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Denuncian la presencia de ‘gorrillas’ en las playas de Tarragona

Se trata de jóvenes que indican a los bañistas donde aparcar el coche  a cambio de recibir una propina

Carla Pomerol

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Uno de los testigos hizo esta foto de uno de los ‘gorrillas’ indicándole donde aparcar el vehículo.

Uno de los testigos hizo esta foto de uno de los ‘gorrillas’ indicándole donde aparcar el vehículo.

Llegar a la playa con el coche. Buscar aparcamiento. Un chico amable y joven indica a los bañistas donde aparcar. Los conductores agradecidos. Al bajar del coche, los jóvenes piden dinero a cambio de su amabilidad. Son llamados gorrillas o aparcacoches. «Si no les das algo de propina, te rallan el coche o te rompen un espejo. Esto lo he visto yo con mis propios ojos», asegura Juan Antonio Rodríguez, un ciclista que pasea por la ciudad

Hasta ahora, era sabido que los gorrillas actuaban en el aparcamiento del Hospital Joan XXIII. Normalmente trabajan en lugares amplios donde casi siempre las plazas están llenas. Pero desde el inicio del verano, los bañistas aseguran que se han instalado en los parkings de las playas, sobretodo debajo de la plataforma del Miracle, espacio donde aparcan los coches para ir a la playa. Hay testigos que aseguran que también hay en la playa de la Arrabassada, en la Savinosa y en la Larga.

Se trata de jóvenes disfrazados de bañistas. Llevan puesto el bañador, chanclas y una toalla colgada en el cuello. Simulan que acaban de dejar el coche para ir a la playa. Pero en realidad, extorsionan a los bañistas que van llegando, pidiéndoles dinero a cambio de simpatía.

Modesto Pallejà, un vecino de Torreforta, y sus amigos, vivieron de primera mano esta situación. «Llegamos a la playa del Miracle y enseguida dos jóvenes nos indicaron donde teníamos que aparcar. Entonces me di cuenta de que se trataba. De una manera muy educada, nos pidieron propina, pero nosotros no caemos en la trampa», explica Pallejà, quien añade que «nos arriesgamos a encontrarnos algún espejo roto o el coche rallado». 

Por su parte, la Guàrdia Urbana asegura no tener constancia de esta situación ni de haber recibido ninguna denuncia formal sobre el tema. Juan Antonio Rodríguez, un ciclista que se pasea por las playas, asegura que «cuando la policía llega, los gorrillas se dirigen a la playa y, como van vestidos de bañistas, nadie sospecha. La Guàrdia Urbana debería ir de paisano y sin el vehículo policial, así les pillarían infraganti». 

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