Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

‘Dirigí el Hotel Imperial Tarraco 21 años, pero dejé de ir por pena’

Entrevista a Durish Fontana, primer director del Hotel Imperial Tarraco

Octavi Saumell

Whatsapp
Durish Fontana, ayer sábado, frente al Hotel Imperial Tarraco, que dirigió entre  la apertura de julio de 1963 y el año 1984. Foto:  Lluís Milián

Durish Fontana, ayer sábado, frente al Hotel Imperial Tarraco, que dirigió entre la apertura de julio de 1963 y el año 1984. Foto: Lluís Milián

Durish Fontana (Flims, 1930) fue el primer director del Hotel Imperial Tarraco, que hace pocos días cerró sus puertas para someterse a una profunda remodelación durante 18 meses de obras.  Este suizo de nacimiento y tarraconense de adopción ejerció el cargo durante más de dos décadas: desde la apertura del emblemático establecimiento en julio de 1963 hasta el año 1984. Una vez finalizada esta larga etapa decidió quedarse a vivir a la ciudad de Tarragona, donde actualmente aún permanece. 

– ¿Cómo llegó un suizo a ser el primer director del Hotel Imperial Tarraco?
– Mi primer contacto con España fue en 1957 para inaugurar un hotel de cinco estrellas en Suiza, que contaba con un restaurante español. Vine a Barcelona para conocer la gastronomía española, ya que no conocía absolutamente nada.  

– ¿Y volvió a Suiza?
– El terreno donde iba el hotel estaba considerado como zona verde, y no lo dejaron construir. Al final me quedé en Barcelona para dirigir el Hotel Arycasa. Esto ya fue en el año 1959.  

– ¿Y se asentó en Catalunya?
– Durante un tiempo. Entonces conocí a Agustín Pujol, que era vicepresidente del Comité de Árbitros de la UEFA y que venía a menudo a tomar algo. Estando en Barcelona un día vino un representante de la Panamerica Airways, una empresa que contaba con la Intercontinental Hotel Corporation y me enviaron a New York. 

– ¿Estuvo mucho tiempo?
– Nos pusimos de acuerdo y estuve tres meses en los Estados Unidos. Desde allí me tocó ir a Bogotá (Colombia), al hotel Tequemdama, que tenía dos mil plazas. 

– Era un hotel monstruoso. 
– Fue una época dura. En 1961 tuve que enfrentarme al personal porque los gastos estaban disparados. Al final decidí volver a Barcelona.  

‘Lo mejor sería derribar el edificio y volverlo a construir. Necesita una gran remodelación’

– ¿Y de allí a Tarragona?
– Sí, pero desde la Intercontinental primero me dijeron que tenía que ir a Yakarta. Desde el consulado, sin embargo, me dijeron que ir con la familia era peligroso, por lo que Agustín Pujol me propuso venir al Hotel Imperial Tarraco, que en ese momento se estaba construyendo. 

– ¿Qué referencias le dieron de esta hotel?
– Ninguna, porque estaba en construcción. Sólo sabía que el proyecto era ambicioso y que sería un espacio importante para la ciudad. 

– ¿Usted conocía Tarragona antes de venir a trabajar aquí?
– Había pasado alguna vez por aquí, pero no conocía absolutamente nada. Sólo sabía que estaba a cien kilómetros de Barcelona. 

– ¿Qué fue lo primero que pensó cuando vino?
– Que el hotel merecía la pena. Entonces, yo cobraba en dólares, pero mi gran relación con Agustín Pujol fue la clave para que me decidiera a venir. 

Durish Fontana, el pasado viernes, durante la entrevista que concedió al ‘Diari de Tarragona’ en su domicilio de la ciudad. Foto: Lluís Milián

– ¿Cómo le convenció para dar el paso?
– Me trajo a Tarragona. Cuando vi lo que se estaba construyendo pensé que era la bomba. Me quedé impresionado. Ese mismo día firmamos el contrato. 

– Pero aún faltaba tiempo para inaugurar.
– Sí, pero vine aquí a vivir, en febrero de 1963, para empezar a organizar la plantilla y la puesta en marcha. Al principio nos instalamos en el Hotel Europa, de la Rambla. 

– ¿Cuál fue su primera impresión de la ciudad?
– Que era mucho hotel para Tarragona, que era una ciudad muy bonita y con proyectos.

