El 53% de los contratos que se pierden en Tarragona son de mujeres

La pandemia de coronavirus las golpea con más dureza a ellas, que recurren más a la beneficencia. El desempleo femenino se cronifica

Raúl Cosano

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Voluntarios de Creu Roja en Reus durante una entrega de alimentos. Foto: Alba Mariné

Voluntarios de Creu Roja en Reus durante una entrega de alimentos. Foto: Alba Mariné

La pandemia se ensaña especialmente con el colectivo femenino. Más de la mitad de los empleos destruidos durante el año pasado en Tarragona fueron de mujeres: el 53% frente al 47%. El desempleo entre ellas se ha cronificado, aunque la tendencia ya venía de lejos y mostraba una descompensación por géneros. En el Camp de Tarragona supone el 56% de los parados y en el Ebre es el 54%, según el Butlletí del Perfil de l’Atur de la Generalitat, de diciembre de 2020. La caída del sector servicios, fundamental en la economía tarraconense, ha perjudicado especialmente a las mujeres.

Un informe de Randstad revela que, en España, los contratos firmados por mujeres han caído un 29% durante el último año, pasando de los 775.121 rubricados en enero de 2020 a los 550.578 doce meses después, mientras que en el caso de los hombres el descenso fue del 24%. Es decir, por culpa de la crisis, las mujeres dejaron de firmar cerca de 225.000 contratos durante 2020.

El trabajo en domicilios o las curas, todos con fuerte sello femenino, fueron los primeros en caer

«La crisis económica derivada de la sanitaria ha ahondado en la desigualdad y la discriminación que a menudo sufrimos las mujeres en el mercado laboral. El estudio de Randstad destaca que somos nosotras las que nos vemos más afectadas en esta crisis, aunque hay margen para la esperanza. El 40% de los contratos que firmamos se produce en los sectores del comercio, la agricultura y el sanitario, y la contratación femenina crece en la logística. Todos ellos, sectores fundamentales en nuestra recuperación», asegura María Ángeles Tejada, directora general de Public Affairs de Randstad.

Entre enero y febrero de este año, los hombres en Tarragona han firmado un 13% menos de contratos pero la cifra se eleva al 19% en el caso de las mujeres, según los balances del Observatori del Treball i Model Productiu de la Generalitat.

Desempleada y monoparental

Un ejemplo del golpeo del virus lo protagoniza María, que se quedó, de la noche a la mañana, sin su trabajo de camarera en un restaurante de Tarragona. «Si no nos mata la Covid-19 lo hará el hambre», contaba, mientras buscaba desesperadamente un empleo, impactada casi por partida triple: desempleada, monoparental con una niña y una persona mayor a cargo. A Ana, una joven cambrilense de 20 años, le pasó igual: confiaba en la temporada alta de la hostelería para ganar un dinero con el que sufragarse los estudios de arte que cursa. «No sé cómo voy a pagar los 1.200 euros de la matrícula», admite.

Anna Sabaté, coordinadora provincial de Creu Roja Tarragona, cree que «es un hecho objetivo que las mujeres parten de entrada de una situación de más riesgo de pobreza y exclusión social. Sufren baja ocupabilidad, precariedad laboral, cargas familiares... que en un contexto de crisis como el que vivimos no hacen más que incrementarse». Sabaté añade que «el confinamiento provocó de manera inmediata la pérdida de empleos vinculados al trabajo a domicilio (limpieza, cuidado de personas mayores y niños), un sector en el que predomina la economía irregular y en el que más del 90% son mujeres».

En consecuencia, «la pérdida de este empleo deja a la mujer sin unos ingresos ya de por sí precarios y sin derecho a protección», según Sabaté. La situación también ha empeorado para aquellas mujeres que sí han podido conservar su puesto: «A menudo presentan una dificultad añadida de conciliación, con menores o personas mayores a cargo en casa durante este tiempo». A pesar de que algunas tesis mantienen que la cuarentena ha favorecido al reparto igualitario de tareas, Sabaté cree que «aún es mayoritariamente la mujer la que se hace cargo de los hijos y de los familiares dependientes, y eso es así en todos los estratos sociales».

Ellas eran las que, en general, tenían los trabajos más precarios, tales como limpiadoras o camareras de piso, empleos que en muchos casos fueron los primeros en caer y los que están tardando más en recuperarse cuando se ha cumplido un año de pandemia. A eso se añaden las que no tenían contrato o no cotizaban las horas que hacían y han visto cómo se les han quedado unos ERTE escasos.

Así, el perfil de mujer atendida por entidades como Creu Roja en Tarragona responde al de personas sin empleo, en economía sumergida o con un trabajo muy precario. A eso se añaden los menores a cargo o ser familia monoparental. «Lo que sí caracteriza a la mujer que va a buscar ayuda es su voluntad de salir de esta situación consiguiendo un trabajo. Las acompañamos para capacitarlas y que puedan ser independientes económicamente, de las ayudas o de otros familiares. La proactividad es un factor clave», explica Anna Sabaté.

Más recursos y proactividad

Durante la crisis económica que se desencadenó a partir de 2008, el porcentaje de hombres y mujeres que atendió Creu Roja en Tarragona se fue igualando pero con la Covid-19 las cifras han mostrado un incremento en el porcentaje de mujeres socorridas. «Por un lado les afecta más pero también, ante una dificultad, en general es la mujer quien muestra más recursos y proactividad. Ella es la que primero pide ayuda, a su red familiar primero, luego a vecinos o amistades y después a entidades o servicios sociales», cuenta Sabaté. En ese sentido, el balance de Creu Roja hasta la fecha es elocuente. Así, de las 60.439 personas atendidas en Tarragona por la emergencia económica, 34.995 son mujeres. Es el 58%, prácticamente seis de cada diez.

En cuestiones de inclusión social, las mujeres tarraconenses atendidas por Creu Roja (11.153) prácticamente duplican a los hombres (5.939), mientras que el desequilibrio es también palpable en el ámbito de la salud: 29.074 féminas frente a 21.460 varones. También en empleo o educación el colectivo femenino ha recurrido más que el masculino a la beneficencia durante la pandemia de la Covid-19. En este tiempo, la tasa de desempleo femenina ha pasado del 15 al 18% en un año y la diferencia con la masculina se ha agrandado. Las cifras reflejan su realidad: cómo la crisis de la Covid les ha tocado a ellas, ahora incluso con más intensidad. Siete de cada diez nuevos desempleados en febrero fueron mujeres.

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