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Dos familias de Tarragona reclaman los bienes que Fidel Castro les incautó

Herederos de familias de Benissanet, Valls y el Pla de Santa Maria esperan señales de apertura en la isla para recuperar propiedades

Raúl Cosano

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El empresario catalán Jordi Cabarrocas recopila casos de herederos de expropiados en Cuba. FOTO: DT

El empresario catalán Jordi Cabarrocas recopila casos de herederos de expropiados en Cuba. FOTO: DT

Al menos los herederos de dos familias de Tarragona pugnan judicialmente por recuperar los bienes que Fidel Castro les expropió en Cuba en 1959, cuando llegó al poder. El Gobierno de la República en la isla de las Antillas incautó bienes y propiedades de particulares, instituciones y sociedades. A las 3.000 familias más acaudaladas de la isla, algunas originarias de Tarragona, se les requisaron terrenos en virtud de las nuevas leyes implantadas.

Fue una de las medidas tomadas una vez el movimiento cubano de izquierdas provocó la caída de la dictadura del general Fulgencio Batista y la llegada al poder del líder del Ejército Guerrillero. La muerte de Fidel Castro aumenta ahora las esperanzas de un objetivo a largo plazo, vehiculado por la Compañía de recuperaciones patrimoniales ‘1898’, que aglutina las demandas por todo el mundo con el desafío de devolver algún día esos bienes a las familias o a sus descendientes.


‘Fidel se lo quitó todo’
«Fidel se lo sacó todo y volvieron con una mano delante y otra detrás. La esperanza nunca se pierde, pero es difícil, porque han pasado muchos años. Lo estamos intentando. Tengo las escrituras originales y todos los papeles en regla», explica Maria Rosa, una descendiente tarraconense de una familia originaria de Pla de Santa Maria (Alt Camp). Todos los afectados narran relatos de sufrimiento y pérdida, y una necesidad de reparación que es más sentimental que económica.

Los tíos de Maria Rosa emigraron a Cuba en 1924, después de conocerse en Barcelona. Ella misma, con 16 años, estuvo residiendo con ellos durante una temporada en Cuba. «Mi madre murió y me fui con ellos nueve meses, aunque luego acabé volviendo», recuerda Maria Rosa.

Allí su tía, Rosita Ribé, natural del Pla de Santa Maria, y su tío, el vallense Fernando Balcells, hicieron fortuna gracias al vinagre de la caña de azúcar y a los pepinillos. Tuvieron una fábrica que les permitió disponer de un buen nivel de vida que se terminó de golpe cuando la revolución prosperó. Con la llegada de Castro al poder, renunciaron a la industria de la que eran propietarios y a fincas. «Tuvieron que volver sin nada. Fue algo muy triste. No pudieron traer los ahorros que tenían allí. No tenían nada», relata ahora Maria Rosa. En 1961 volvieron a España y se instalaron en Tarragona, donde tuvieron que superar el trauma, rehacer su vida y empezar de cero.

Otra familia con origen tarraconense sigue con detalle todo lo que sucede en la isla caribeña. El abuelo, nacido en una familia bienestante de Benissanet (Ribera d’Ebre), no se fue a Cuba a ganarse la vida, sino a la aventura, a explorar y ver mundo. «Eran personas con dinero, que tampoco necesitaban trabajar», explica la heredera, que se mueve ahora entre el escepticismo y la esperanza: «No creo que la muerte de Fidel Castro acelere el proceso. Yo, con 66 años, no creo que vea el final. Mi esperanza es que lo pueden ver al menos mis nietos. Es algo que ya ha afectado a cinco generaciones. Aún quedará mucha pugna por delante, entre los dos bandos. Al menos, la muerte de Castro ha sido el cierre de un sufrimiento que vivió mi abuela». En este caso, el algodón y la caña de azúcar fueron los productos que permitieron a sus familiares gozar de una riqueza y un posicionamiento reputado en la isla.

Estas dos familias de Tarragona forman parte del grupo de 300 en España que ya están inscritas en la compañía ‘1898’. El ente ha entablado diálogo con 500 más, aunque estima que la bolsa de afectados, sólo en España, ronda las 1.000. De las 3.000 familias de la ‘diáspora’ que fueron obligados a abandonar Cuba al inicio del castrismo, esas 1.000 regresaron a España, sobre todo a lugares como Galicia, el País Vasco, Madrid y Catalunya. Sin embargo, la lucha se libra a nivel global. También hay afectados en países como Puerto Rico, Estados Unidos, la República Dominicana, México, Panamá o Venezuela, que acogieron aquel éxodo.

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