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Dos mil familias de Tarragona podrían vivir un año con el agua defraudada a Ematsa

La empresa va a poner en marcha en el segundo semestre una campaña antifraude, que se sumará a la que ya está haciendo de buscar fugas y detectar conexiones ilegales

Àngel Juanpere

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Fraude conocido como latiguillo, enchufando a los contadores.  Foto: DT

Fraude conocido como latiguillo, enchufando a los contadores. Foto: DT

La Empresa Municipal Mixta d’Aigües de Tarragona (Ematsa) sufre al año un fraude de 360.000 metros cúbicos de agua –la cantidad que sustraen los usuarios de forma fraudulenta–, lo que representa el consumo de 2.000 familias en un año. Para luchar contra esta práctica, la empresa pondrá en marcha un Pla Antifraus para detectar a estas personas, lo que se suma a las iniciativas que ya implementó hace tiempo. Si bien algunos de los defraudadores se avienen a pagar cuando son cazados, otros casos llegan a los Juzgados, ya que se trata de un delito castigado con pena de multa de doce meses.

Aunque el fraude se da durante todo el año, es desde poco antes de Semana Santa y hasta después del verano cuando los metros cúbicos sustraídos son más. El caso, según el gerente de Ematsa, Daniel Milan, sólo tiene una explicación: las piscinas. Algunos propietarios de parcelas que no quieren que la factura se les dispare sustraen el agua, «seguramente que defraudan todo el año, pero ahora se incrementa». Posiblemente tienen dos conexiones y ahora utilizan también la ilegal para poder llenar sus piscinas. Uno de los sistemas que utiliza Ematsa para detectar este tipo de práctica fraudulenta es el ruido que producen estas conexiones ilegales. A veces no es sólo para la piscina, sino para regar las plantas o los árboles.

A la tarifa

Milan deja claro que se trata de un fraude a la tarifa «y por lo tanto al resto de abonados, que son los que realmente acaban pagando el importe defraudado». Añade que a ninguna persona en el ámbito de actuación de Ematsa –los municipios de Tarragona, La Canonja, El Catllar y Els Pallaresos– se le corta el agua por razones económicas, «sólo a los que abusan sin base».

Para hacer frente a las personas que no se pueden permitir pagar el recibo del agua, la empresa dispone de un fondo social de 95.000 euros, una cifra que se ha ido incrementando en los últimos años». Y es que cada año crece del número de familias beneficiarias.

Si llega una petición desde Serveis Socials de una familia vulnerable y ya no hay partida en el fondo social, tampoco se realiza el corte de suministro, una práctica que Ematsa ya puso en marcha incluso desde antes de la ley de 2015 de pobreza energética. Se busca entonces una solución de bonificar las facturas o dar facilidades de pago.

El problema de la defraudación lo tienen todas las empresas del sector. En el caso de Ematsa, la cantidad defraudada sube a 360.000 metros cúbicos, lo que representa un cuatro por ciento del volumen total de agua que gestiona. Teniendo en cuenta que una familia de cuatro miembros que viven en un piso gasta entre 0,3 y 0,4 metros cúbicos, el volumen de lo defraudado podría abastecer a unas 2.000 familias durante un año.

Ematsa gestiona 448 kilómetros de red de agua –344 en el municipio de Tarragona– y cuenta con 61.360 abonados –55.300 en Tarragona–.

La detección

La empresa Ematsa tiene diferentes herramientas para detectar el fraude en el agua. Una es las denuncias de los particulares, que ven que ellos pagan el recibo y en cambio su vecino coge el agua por el morro. «Muchos nos llaman enfadados con su vecino», asegura el gerente. Por ello, anima a los abonados a que denuncien estas situaciones, una denuncia que es completamente anónima. Se puede hacer a través de una App o a través del correo electrónico (info.ematsa@ematsa.cat) o bien por teléfono: 900 550 555. A veces también son los propios cuerpos de seguridad y los alguaciles municipales quienes detectan los fraudes. También se descubre tras la detección de consumos incoherentes.

Pero las operaciones de mantenimiento ordinarias que realizan los operarios de Ematsa sirven también para cazar a los defraudadores. También cuando acuden a atender un aviso porque el cuadro de contadores tiene mucha agua. Entonces ven que alguien ha manipulado uno.

La empresa concesionaria potenciará, a partir del segundo semestre de este año, la campaña antifraude, «cruzando más datos de los que tenemos, como catastro, consumo, de la microsectorización de la red, etc».

Asimismo, también está en marcha una campaña para buscar fugas de líquido, lo que a su vez sirve para detectar a los defraudadores.

También en el centro

En el centro de la ciudad es más fácil detectar si hay una defraudación en forma de T –un bay-pass–. Las manipulaciones de los contadores es lo más habitual y, como es algo visible, más fácil de ver por parte del personal de Ematsa.

Son muy pocos los casos que llegan a los Juzgados por constituir delito o delito leve –ver recuadro adjunto–. En muchos de los asuntos se consigue la regularización de la situación después de que los defraudadores reconozcan los hechos y paguen la deuda.

Los defraudadores nunca se han puesto violentos con el personal de la empresa Ematsa que acude al domicilio donde se ha detectado una irregularidad. Sí que hay actitudes verbales, más que enfrentamientos físicos. «¿Qué hacéis aquí, qué buscáis?», son expresiones que sí se oyen.

Y también existen los multirreincidentes, personas a los que se les ha cortado hasta en tres ocasiones el suministro de agua y continúan realizando empalmes ilegales.

 

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