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El 90% de las familias que atiende Cruz Roja en TGN sufre inseguridad alimentaria

A pesar de que los padres se quitan el bocado de la boca para dárselo a sus hijos, la dieta de los menores en los hogares vulnerables es cada vez más pobre e insuficiente
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Los comedores escolares se han convertido en el lugar donde muchos niños hacen la principal (a veces, la única) comida del día. Foto: Pere Ferré

Los comedores escolares se han convertido en el lugar donde muchos niños hacen la principal (a veces, la única) comida del día. Foto: Pere Ferré

Hasta ahora el concepto de ‘inseguridad alimentaria’ sólo se empleaba en el ámbito de la cooperación internacional. Ahora Cruz Roja se ha visto obligada a hacer estudios para medirla entre nuestra población, para comprobar con datos lo que ya sabían al conversar con las personas que acuden a la entidad a pedir ayuda. Los resultados, adelanta el presidente de la entidad en Tarragona, Vicenç Gabriel, son preocupantes.

Se entiende por seguridad alimentaria como el «acceso físico, social y económico en todo momento a alimentos suficientes, agradables, nutritivos y saludables». En el marco de un estudio que se llevó a cabo en toda Catalunya, Creu Roja realizó una encuesta a 253 familias usuarias de sus programas de lucha contra la pobreza de la demarcación, todas con hijos menores de 12 años para medir este concepto.

El resultado es que el 90% de las familias de Tarragona atendidas padecen algún grado de inseguridad alimentaria. En un 31,6% es leve, es decir, hacen ajustes en el presupuesto que afectan la calidad de la dieta. En el caso del 41% es moderada: los adultos limitan la cantidad y la calidad de los alimentos que consumen. Finalmente, en un 17% de las familias es severa: afecta a la cantidad y calidad de los alimentos que consumen los niños. Valga destacar, además, que en 37 familias encuestadas(el 14,6%) en los últimos tres meses algún menor tenía hambre y no pudo comer por falta de dinero.

Es un indicio elocuente de la gravedad de la situación, porque, tal como explica Pilar Millán, responsable del Observatori de Vulnerabilitat, los padres siempre intentan, por todos los medios, servir de contención para que las dificultades no lleguen a sus hijos, es decir, se quitan el bocado de la boca para dárselo a ellos.

El estudio midió, además, la calidad de la nutrición que reciben estos niños (sólo los niños, los padres suelen hacer más sacrificios) y su adecuación a la dieta mediterránea. En el 55% de las familias encuestadas la dieta necesita mejorar; en el 5,1% es de baja calidad y en el 40% la calidad es adecuada.

El cruce de ambas encuestas demuestra, además, que cuando es más grave la inseguridad alimentaria, peor es también la calidad de la dieta.

 

Trabajadores y pobres

Otro de los datos reveladores del estudio tiene que ver con los ingresos de las familias. En el 60% de los casos cuatro miembros viven con menos de 500 euros al mes. Destacan dos porcentajes: un 20% que no tiene ningún tipo de ingresos y otro 20,2% que tiene empleo, pero su salario no es suficiente para cubrir sus necesidades básicas. Es un nuevo perfil, advierte Anna Sabaté, coordinadora provincial de Cruz Roja en Tarragona, el de los trabajadores pobres.

Con el dinero que entra en su casa la primera prioridad de los hogares es pagar la vivienda; la segunda, la alimentación.

Así, pues, no es de extrañar que sólo la mitad, el 54% pueda hacerse cargo de la alimentación con recursos propios. El 30,4% depende de donaciones de entidades y el 14,2% de familiares y amigos. «es una presión muy grande para las entidades, reconoce Sabaté, quien considera que las familias que atienden, las más vulnerables, tardarán años en volver a una situación normalizada.

 

El papel de la entidad

En lo que se refiere a la alimentación, Cruz Roja desarrolla en Tarragona distintos programas. El más conocido es la entrega de excedentes de alimentos de la UE. No obstante, estos años han demostrado que con estos alimentos secos no es suficiente para tener una nutrición adecuada durante largos períodos de tiempo. Por ello pusieron en marcha un programa de tarjetas prepago. El año pasado se distribuyeron en la provincia tarjetas por valor de 30.400 euros. Es una forma de que las familias accedan a alimentos frescos, pero también de que, con la confidencialidad que otorgan las tarjetas, puedan comprar lo que realmente necesitan.

Estas tarjetas también se entregan a las familias en época de vacaciones escolares, ya que un porcentaje muy importante de los niños hace la comida principal en el comedor de su escuela.

También han iniciado una prueba piloto en el Baix Penedés para ayudar a las familias de 30 estudiantes de secundaria, un colectivo que queda desprotegido ya que en los institutos no hay comedor escolar.

Igualmente ofrece ayudas en alimentos para la primera infancia y pañales.

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