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El 42% de los refugiados atendidos en Tarragona ha encontrado trabajo

Cruz Roja ha recibido a 180 personas este año en la ciudad y sus pisos de acogida para este colectivo están al completo

Norián Muñoz

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Imagen de la exposición 11 vidas en 11 maletas, que podrá verse hasta el 15 de enero en la sede que comparten los colegios de abogados y farmacéuticos. FOTO: Pere Ferré

Imagen de la exposición 11 vidas en 11 maletas, que podrá verse hasta el 15 de enero en la sede que comparten los colegios de abogados y farmacéuticos. FOTO: Pere Ferré

La vida continúa, es persistente y se abre paso. Una muestra de ello es que entre las familias que participan en el programa para refugiados de Cruz Roja en la ciudad de Tarragona han nacido en los últimos quince días tres bebés... Y se espera un cuarto para dentro de poco. 

Es una buena noticia, aunque no la única en un mar de dificultades. Omar Charif, psicólogo y técnico del programa, apunta que ya un 42% de los refugiados que han pasado por el mismo desde su creación hace dos años han conseguido un empleo. No ha sido fácil, reconoce, por las dificultades del mercado trabajo, pero han logrado emplearse, sobre todo en hostelería, grandes superficies y pequeños negocios.

Charif ofrecía el balance en el marco del programa Mes + solidari que organizan el Col·legi d’Advocats y el de Farmacèutics de Tarragona conjuntamente.

Durante este año se ha atendido en las diferentes fases del programa a unas 180 personas; de ellas, 41 están en los 8 pisos de acogida que tiene Cruz Roja en la ciudad y que con esa cifra ya están al completo.

Algunos refugiados han llegado por cuenta propia a la ciudad, mientras que otros vienen de campos de refugiados. Hay personas de diferentes países: Siria, Eritrea, la República Democrática del Congo, Venezuela, El Salvador, Honduras y Colombia, entre otros.

Un año para adaptarse

El proceso de acogida consta de tres partes, la primera de ellas es la acogida propiamente dicha en pisos de la entidad. Puede durar 6 meses que, en casos puntuales, pueden ampliarse a 3 más. Durante este tiempo se les ofrece casa y se cubren sus necesidades básicas.

Comienza la etapa de acompañamiento y se les ofrece formación de diferente índole, desde lo que se refiere al idioma hasta sobre economía familiar y búsqueda de empleo. A los niños y adolescentes que están en edad escolar se les busca un centro educativo.

En la segunda fase, de integración, las personas deben buscar un piso que sigue pagando la entidad, administrar un presupuesto que se les asigna y encontrar un empleo. A diferencia de los pisos de acogida, aquí las familias alquilan aparte.

Esta etapa también tiene una duración de seis meses prolongable en tres más según las circunstancias. En este punto algunas familias han alquilado en otros municipios fuera de Tarragona donde les ha sido más sencillo encontrar trabajo.

La tercera fase es la de autonomía, donde ya se espera que las familias «vuelen solas, nuestra labor educativa es, aunque les llevemos de la mano, que sean autónomas», señala.

Explica que cada persona tiene su proceso y que, según se domine o no el idioma, se hace más fácil o más complicada la integración. 

En el programa de refugiados de Tarragona trabajan actualmente 14 personas, entre quienes se incluyen trabajadores sociales, psicólogos, expertos en inserción laboral y abogados, entre otros profesionales.

Los niños, lo más resilientes

Desde el punto de vista psicológico, explica, cada historia es distinta y algunos necesitan más acompañamiento que otros. A muchos les toca superar el estrés postraumático de ver las bombas caer sobre sus ciudades o pueblos, como en el caso de los sirios.

Para otros, como en el caso de algunos latinoamericanos que han sufrido extorsión y persecución, es un gran alivio simplemente poder caminar por la calle sin tener que mirar hacia atrás.

De todas formas, apunta, se trata de un proceso y en muchos casos se vive una especie de ‘luna de miel’ durante la primera fase de acogida, cuando se ha dejado atrás el peligro inminente, pero luego llega una etapa en la que se dan cuenta de las personas que han dejado atrás y de todo lo que han perdido.

«Estas personas tienen un recorrido muy largo. Cuando llegan aquí traen esos capítulos del pasado, pero todavía les queda mucho camino», ejemplifica el psicólogo.

En medio de las dificultades destacan los niños, auténticas esponjas, los que más rápido consiguen la integración tanto en la escuela como en la sociedad. En su experiencia, «son los más resilientes, los que mejor superan y aprenden de las adversidades», asegura.

Y, aunque Charif explica que la labor que hacen llena de satisfacción al equipo, lamentan que la implicación de la sociedad en general en el problema de los refugiados ha decaído muchísimo porque  «ya no están de moda como hace dos años».

Se nota, dice, en que se habla menos en los telediarios, pero también en el hecho de que la demanda inicial de personas que se acercaban a pedir trabajar como voluntarias o a ofrecer sus casas, como al principio de la crisis, también ha disminuido sensiblemente. 

Pero «lamentablemente los campos de refugiados siguen llenos y no es un problema que se vaya a acabar rápidamente, sino que terminará siendo cíclico», reflexionaba Charif.

Valga recordar que, por el momento, en España se han acogido a 2.688 solicitantes de protección internacional, de los 17.000 que le correspondían. De ellos, 1.328 han llegado por reubicación, y 1.360 a través de reasentamientos, según datos de Interior.

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