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El 9% de las empresas de Tarragona dicen haber sufrido boicot por la situación política

Tarragona es la provincia con más repercusión, según datos de Pimec. Son casos aislados, pero algunos afectan a contratos importantes

Raúl Cosano

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El boicot a empresas tarraconenses es puntual y muy limitado. Foto: Lluís Milián

El boicot a empresas tarraconenses es puntual y muy limitado. Foto: Lluís Milián

Una empresa de Tarragona iba a empezar la campaña para realizar transportes cuando se topó con el sorprendente aviso comunicado por quien debía contratarle: «No vamos a trabajar más con compañías de Catalunya». Se quedó sin una importante facturación, lo que le obligó de inmediato a buscar alternativas para mantener el volumen de negocio. 

El caso es puntual y aislado, aunque real y contextualizado en la situación política que se vive en torno a la independencia. «Hay algún caso, pero es simplemente eso: casuística. Pero no hay nadie que diga que haya perdido el 30% de la facturación por esto. Siempre hay casos de boicot pero son muy ocasionales», afirma Josep Joaquim Sendra, presidente de Pimec en Tarragona. 

Hay empresas que confirman que han sufrido recientemente algún tipo de boicot, aunque son reacias a dar más detalles. En otras ocasiones, el intento de boicot ha precisado de una negociación intensa. Hay compañías que han gastado mucho esfuerzo en explicar a la otra que no tenía sentido tomar una decisión de esa índole. En general, los sectores empresariales no tienen constancia de que el boicot sea algo que preocupe a las firmas. «No nos consta, no hemos recibido ningún tipo de queja ni de reclamación. Lo que queremos es que las empresas funcionen y vayan por todo el mundo», comentan fuentes de la Cambra de Comerç de Tarragona, que añaden: «El boicot es una acción realmente estúpida, y más en este mundo tan globalizado de hoy en día. Supone pegarte un tiro en el pie». 

Sendra, desde Pimec, también considera que un boicot limitado a lo local o lo regional es un sinsentido: «Estamos en una economía global, donde en la elaboración de un producto pueden intervenir componentes de muy diferentes lugares. Tener la oficina en Madrid, trabajar con proveedores de fuera, que el marketing te lo haga una empresa catalana… todo se mezcla, estás trabajando con gente que puede ser de cualquier lugar del mundo». 

Una encuesta de Pimec Comerç indica que el 8,89% de los comercios tarraconenses admiten haber experimentado algún tipo de boicot, frente a un 91,11% que sostenían lo contrario. 

Son datos que ilustran una escasa afectación, si bien es verdad que Tarragona aparece, en ese informe, como la provincia de Catalunya más perjudicada. Ese 8,89% está por encima de la media catalana de marcas y establecimientos que aseguran haber sufrido boicot (7,09%) y del resto de provincias. Lleida registra un 7,50%, por el 5,08% de Girona y el 7,11% de comercios de Barcelona que dicen haber sido objeto de un boicot debido a la coyuntura política. 

Un ‘tiro en el pie’
La misma expresión que emplea la Cambra, «un tiro en el pie», es la que utilizó el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, que reconoció que hacer boicot a los productos catalanes «representa un gravísimo error estratégico de presente y de futuro». Políticos y empresarios, entre otros sectores, se esmeran en que el boicot no prospere, conscientes de que conlleva efectos perniciosos para la economía de toda España. Censurar la compra y la adquisición de productos por el hecho de ser catalanes generará un efecto boomerang en otras comunidades que tienen relaciones comerciales con Catalunya.

Josep Lluís Aymat, director de la Federació Empresarial de Transport de Tarragona, conoce casos de boicot, pero igualmente puntuales. Habla de la anulación de «un contrato importante» para una firma tarraconense e incide también en el sinsentido de este tipo de iniciativas: «En primer lugar, estás asociando a una marca catalana con la independencia, dando a entender que todos los catalanes son independentistas. En segundo lugar, si tú consideras que Catalunya también es y debe ser España, ¿por qué la perjudicas de esa manera dejando de comprar o de contratar algo que sea catalán?. No tiene sentido». 

Aymat sostiene que más preocupación hay en el sector por la cuestión de la estabilidad y la incertidumbre. «Sí que hemos recibido ofertas interesantes para deslocalizar a las empresas de aquí. Son planteamientos de diferentes regiones de España para hacer todos los trámites de traslado. Eso sí es una cuestión que estas semanas ha tenido más presencia», añade Aymat. 

Sólo algunos ejemplos sirven para evidenciar la compleja y amplia red de proveedores que trabajan a nivel comercial entre unas empresas y otras. Conesa, empresa extremeña de transformación del tomate, suministra a Casa Tarradellas para sus pizzas. A su vez, los frutos secos que venden firmas como Borges proceden en muchos casos de Aragón, Murcia o Extremadura. 

Tanto redes sociales como servicios como WhatsApp se han llenado en las últimas semanas de ‘pásalos’ llamando al boicot de lo catalán. Incluso se difunden listas con marcas teóricamente a favor de la independencia como Gallina Blanca, Cola Cao, Nocilla o Cuétara. Por el momento, pese a esos intentos, el boicot se reduce a casos anecdóticos y muy concretos.

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