El 63% de las personas que piden ayuda por la Covid-19 son mujeres

Ellas son las principales víctimas de esta crisis: han perdido 2.500 trabajos más en Tarragona y sufren la precariedad. 5.000 mujeres más que hombres han reclamado auxilio a Creu Roja

Raúl Cosano

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Varias mujeres con mascarilla cruzan un paso de cebra en Reus. Foto: Fabián Acidres

Varias mujeres con mascarilla cruzan un paso de cebra en Reus. Foto: Fabián Acidres

María se quedó, de la noche a la mañana, sin su trabajo de camarera en un restaurante de Tarragona. «Si no nos mata la Covid-19 lo hará el hambre», contaba, mientras buscaba desesperadamente un empleo, impactada casi por partida triple: desempleada, monoparental con una niña y una persona mayor a cargo. A Ana, una joven cambrilense de 20 años, le pasó igual: confiaba en la temporada alta de la hostelería para ganar un dinero con el que sufragarse los estudios de arte. «No sé cómo voy a pagar los 1.200 euros de la matrícula», admite.

Silmith, de 25 años y desde los 17 en la hostelería, ha visto truncarse sus proyectos, porque no la han llamado para trabajar, como habitualmente sucedía a partir de Semana Santa. Elena, en las Terres de l’Ebre, da otro ejemplo: víctima del cierre de la hostelería, nada más arrancar el estado de alarma. Tiene que vivir con 425 euros al mes. Su pareja también está en paro.

Son cuatro rostros de la crisis laboral de la Covid-19 con un denominador común: se dedicaban a la hostelería y, sobre todo, son mujeres. Ellas vuelven a aparecer como las principales víctimas de esta crisis. Ellas eran las que, en general, tenían los trabajos más precarios, tales como limpiadoras o camareras de piso, empleos que en muchos casos son los primeros en caer. A eso se añaden las que no tenían contrato o no cotizaban las horas que hacían y han visto cómo se les han quedado unos ERTE escasos.

El 63% de las personas que han solicitado ayuda a Creu Roja en Tarragona por la crisis de la Covid-19 son mujeres: 12.023 frente a 7.093 hombres. Si el ente ha hecho 14.859 atenciones a mujeres en cuestiones inclusión social y salud, los hombres se quedan en 7.981.

Ellas pierden más contratos

Las cifras del mercado laboral en la provincia son elocuentes. De 2019 a 2010, ellas han perdido 24.415 empleos y ellos 21.907; por lo tanto, las mujeres han dejado de firmar 2.500 contratos menos que los hombres, según la comparativa del mercado laboral de marzo, abril y mayo entre este año y el pasado. Otro ejemplo: en abril de este año ellas perdieron un 72% de los contratos que se habían firmado en abril de 2019, pasando de 15.133 a 4.226. En el caso de los hombres, la bajada no es tan acentuada y se sitúa en un 62%, al descender de los 15.729 contratos a los 5.908. Ya en marzo, ellas perdieron el 31% de las contrataciones frente al 27% de ellos, mientras que en abril ellas sufrieron el 67% y ellos el 51%.

El paro del mes de mayo también ofrece una estadística reveladora. El desempleo de los hombres se está empezando a recuperar antes. De hecho, el paro de los hombres bajó un 0,6% mientras que el de las féminas siguió subiendo y, en concreto, creció un 2,4%.

Hay, claro está, un motivo estructural. Las mujeres son las que más paro sufren. En el mes de febrero, un momento aún no condicionado por el virus, el 57,6% de los parados eran mujeres: 27.971 frente a 20.595. «La gente lo está pasando mal. Hay domicilios que dependen exclusivamente del sueldo de la mujer, que está en ERTE y, además, aún no han cobrado», expone Dolores López, representante sindical de camareras de piso y lavanderas en la Costa Daurada. «Estamos cobrando el 70%, pero claro, con retrasos, y en base a lo cotizado. Las que trabajan por horas lo están pasando peor», explica López.

Anna Sabaté, coordinadora provincial de Creu Roja Tarragona, cree que «es un hecho objetivo que las mujeres parten de entrada de una situación de más riesgo de pobreza y exclusión social. Sufren baja ocupabilidad, precariedad laboral, cargas familiares... que en un contexto de crisis como el que vivimos no hacen más que incrementarse». Sabaté añade que «el confinamiento provocó de manera inmediata la pérdida de empleos vinculados al trabajo a domicilio (limpieza, cuidado de personas mayores y niños), un sector en el que predomina la economía irregular y en el que más del 90% son mujeres».

En consecuencia, «la pérdida de este empleo deja a la mujer sin unos ingresos ya de por sí precarios y sin derecho a protección», según Sabaté. La situación también ha empeorado para aquellas mujeres que sí han podido conservar su puesto: «A menudo presentan una dificultad añadida de conciliación, con menores o personas mayores a cargo en casa durante este tiempo». A pesar de que algunas tesis mantienen que la cuarentena ha favorecido al reparto igualitario de tareas, Sabaté cree que «aún es mayoritariamente la mujer la que se hace cargo de los hijos y de los familiares dependientes, y eso es así en todos los estratos sociales».

Así, el perfil de mujer atendida por entidades como Creu Roja en Tarragona responde al de personas sin empleo, en economía sumergida o con un trabajo muy precario. A eso se añade los menores a cargo o ser familia monoparental. «Lo que sí caracteriza a la mujer que va a buscar ayuda es su voluntad de salir de esta situación consiguiendo un trabajo. Las acompañamos para capacitarlas y que puedan ser independientes económicamente, de las ayudas o de otros familiares. La proactividad es un factor clave», explica Anna Sabaté.

Durante la crisis económica, el porcentaje de hombres y mujeres que atendió Creu Roja en Tarragona se fue igualando pero con la Covid-19 las cifras han mostrado un incremento en el porcentaje de mujeres socorridas. «Por un lado les afecta más pero también, ante una dificultad, en general es la mujer quien muestra más recursos y proactividad. Ella es la que primero pide ayuda, a su red familiar primero, luego a vecinos o amistades y después a entidades o servicios sociales», cuenta Sabaté.

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