62.332 tarraconenses tendrán prioridad en la vacuna

Salut identifica en la provincia a un 7,6% de población muy vulnerable a la Covid-19 y que se perfila como el primer grupo en recibir la inmunización

Raúl Cosano

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Una prueba en humanos de la vacuna de la Covid-19 que desarrolla la universidad de Oxford. FOTO: EFE

Una prueba en humanos de la vacuna de la Covid-19 que desarrolla la universidad de Oxford. FOTO: EFE

Es muy probable que, al menos al principio, no haya vacuna de la Covid-19 para todos. Por eso, casi con total seguridad, habrá que priorizar para ver quién la recibe primero. Las autoridades sanitarias ya trabajan con ese horizonte. «Tendrás que proteger al principio a las personas de más riesgo, que son las de edad más avanzada, pero también las que pueden tener alguna enfermedad del corazón o del pulmón, y en las que el impacto del virus sería más importante», explica el doctor Antoni Castro, decano de la Facultat de Medicina de la URV y director del servicio de medicina interna del Hospital Sant Joan de Reus. 

El segundo grupo también está claramente definido. «Habrá que vacunar primero al personal sanitario, no para protegerlo en sí mismo, que también, sino para que no sea transmisor de la enfermedad», añade Castro. El investigador Salvador Macip, profesor de los estudios de Ciencias de la Salud en la UOC, cree que al principio «seguro que no hay vacunas para todos», ya que «la producción y distribución es un proceso que necesita tiempo». 

Macip, doctor en genética molecular, considera que, «una vez haya una aprobada, pasarán meses hasta que se haya vacunado una parte significativa de la gente». Sobre la prioridad, indica: «La elección del colectivo dependerá de las dosis que tenga cada país. Lo más lógico sería priorizar al personal sanitario y de servicios esenciales, pero será una decisión que deberá tomar cada gobierno en función de los problemas que tenga el territorio y las dosis que haya conseguido». 

«Al principio no habrá vacunas para todos. La producción y distribución necesitan tiempo»

El Departament de Salut trabaja con esa idea de que la gente mayor o que padece patologías previas, más susceptibles de sufrir casos graves, deben ser los primeros. Se ha detectado la población vulnerable, definiendo cinco niveles de riesgo y otras tantas franjas de preferencia. Según esta estratificación, Salut ha detectado 44.414 personas en el Camp de Tarragona y 17.918 en las Terres de l’Ebre que son especialmente vulnerables ante el SARS-CoV-2 y, por tanto, deben ser protegidas. Es el 7,6% de la población de la provincia, un porcentaje muy similar al balance catalán. 

En toda Catalunya, 616.051 personas forman parte de ese primer bloque, que tienen un riesgo muy alto de mortalidad. Solo el 4% tiene menos de 70 años, lo que es indicativo de hasta qué punto la edad es un factor que pueda generar complicaciones en cuadros con coronavirus. Un total de 1,1 millones de catalanes tienen un riesgo calificado alto, en este segundo escalón. Así, Salut ha establecido, en este cribaje, que 1,8 millones de personas en Catalunya tienen riesgo alto o muy alto de mortalidad o de complicaciones graves por Covid-19. 

Pero puede haber otros factores en juego ligados a coyunturas concretas. «Si hay un brote, es lógico que las primeras vacunas vayan hacia esa zona para pararlo cuanto antes mejor», explica Macip. Profesionales esenciales, más allá de la sanidad –las fuerzas policiales son un ejemplo– también podrían verse incluidas en algunos de estos colectivos que deban quedar inmunizados antes que el resto. 

El objetivo final: el 95%

Establecida esa priorización, ¿hasta qué punto la vacuna va a suponer volver a la vida anterior a la pandemia? «No hace falta que se vacune toda la población. Solo con la mitad, las posibilidades de contagio bajarían mucho», explica Macip. Esa fórmula para la inmunización debe suponer un paso definitivo para recuperar los hábitos ahora perdidos, aunque todo apunta a que será algo progresivo. «Quizás con un 60 o un 70% de población vacunada ya habría bastante para lograr una buena inmunidad de grupo que evite que la pandemia continúe progresando. El objetivo final sería el 90 o 95%, pero antes incluso ya tendríamos que haber recuperado buena parte de nuestra actividad», aclara Macip.

«Es probable que la vacuna tenga que convivir con algunas restricciones que tenemos hoy»

Otros expertos no están tan esperanzados y apelan a la prudencia máxima. «Puede ser que nos encontremos con una vacuna que no sea tan efectiva como mucha gente se piensa. Es todo incierto. Probablemente la vacuna solo proteja en un porcentaje relativo. Puede ser que salgan varias vacunas, unas más caras, otras menos. Puede ser que llegue la vacuna y que aún tardemos en poder recuperar la vida normal, porque hablamos de un virus que se expande muchísimo, aunque con la ventaja de que la virulencia es relativamente baja», explica Josep Guarro, investigador y Catedrático de microbiología en la URV, que añade: «Lo importante es proteger a la gente más vulnerable. Parar la epidemia será muy difícil». 

¿Y si no se consigue?

Antoni Castro parte de cierta desconfianza inicial: «Ante una enfermedad infecciosa, tiene toda la lógica del mundo ir a por una vacuna, para intentar controlarla. Ese ha sido el gran avance de las patologías infecciosas. Pero también sabemos que no siempre las hemos conseguido. El sida es un ejemplo, pero hay otras enfermedades víricas para las que no tenemos protección. La gripe no ofrece una protección completa y hay que cambiarla cada año. Las vacunas que han funcionado mejor son las de infecciones que se pasan una vez en la vida, y no se parecen mucho al perfil de este virus. Es necesario invertir en la vacuna, claro está, pero la historia nos dice que hay muchas dificultades para encontrarla». 

Castro reconoce cierto «escepticismo», aunque admite «que nunca se había investigado tanto y con tantos recursos en tan poco tiempo, lo que da esperanza». Prevé, además, un largo tiempo en el que la vacuna convivirá con las restricciones, al menos en parte, de esta nueva normalidad: «La vacuna es algo ahora mismo cargado de misterios. Tenemos que planificar igualmente nuestra vida. Cuando aparezca, habrá que saber si es eficaz o no, después no se podrá vacunar todo el mundo… Será una ayuda más, un escalón más de protección, pero nos costará dejar de lado las mascarillas».

«Todo es incierto. Quizás tengamos una vacuna que no sea tan efectiva como nos pensamos»

Castro cree que «la total normalidad se tiene que olvidar, porque la pandemia nos ha dado algunas lecciones»: «Coincidir en las grandes superficies comerciales, en grandes espacios… todos esos hábitos serán difíciles de recuperar». 

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