– La situación del hotel era única. 
– Sí, impresionante e indescriptible. 

‘Las vistas desde la suite son únicas, de las mejores de Europa. La gente se quedaba impresionada’

– ¿Es de las mejores que ha visto en su carrera?
– Sin lugar a dudas, la más bonita. 

– ¿Cómo recuerda la inauguración de julio de 1963?
– Apoteósica. Vinieron todas las autoridades. 

– ¿Notaba que la ciudadanía tenía ganas de que abriera el negocio?
– Sí. La gente ya veía que sería un gran espacio. De hecho, teníamos un cliente muy importante, como era un médico de la Nasa, Juan Oró. Era una eminencia. Siempre decía que lo más bonito que había visto en su vida era el amanecer desde la suite del Hotel Imperial Tarraco con vistas al mar. 

– ¿Qué más personajes vinieron al hotel?
– Los Reyes Juan Carlos y Sofía con la familia. También vino en varias ocasiones Franco. 

– ¿Se quedó a dormir?
– No, pero vino varias veces a actos. Su familia sí que se quedó, como varios ministros de esa época, como Manuel Fraga. También vino el general argentino Perón.  

– ¿Estuvo en Tarragona?
– Sí, de hecho estuvo tres semanas. Como el hermano del marido de la Reina de Inglaterra. Era fotógrafo de empresas.  


‘Por el Hotel han pasado personajes como el argentino Perón, Franco o Julio Iglesias, que hasta tuvo un incidente con un camarero’

– ¿Recuerda a algún inquilino de forma especial?
– Está claro que la presencia de Dalí y de Miró fue especial. También se hospedaron todos los toreros famosos y artistas como Sara Montiel o Julio Iglesias. 

– Iglesias es un personaje especial. 
– Sí. En el hotel teníamos servicio de 24 horas. Recuerdo que después de un concierto pidió un chivas para su suite. Recuerdo que costaba 350 pesetas, y él le dio 500 al camarero, con 150 de propina. El camarero no se lo tomó nada bien, que le acusó de intentar comprarle. Al final, por suerte, el camarero le acabó pidiendo disculpas, que Iglesias aceptó.  

– ¿Usted inicialmente vino para poco tiempo o ya tenía previsto quedarse indefinidamente?
– Vine para quedarme. De hecho, mi hija –la nadadora olímpica Silvia Fontana– aprendió a nadar en la piscina del hotel. Fue una época muy bonita en la que organizamos grandes eventos para la ciudad. 

– ¿Cuáles recuerda especialmente?
– Uno de los más relevantes fue el sorteo de semifinales de la Copa de Europa de fútbol de finales de los años sesenta. No recuerdo los nombres de los equipos, pero fue una noticia de nivel mundial que Tarragona no habría podido albergar si no fuera por el Hotel Imperial Tarraco. 

– ¿Éste fue el más relevante?
– Sí, también fue importante la celebración del Día de la Hispanidad, en el que estuvieron en Tarragona y en el Imperial Tarraco todos los embajadores de España. 

– El Imperial Tarraco era el hotel de referencia de la provincia. 
– Sí, de hecho cuando se inauguró el monumento de los caídos en Tortosa todos vinieron a Tarragona. 

– ¿Qué ha significado este hotel tanto para la ciudad como para el territorio?
– Es parte importante de la historia de Tarragona, ya le digo que sin un emplazamiento de estas características muchos eventos no hubieran venido a la ciudad. Recuerdo que cuando eran Fallas en Valencia teníamos completo durante una semana, ya que entonces no había autopista.  

– Usted dejó la dirección en el año 1984. ¿Por qué lo dejó?
– Me puse por mi cuenta. Eran muchos años ya. Esto sí, me quedé a vivir en Tarragona. 

– ¿Tarragona le enamoró a primera vista?
– Sí. De hecho vivo en la misma casa. 

‘En la mejor época llegamos a tener más de 130 empleados. Cuando fui a algún acto allí últimamente, aún vi  a  trabajadores que  yo fiché como botones hace bastantes años’

– El día a día en el hotel debería ser intenso durante los años de mayor actividad. 
– Era realmente muy grande. Debe tener en cuenta de que entonces era un hotel con 130 empleados. Hacíamos una cantidad de banquetes impresionante, abríamos 24 horas al día, con toda la complejidad que ello ocasionaba. 

