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Del hospital al laboratorio

Puede que sus caras les suenen, que les hayan atendido alguna vez, lo que no saben es que estos médicos, además, investigan
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Cristóbal Richart en el Servicio de Medicina Interna del Hospital, donde es consultor senior. Foto: Pere Ferré

Cristóbal Richart en el Servicio de Medicina Interna del Hospital, donde es consultor senior. Foto: Pere Ferré

Tal vez no lo sepa, pero si es paciente del Hospital Joan XXIIIes probable que alguno de los profesionales, especialmente médicos, que le ha atendido alguna vez tenga una especie de doble vida profesional. Y es que 190 especialistas del centro, además de su labor asistencial, son también investigadores.

Eso sí, cuando se habla de investigador hay que dejar de lado la idea del imaginario popular que muestra a un hombre solitario, pegado durante horas a un microscopio. Nada más lejos de la realidad...

Oriol Solà Morales, director del Institut d’Investigació Sanitaria Pere Virlgili de Tarragona, donde estos médicos realizan su trabajo, acaba con la primera de esas ideas románticas: la mayor parte de la investigación hoy «no se hace delante de un microscopio, sino frente a un ordenador».

Y sigue desmontando mitos: de investigar en solitario nada de nada, aquí se trabaja en grupos y, mientras más interacciones con otros profesionales en España o el extranjero, mejor. De hecho, la mitad de la treintena de grupos que aquí tienen su sede lo hacen en colaboración con centros internacionales, «aunque nuestra labor es empujarlos para que sean todos», explica.

El instituto que dirige Solà está formado por unas 400 personas, entre investigadores responsables y colaboradores, personal en formación y técnicos de soporte. El instituto contrata directamente a 48, la mayoría licenciados y doctores en biología con distintas especialidades.

Además del Joan XXIII,hay vinculado personal de atención primaria del Camp de Tarragona, Reus y Terres de l’Ebre, el Hospital de Tortosa Verge de la Cinta, el Hospital Universitari Sant Joan de Reus, el Grup Pere Mata y la URV.

Las cuatro grandes líneas en que trabajan son: nutrición y metabolismo, neurociencias y salud mental, salud y medio ambiente y oncología y hematología.

No obstante, las investigaciones son de lo más diversas, no se trata sólo de estar horas delante de un microscopio observando una célula, aclara Solà, sino también, por ejemplo, de buscar cómo mejorar la atención que se da a los pacientes en un determinado servicio.

 

La financiación, el reto

Cómo no, en tiempos tan duros para la ciencia, la financiación es el gran dolor de cabeza. Solé reconoce que en los últimos años les ha tocado hacer frente a dos realidades ‘hirientes’: la primera es que en los últimos tiempos el instituto ha tenido que desprenderse de personal estructural para poder garantizar su continuidad, con la consecuente bajada en la producción científica. La segunda es que algunos investigadores han optado por emigrar a otros sitos «donde el sol brillaba más», como Alemania, Suiza o Estados Unidos.

No obstante, Solà reconoce que, en lo que se refiere a la aportación de la Generalitat, los recortes en investigación han sido menores de los que se han producido en el campo asistencial. Ha habido cierta «protección», considera, a la par que cuenta que, a diferencia de lo que ha sucedido en Valencia o Madrid, aquí no ha habido que cerrar de manera fulminante líneas de investigación.

Hay que tener en cuenta que el instituto funciona como plataforma y paraguas, pero los grupos se encargan de buscar, por sí mismos, financiación para sus proyectos, especialmente proveniente de las entidades públicas que dan dinero para la investigación, unos dineros que, como era de esperarse, son cada vez más competidos.

Tanto Solà como algunos de los profesionales entrevistados coinciden en que el investigador que dirige un grupo se convierte en una especie de pequeño empresario que se encarga de buscar financiación, administrar personal, comprar material...

Los resultados, medidos en producción científica, son más que positivos; en todas las comparaciones el instituto queda por encima de donde se supone debería estar en función de su tamaño. «Nuestros investigadores hacen un esfuerzo por encima de la media», explica. Ahora el reto es participar en proyectos europeos en los que Tarragona tendrá su peso específico al nivel de ciudades como Milán, París o Munich.

 

Mejor para el paciente

¿Y qué gana el paciente que es atendido por un médico que investiga?Todos los consultados aseguran que hay más de una ganancia. «El médico que investiga siempre tiene prurito por mejorar», resume una de las doctoras. Solà, por su parte, recuerda que el investigador es, en esencia, curioso, por lo que necesita estar al día en las distintas prácticas que surgen en su disciplina tanto nacionales como internacionales y es más proclive a usarlas en sus pacientes. «Esto nos ayuda a a asegurarnos que no estamos prestando la misma asistencia que hace 50 años», explica.

Finalmente, cree que todos los sectores, no sólo el sanitario, en la sociedad que viene tendrán que incorporar la investigación, el I+D en su ADN. Asegura, además, que es un buen negocio, porque por cada euro que se invierte en investigación en salud se obtienen tres de retorno.

 

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