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Dios y el diablo

Diario de campaña. Albiol sigue a lo suyo. Llama Dios a los unionistas y Diablo al soberanismo. Los bloques siguen bloqueando. Puigdemont dice que regresará a Catalunya si gana para ser investido

Raúl Cosano

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El candidato del PP a la Generalitat, Xavier García Albiol, en rueda de prensa. Foto: EFE

El candidato del PP a la Generalitat, Xavier García Albiol, en rueda de prensa. Foto: EFE

Por si a alguien le quedaba alguna duda de que estas elecciones son de otro planeta: Puigdemont está dispuesto a ir a la cárcel si es investido en el Parlament. Si gana el 21-D, correrá el riesgo de que pasada la frontera de La Junquera le detengan, pero vendrá para ser president. «A lo mejor vale la pena. Pesarán más los votos que las esposas», dijo ayer. ERC, sin embargo, insiste en que Junqueras será el jefe de la Generalitat si son la fuerza más votada y esgrime un informe jurídico que permite su investidura aun estando en prisión. 

Menos mal que nos ahorramos el titular de ‘El Mundo Today’ de hace unos días: ‘Si Junqueras gana las elecciones, todos los catalanes deberán entrar en prisión para poder ser gobernados’. Y así avanza la campaña. A la incertidumbre del resultado –y la compleja gobernabilidad– se añade lo que pasará con los candidatos.

Quien no defrauda nunca es García Albiol, presidenciable del PP. Ayer instó a Miquel Iceta (PSC) a decidir si está con Dios  –los partidos constitucionalistas– o con el diablo –el independentismo, se entiende–. Lo hizo cuando se le preguntó por el apoyo del PSC en Girona a cambiar el nombre de la plaza de la Constitución por 1 de octubre. «Han engañado de forma descarada a la población –siguió Albiol–. Si desde hace año y medio sabían que era imposible la vía unilateral, ¿por qué han llevado a la sociedad catalana a esta fractura? He aquí el gran error de los últimos meses, que podría prolongarse más allá del 21-D y enquistarse definitivamente, galopando sobre el lenguaje bélico   –será por las maniobras de estos días– que también hemos adoptado los medios: hablamos de bandos, de frentes, de bloques que al fin y al cabo hacen eso, bloquear.

También los socialistas pidieron a Rivera, de Cs, que deje de intoxicar y se centre en proponer. Y la escalada no se detiene. ¿Creían que la campaña no se iba a encabronar y a crispar como de costumbre, más aún viniendo de donde venimos? Por si alguien pensaba que una entente PSC-Cs iba a ser cosa de niños, ayer Jaume Collboni dijo que Ciutadans no tiene ni un alcalde ni «puñetera idea de gobernar». Esa es la unión del 155. Mientras, el PP sigue echando gasolina al fuego y hablando de «golpe de estado».

Las acusaciones de Iceta
Hasta los que se erigen en adalides de la mesura acaban excediéndose. Iceta acusó a Puigdemont de haber «abierto la puerta a la violencia verbal y quién sabe si a la otra» y terminó vinculando los tuits homófobos contra él con el clima generado por el Procés. No hay que extrañarse. Es de prever que a medida en que se agote la campaña el verbo se tense. 

Todo parece una salida hacia adelante. A la que alguien cede, renuncia –a la unilateralidad, por ejemplo– o levanta el pie del acelerador y ve tambalearse parte de su electorado, vuelve al redil de su discurso, a su zona de confort dialéctica. En este camino hay expresiones y palabras que han perdido ya su significado y que se repiten como una cháchara o un mantra. Le pasa al PSC con su promesa de reforma constitucional, lejana, y su propuesta federalista, todavía una entelequia. 

También Catalunya En Comú-Podem, que intenta mantenerse en el sutil equilibrio entre la crítica a la DUI y al 155, parece haber perdido el referéndum como rumbo. Xavier Domènech, su candidato, propone un viraje a la agenda social. Ayer rechazó que haya nuevas imputaciones en torno a la organización del 1-O. «Sería una buena noticia para esta campaña que nos acerquemos a una situación de mayor normalidad democrática y eso implica hacer política y no intentar resolver los problemas por la vía penal, como pretenden algunos partidos», apuntó Domènech. 

Con algunos mensajes, además, pasa como con la infidelidad: ya no sabes si volver a confiar. Otro ejemplo en esa línea. Ayer se supo que Oriol Junqueras decía en 2016 que un referéndum unilateral no tenía sentido, lo que ahonda en aquella impresión de hace semanas del Govern en la que admitía que no estaba preparado para la independencia.  

A ERC la campaña se le hace larga y a Junts per Catalunya, corta. La situación tiene aires extraños, sabor a cierta distopía. Por si quedaba alguien que creía que iba a ser una campaña normal, van y ordenan embargar a Artur Mas. 

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