– ¿Ha estado últimamente en el hotel?
– Varias veces, sí. La verdad es que dejé de ir por pena, porque estaba muy mal respecto a lo que había sido.

– Ya hacía años que estaba muy mal. 
– Sí. Y además todavía veía que parte del personal era gente que había fichado yo como botones. 

– Es que algunos de los empleados llevaban más de 30 años trabajando en el hotel. 
– Sí, es toda una vida allí. Al final, como tampoco sabía si estaba abierto o cerrado, dejé de ir. Me daba pena. 

– ¿Desde que dejó la dirección había ido con regularidad?
– Sí, a varios banquetes... Pero ya le digo que sentía lástima. 

– ¿Qué le parece que haya cerrado?
– Dicen que es temporal para volver a abrir. Lo peor es que nadie suela prenda sobre lo que van a hacer. 

– El espacio necesita ponerse al día. Ha trascendido que lo van a remodelar con una inversión de más de ocho millones de euros. 
– Es una obra muy complicada. Creo sinceramente que lo más barato sería derribarlo y volverlo a construir. Por dentro, habría que vaciarlo completamente. 

– Es un edificio que tiene más de medio siglo. 
– Claro. Además, ha estado demasiados años sin contar con el cuidado que debería haber tenido. Claro, esto se nota. 

– El alcalde Josep Fèlix Ballesteros dice que el anterior propietario, Joan Gaspart, se dejó perder un tesoro. 
– Sí, es una auténtica pena. El edificio es de Pujol y Monravà y era la ilusión de muchísima gente. 

– Es que el hotel es la puerta de entrada a Tarragona desde Barcelona. 
– Su ubicación ya le digo que es increíble. Si sube arriba de todo verá unas vistas impresionantes, únicas. Es un hotel de los mejores de Europa. Está al nivel de los mejores. 

– ¿Qué le decía la gente sobre las vistas?
– Se quedaban sin palabras. De hecho, estuvo a punto de venir 15 días un rey de Arabia Saudí. Fuimos a Viena para firmar la estancia, pero se puso enfermo, se quedó ciego y no pudo venir de vacaciones.   

– ¿Sí? Es que unas vistas como éstas al mar y al Anfiteatro...
– Se quedaban impresionados e incluso sorprendidos, porque no conocían la ciudad. Las vistas son de película. 

– ¿Vinieron a grabar películas al hotel?
– Sí, varias veces. 

– El hotel Imperial debe haber albergado reuniones y cumbres de primer nivel.
– Recuerdo que cuando hubo problemas con la petroquímica estuvieron semanas negociando allí. Era un punto estratégico también entre Barcelona y Valencia. 

– Se dice que más de un fichaje del Barça se cerró en Tarragona. 
– Sí. Y para la llegada de la industria se hicieron muchas reuniones. Recuerdo que los de las empresas destacaron el buen inglés de algún alcalde. 

– No es habitual que los políticos hablen en inglés ni en otros idiomas. 
– No, sobre todo en sitios pequeños. 

– ¿Cuál es su mejor recuerdo?
– El sorteo de las semifinales de la Copa de Europa y la celebración de la Hispanidad. Fueron dos acontecimientos muy importantes, de nivel mundial. 

– ¿Cree que Tarragona es conocida a nivel internacional?
– Sí. Por aquel entonces no, pero ahora ya sí, en buena parte por el Hotel Imperial Tarraco. Ha ayudado mucho a que la ciudad tenga una muy buena imagen fuera de Tarragona. 

– Pero de la misma forma que ha ayudado, su estado de deterioro también ha perjudicado. 
–No creo, hay muchas cosas que han venido y se han hecho a Tarragona por el hotel. 

– Con el Imperial Tarraco en obras, a Tarragona ahora aún le falta un hotel de lujo. 
– Sí, pero debe tener en cuenta de que la autopista ha hecho mucho daño a Tarragona. 

– ¿Cómo?
– La gente viene principalmente desde el sur, y cuando llegan a la altura de Tarragona ya están sólo a una hora de Barcelona, por lo que muchos ya no paran y recorren los cien kilómetros.

– Pero está Port Aventura. 
– Sí, ha sido muy importante, como también lo será FerrariLand. La clave de este territorio es el clima, que es único, no se encuentra en ningún otro sitio. Los inviernos son muy soportables y los veranos igual. 

Temas

Comentarios

Lea También