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Dejar el uniforme para ser solidarios lejos de casa

Cuatro Mossos d'Esquadra explican su experiencia sobre su participación en una carrera en la India para recaudar fondos para la Fundación Vicente Ferrer

Àngel Juanpere

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Hay dos carreras: la general y la que se corre con niños con alguna discapacidad. FOTO: Cedida

Hay dos carreras: la general y la que se corre con niños con alguna discapacidad. FOTO: Cedida

Llegaron tan impresionados de lo que habían visto sobre el terreno que no dudan en que repetirán la experiencia. Albert, Miquel, Robert y Joan Anton son cuatro agentes de los Mossos d’Esquadra de la comisaría de Tarragona que han participado –junto con siete tarraconenses más– en la cuarta edición de la Anantapur Ultramarathon, una carrera solidaria que cada año tiene lugar en la India para recaudar fondos para la Fundación Vicente Ferrer, que trabaja para los más desfavorecidos de los estados de Andhra Pradesh y Telangana. 

Esta carrera comenzó a disputar hace cuatro años y fue una iniciativa de un ciudadano canario. Se puso como objetivo que por cada persona que apadrinara un niño correría un kilómetro. Hizo unos 150 kilómetros el sólo. 

En aquella época, la mitad de los voluntarios que tenía la fundación eran catalanes, entre ellos un tarraconense, Lluís Pastrana, mano derecha de Vicente Ferrer. Pero tenían un importante problema: la comida. Los voluntarios no aguantaban mucho el tipo de alimentos que se cocinaba, principalmente el picante, y se iban. El objetivo era conseguir un panadero que enseñara a hacer pasta, pan y pizza. Y Pastrana contactó con el tarraconense Pere Flaqué, quien se desplazó a la India. Durante las dos semanas que estuvo en aquel país les enseñó a cocinar dichos elementos, lo que supuso un cambio radical en el voluntariado. Y desde entonces, Flaqué también ha participado en todas las carreras, excepto la de este año, a la que no pudo acudir por problemas personales. 

Los cuatro agentes de los Mossos d’Esquadra con niños que participaron en una de las carreras. FOTO: Cedida

La idea de la carrera tuvo tanto éxito que al año siguiente se abrió a los ciudadanos en general, que hacían el mismo trayecto pero en relevos de cuatro. Se apuntaron veinte equipos, se hicieron 340 apadrinamientos y se recaudaron 25.000 euros. El tercer año, en 2018, las cifras fueron aumentando, hasta alcanzar la treintena de equipos y los 140.000 euros. 

Cena anual
El Club Esportiu l’Esquadra realiza cada año una cena en las instalaciones del empresario Flaqué, cuya recaudación se da a una entidad benéfica. Y de ahí salió la idea de participar en la carrera. El año pasado, Miquel ya la hizo, pero la infantil, «corres con niños discapacitados –sordos, mudos o con visión nula o reducida– de la fundación dentro de las instalaciones deportivas de la entidad. Son dos vueltas por kilómetro».
La experiencia fue tan gratificante que a su llegada a Tarragona Miquel consiguió convencer a sus compañeros de uniforme para formar un equipo y participar en la siguiente edición. Y así lo hicieron el pasado mes de enero. Los cuatro tomaron rumbo a la India. En total eran 142 corredores, la mayoría españoles, pero también de Canarias, una australiana y una familia irlandesa. 

Cada año, el dinero conseguido se destina a la reconstrucción de poblados de gente que vive en el ámbito rural de la India profunda, en la zona de Andhra Pradesh, uno de los 29 estados del país, situado al sur. Las casas que se construyen se registran a nombre de las mujeres o de los hijos con discapacidad para evitar que los esposos y hombres marginen a estos sectores. 

Después de unos días de tomar contacto con la zona y los poblados, uno de los primeros actos públicos que efectúan los participantes de la Anantapur Ultramarathon es la inauguración de la colonia de viviendas construidas en el último año con el dinero recaudado en la competición anterior. En esta edición fueron 36 viviendas, cada una con su letrina, su agua corriente y electricidad, un lujo en aquel país y más en la zona donde se encuentran. Para la inauguración de cada una hay un ritual a seguir: partir dos cocos, ofrecer a Dios dos veces y plantar un árbol delante, además de cortar la cinta. 

Los cuatro agentes de los Mossos d’Esquadra con niños que participaron en una de las carreras. FOTO: Cedida

Y llega la carrera
Y llegó el día de la carrera. Comienza a las cinco de la tarde en el poblado donde se van a construir las viviendas con el dinero recaudado en esta edición –la inscripción cuesta 200 euros–. Eran 42 equipos –de cuatro personas cada uno para hacer los relevos– que tenían por delante 170 kilómetros a través del desierto. Se elige esta franja horaria por el fuerte calor que hay en la zona. El recorrido termina sobre la una de la tarde del día siguiente. Pero los corredores no están solos. Tienen el apoyo de una caravana de más de 25 vehículos. «La carrera en sí no es dura. Pero vas corriendo toda la noche y no descansas. Eso sí desgasta. El último relevo de día se hace a más de 30 grados», comentan los mossos. Y la meta está siempre en el poblado donde está la tumba de Vicente Ferrer, en Anantapur. 

Durante la carrera, los participantes pasan por los poblados de la fundación. «Todos los habitantes, fuera la hora que fuera, incluso de noche, estaban de pie. Era una fiesta mayor, una baile de batucada», comentan, «y si no parábamos, estaban allí para darte la mano». A muchos de estos poblados no llega la mano del gobierno del país, «son pueblos tribales, no hay ayuntamientos».
Durante el recorrido, los mossos fueron repartiendo 1.500 bolígrafos por los diferentes poblados. «Los niños cogían sólo uno y los dejaban en la escuela para poderlos compartir», recalcan los agentes, algo impensable en nuestra sociedad. 

Con los 150.000 euros conseguidos este año –la cifra todavía es provisional– se van a construir 45 casas, que serán inauguradas en la maratón del próximo año y que llevarán el nombre de ‘Tarragona’.

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