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Dos personas en un piso de 76 a 90 m2, así se confina la media de los tarraconenses

Las viviendas de la provincia no son especialmente pequeñas comparadas con el resto
de España, pero la mayoría no están preparadas para el uso que les damos estos días

Norian Muñoz

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Las casas de la demarcación en datos.

Las casas de la demarcación en datos.

«¿Que cuánto mide mi piso? Estoy de alquiler y nunca me lo había preguntado. Lo único que sé es que cada día de confinamiento lo veo más pequeño», cuenta Elvira, que vive junto a su marido en un bajo cerca de El Corte Inglés.

Apreciaciones aparte, lo cierto es que en la demarcación de Tarragona las viviendas, estadísticamente hablando, no son especialmente pequeñas, o por lo menos no lo son más que en el conjunto de España. Según el censo de viviendas del INE de 2011 (el último disponible porque solo se elabora cada diez años), en la demarcación de Tarragona el grupo más numeroso de viviendas (el 31,4%) está ocupado por dos personas, seguidas de donde viven una (22,8%) y tres personas (21,5%). Tanto en las casas donde viven dos personas, como en general, el tamaño de vivienda más habitual es el que tiene de 76 a 90 m2.

Imagen de un bloque de viviendas de pisos en la ciudad de Tarragona. FOTO: PERE FERRÉ

La media de viviendas tiene cinco habitaciones, pero atención, que el INE cuenta aquí también las cocinas, salones y demás estancias (dejando fuera los baños) que tienen paredes y, al menos, 4m2. Pero la pregunta es entonces, este espacio, ¿es suficiente?

5 habitaciones tiene el grupo más numeroso de casas en la demarcación (31%) aunque aquí se cuentan cocinas y salones

Casa, oficina, escuela, gimnasio...

Sergio Nasarre, profesor de la URV y director de la Cátedra Unesco de Vivienda, advierte de que estas estadísticas dejan fuera muchas formas de vivir en precario. Y no se trata solo de las personas sin hogar, sino también de las «que están indebidamente alojadas en hostales, okupas, o los que se encuentran en viviendas sobreocupadas en las que conviven varias familias».

«No hay que olvidar que hay personas viviendo en hostales, okupas, viviendas con varias familias...», explica Sergio Nasarre, Dir. Cátedra Unesco Vivienda

En este sentido, apunta que en un estudio de la cátedra, todavía por publicar, se encontró que en el 6% de los pisos de la Ciutat Vella en Barcelona, donde abundan las viviendas pequeñas y antiguas, viven seis o más personas.

Advierte, además, que no sabemos, como sociedad, si nos tocará volver a enfrentarnos a nuevas pandemias y confinamientos en el futuro, por lo que habrá que repensar lo que se hace, por ejemplo, en los modelos de viviendas colaborativas o cohousing, donde los espacios privados suelen ser más pequeños y suele haber más zonas comunes.

"Se echa de menos un jardín"

El confinamiento obligado que provoca la pandemia del coronavirus expresa también el sentido de la vida. No es para todos igual. Las grandes superficies aligeran mejor las esperas. Las pequeñas, acentúan la ansiedad. Una cuarentena en un chalé de 100 metros cuadrados con jardín y piscina hace más soportable la vida en el encierro.

Nasarre cree que esta crisis nos va a hacer replantearnos muchas cosas y apunta que algunos arquitectos ya están advirtiendo de que las casas actuales están más hechas para un uso ‘casual’, es decir, comer, dormir y poco más, que para hacer, como ahora, un uso intensivo como oficina, escuela, sala de juegos, gimnasio... A veces de forma simultánea.

Pero esta crisis también está dejando otras lecciones, como las redes que se están tejiendo en las comunidades para ayudar a los vecinos, especialmente mayores, a cubrir sus necesidades. En su opinión el reto será conseguir que estas redes informales que se han establecido no se pierdan. Cree que para ello el administrador de fincas puede ser una figura clave.

¿Preparados para el teletrabajo?

El presidente del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya en Tarragona, Joan Tous, cree que en esta situación la casa «está haciendo la función más genuina y primitiva, que es dar refugio», pero apunta que no hay que olvidar que las casas están vivas «y seguro que la mayoría de gente ha hecho adaptaciones tan sencillas como cambiar una cama o un mueble de sitio».

«Nuestra cultura es muy de calle, es lógico que habilitar espacios para el trabajo no fuera una prioridad», asegura Joan Tous, Pdte. Col·legi d’Arquitectes

Señala Tous que «nuestra cultura es muy de calle y es lógico que habilitar espacios de trabajos no fuera una prioridad hasta ahora», pero cree que si antes de la pandemia ya se notaba cierta tendencia a crear espacios en casa para el teletrabajo, ahora se incrementará notablemente.

Considera, además, que habrá una nueva sensibilidad. «Muchas personas se darán cuenta de la importancia de que nuestra casa no solo sea un espacio que funcione, sino que sea agradable».

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