Dispuestos a pagar terraza en un ‘annus horribilis’

Calles que generan negocio . Los locales que han estrenado terraza con la pandemia destacan las ventajas que aportan los nuevos espacios al entramado urbano

AGNÈS LLORENS

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En un año de poca recaudación para muchos locales, las nuevas terrazas son oportunidades de negocio.  FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

En un año de poca recaudación para muchos locales, las nuevas terrazas son oportunidades de negocio. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

En tiempos de aforo reducido, de limitación de comensales en una mesa y de restricciones de distancia, los bares y restaurantes que disponen de zona de terraza cuentan con un tesoro que les ha sido muy útil en las últimas semanas. Esta es la opinión mayoritaria de los restauradores de la ciudad y también de aquellos que, durante el último verano, han podido disfrutar de esta opción gracias a la peatonalización de vías que ha impulsado el consistorio municipal en calles como Soler, Fortuny o Cós del Bou, entre otras, una opción que ha venido para quedarse.

«Estamos muy contentos de cómo ha funcionado el nuevo sistema de apertura de mesas al aire libre. Por ello, estamos dispuestos a pagar por el servicio», declara Xiang, gestor de La Botiga del Pau, uno de los establecimientos que, a partir de este último trimestre del año, tendrá que abonar su recién estrenado derecho a disponer de espacio en la vía pública.

Su opinión no es un hecho aislado. En un año que se cerrará, previsiblemente, con cifras desastrosas para el sector de la restauración, los responsables de los nuevos negocios con derecho a terraza de la ciudad se muestran claramente a favor de pagar por el servicio. «Es correcto que, después de un período de prueba, tengamos que pagar, pero queremos saber cuál será el importe y si es la misma cantidad en meses más activos, como julio agosto o diciembre, por ejemplo», destaca Maribel Burillo, del Negresco de la Calle Fortuny.

Cuando aún no se conoce la cantidad que tendrán que abonar los locales en las calles que se han prestado, de nuevo, para este servicio, sí se sabe que el resto de locales paga diferentes tasas según la zona en la que esté ubicado el local. «Por ejemplo, nosotros (en un negocio ubicado en la calle Cuirateries) pagamos cerca de 1.000 euros al año, pero en la Rambla o la Plaça de la Font este valor se multiplica», explica el presidente de la Associació d’Hostalers de Tarragona Ciutat, Javier Escribano, quien defiende la peatonalización de algunas calles para facilitar nuevos negocios como «una opción que ha permitido que muchos sobrevivieran» en estos tiempos de coronavirus.

«Hablando con los vecinos, también nos confirman que la colocación de nuevas terrazas ha tenido un efecto generoso en las calles, ya que las ha dignificado en muchas ocasiones», explica Escribano. La misma opinión esgrime Olga Vinuesa, de la Associació Cultural de Comeciants i Hostelers de Cós del Bou, que explica que, en un año, la calle habrá evolucionado de una terraza a un total de cinco, contando la que se pondrá en marcha en pocos días. «Los ciudadanos están contentos porque no somos ruidosos y, gracias a las terrazas, una calle emblemática como esta ha mejorado. Hay más luz y tránsito de personas», defiende.

Estas son pequeñas chispas en un annus horribilis para la restauración, ya que el sector prevé un invierno crudo. «No hemos podido ahorrar y nos esperan meses de incertidumbre y de mesas vacías. Estamos asustados y esperamos que medidas como estas sirvan para resistir», explica Javier Escribano.

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