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Describen la dieta del oso de Dmanisi de dos millones de años

Un estudio liderado por el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (iphes) aclara las características de la especie ‘Ursus etruscus’, antecesora de los osos de las cavernas

Sílvia Fornós

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Paladar de ‘Ursus etruscus’ de Dmanisi. FOTO: B. Martínez-Navarro

Paladar de ‘Ursus etruscus’ de Dmanisi. FOTO: B. Martínez-Navarro

«El yacimiento de Dmanisi es extraordinario e interesante en muchos aspectos». Con estas palabras Bienvenido Martínez-Navarro, profesor de investigación del ICREA, adscrito al Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social y a la URV, se refiere a la importancia del yacimiento, datado en 1,8 millones de años y que se sitúa en la república de Georgia, en el Cáucaso, entre el mar Negro y el mar Caspio. «Es donde se hallan los restos humanos más antiguos encontrados fuera de África», explica el investigador. 

Imagen de una excavación reciente en el yacimiento de Dmanisi. FOTO: B. Martínez-Navarro

Ahora, un reciente estudio aporta nuevos datos sobre los osos que habitaron en Dmanisi y que ha sido liderado por investigadores del IPHES y del área de Prehistoria de la Universitat Rovira i Virgili: Tsegai Medin, Bienvenido Martínez-Navarro y Florent Rivals, quienes han contado con la participación de científicos de la Universidad de Málaga, del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont y del Museo Nacional de Georgia.

El equipo ha llevado a cabo la clasificación de los restos (taxonomía) de la población de osos que habitaron en el yacimiento paleoantropológico del Pleistoceno inferior de Dmanisi y han descrito su dieta. «Lo que hemos aportado en este artículo, publicado en la revista Scientific Reports, corresponde a la especie Ursus etruscus que fue descrita en Italia por el paleontólogo francés Georges Cuvier, hace casi dos siglos», explica Bienvenido Martínez-Navarro.

Bienvenido Martínez-Navarro 

Los dientes de oso de Dmanisi muestran una amplia variabilidad de talla. Por ello, su adscripción sistemática se ha cuestionado a lo largo del tiempo. De hecho, en 1995, el profesor Abesalom Vekua consideró que había dos especies diferentes, a las cuales nombró Ursus etruscus y Ursus sp. En Dmanisi se conserva una colección de restos paleontológicos, con una diversidad de especies de mamíferos existentes muy espectacular. Según cifra Bienvenido Martínez-Navarro «hay un registro de más de 40 especies de mamíferos». 

En la reciente investigación se ha combinado el estudio anatómico con los datos métricos y con técnicas de microdesgaste dental que han permitido comparar el oso de Dmanisi con otros osos fósiles y actuales. Los ejemplares muestran una variabilidad anatómica muy similar, de manera que la diferencia de tamaño se debe a un dimorfismo sexual.

Tsegai Medin

«La especie Ursus etruscus tiene un alto dimorfismo sexual, es decir, las hembras y los machos tienen una diferencia de tamaño bastante acusada», explica el investigador. Por otro lado, el análisis del microdesgaste dental de los osos de Dmanisi informa que habitaban en ambientes mixtos, en canteras y bosques abiertos, donde se alimentaban de frutos y hojas de árboles, completando su dieta con carne y peces. Asimismo, el análisis morfométrico comparativo de este oso fósil con los osos modernos confirma que la especie de Dmanisi tenía una alimentación omnívora, similar a la del oso pardo actual, Ursus arctos.

Se constatan las interacciones ecológicas de este oso fósil con otros elementos de la fauna, incluyendo los primeros homininos que se dispersaron fuera de África. Sobre este aspecto, el investigador destaca que «el grado de competencia con los homininos por la alimentación es, probablemente, menos acusado de lo que parece porque cuando los homininos tenían menos acceso a determinados alimentos, durante los meses invernales, los osos no eran competencia porque estaban hibernando.

Entonces es cuando los homininos comían más cantidad de carne, grasas animales y frutos secos como bellotas, almendras, etc.». Mientras, la investigación concluye que los cerdos, al mantenerse activos durante la estación invernal, sí que mantendrían un mayor grado de competencia con los homininos lo que pudo contribuir a su desaparición en Europa poco después, no apareciendo de nuevo en los ecosistemas del continente hasta medio millón de años más tarde, a finales del Pleistoceno inferior, en torno a 1,2 millones de años.

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