que nos afectan más», y cita «la crisis de los refugiados y la inmigración y la calidad de vida de las personas. Por ejemplo, he leído que en Francia las universidades son más baratas que aquí, donde hay mucha gente que no puede estudiar porque no le llega el dinero para ello».

«Al nuevo gobierno le pediría que haga más caso a la gente y que se ponga a solucionar sus problemas reales», dice.

A la hora de evaluar a su generación, siente que «hay dos extremos, desde la gente que está superdesencantada y que no irá a votar porque cree que no sirve para nada, hasta gente muy interesada, a veces con ideas extremas, por las dos partes».

Ane Saldaña

Cumplió 18 años el 24 de agosto y estudia Infografía 3D en Reus. «En otras circunstancias, me haría mucha ilusión poder votar para tener algo que decir sobre quién gobierna el país donde vivo, y sé que mi voto es importante porque, aunque sea mínimamente, influye, pero la verdad es que me siento bastante decepcionada con el actual panorama político. Es por eso que, más que ilusión, lo que tengo es un sentimiento de responsabilidad». Ane tiene decidido el sentido de su voto desde hace días. «Lo haré a uno de los principales partidos, pero no porque me sienta representada por él –de hecho, ninguno me convence–, sino porque, tal como está la cosa, mi prioridad es evitar que gane la extrema derecha, cuyo discurso me parece muy peligroso, y siento que debo hacer todo lo que esté en mi mano para impedir su avance. Será, por tanto, un voto útil».

Ane también sigue de cerca la información política y dice que entre los temas que más le quitan el sueño ocupan un lugar prioritario «el cambio climático, que ya nos está afectando y que nos afectará más en un futuro cercano si no hacemos nada por evitarlo; el feminismo, la lucha por los derechos del colectivo LGTB, la inmigración y las pensiones». Por eso, espera del nuevo gobierno «más ayudas y facilidades para potenciar las energías renovables; una mayor concienciación para elaborar leyes que frenen la violencia de género y eviten sentencias como las de las manadas de Pamplona y Manresa, y facilitar el acceso universal a la educación y la sanidad públicas y de calidad en lugar de privatizarlas».

Ane considera que entre los jóvenes de su edad «hay de todo, gente más pasota y otros que están muy involucrados y comprometidos». Y lamenta la existencia de «grupos cerrados que se retroalimentan entre ellos en las redes sociales oyendo solo discursos acordes con su ideología que les radicalizan todavía más. Es una pena que no escuchen otras ideas diferentes que les pueden enriquecer y ayudar a ver las cosas desde otras perspectivas».

Así son los jóvenes que hoy se estrenan en las urnas de forma inesperada, por la repetición de las elecciones. No tienen experiencia, pero saben muy bien lo que quieren. Los cuatro que han hablado con el Diari tienen la sensación de que está en juego el futuro del país. Es decir, su futuro.

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