El Ateneu de Tarragona cumple 30 años

Cultura. El Ateneu de Tarragona celebra su 30º aniversario con la décima edición de la ‘Festa del Soci’, que se realizará esta tarde a las 19 horas en su local

JÚLIA VIDAL

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El Ateneu de Tarragona cuenta con alrededor de 300 socios y organiza más de 150 actividades fijas cada año. FOTO: ATENEU DE TARRAGONA

El Ateneu de Tarragona cuenta con alrededor de 300 socios y organiza más de 150 actividades fijas cada año. FOTO: ATENEU DE TARRAGONA

El Ateneu de Tarragona celebra este año su 30º aniversario desde su segunda aparición en 1989, y para celebrarlo organizan esta tarde la décima ‘Festa del soci’. Por ello, nos remontamos a sus inicios y a toda la historia que ha aportado a la cuidad. «No somos un ateneo de centenario, pero sí que tenemos fama de ser activos y muy bien considerados», explica su presidente, Jordi Freixa.

Los inicios

El origen del Ateneu de Tarragona se remonta a mediados del siglo XIX, cuando se crearon diferentes asociaciones para dar estudios y oficios a los hijos de los obreros. El de Tarragona se fundó el año 1863, cuando un grupo de profesionales de clase media formaron lo que se llamó el Ateneo Tarraconense de la Clase Obrera, situado en la Rambla Nova. Con los sucesos del año 1936, la asociación dejó de funcionar y el edificio quedó en manos de la Falange. «Todo desapareció», explica triste Freixa. Pero en 1989 un nuevo grupo consiguió recrear el ateneo, que pasó a llamarse Ateneu de Tarragona, del que celebran este año el 30º aniversario. «Aunque no fuéramos herederos directos de aquel Ateneo Tarraconense de la Clase Obrera, fuimos aceptados en la Federació d’Ateneus de Catalunya, que obtuvo la Creu de Sant Jordi el año 2017 y ha recibido el Premi Nacional de Cultura 2019», comenta su presidente.

Freixa ha estado siempre muy cerca del Ateneu, empezando por su madre y su tía, que aprendieron costura en el que fue el Ateneu Tarraconense de la Clase Obrera, y gracias a ello posteriormente su tía fue a Barcelona a hacerse modista de alta costura. Freixa destaca que «el maestro Pere Godall, que fue un gran pianista de la ciudad, también aprendió a tocar el piano en el primer ateneo». Freixa es socio desde el año 1989. «Pagaba mi cuota y recibía mi revista, que por cierto, somos la única asociación que mantiene un boletín informativo cada mes desde su fundación». El año 2004 empezó a trabajar para la asociación, pasó a formar parte de la junta y finalmente desde hace doce años «tengo el honor de ser el presidente», explica.

Lógicamente, desde el siglo XIX las cosas han cambiado. Freixa sostiene que «aunque actualmente existen muchas vías de aprendizaje asequibles para todos, la filosofía de los ateneos es la misma: fomentar el arte, la cultura, el país y el reencuentro entre las personas». El Ateneu de Tarragona tiene unos 300 socios de todas las edades, «aunque los que más lo disfrutan son personas que ya tienen la vida hecha y pueden aprovechar para hacer aquello que a lo mejor en su vida profesional no han podido», dice Freixa. También pueden presumir de programa, porque tienen más de 150 actos fijos al año, más todas aquellas actividades que se realizan de forma habitual, como son la meditación, baile en línea, tango, exposiciones, literatura, habaneras, baile social… con una media de entre 40-60 personas por actividad. Dentro de estas destaca el Niu d’Art, un festival musical que realizan cada mes con actuaciones de los mismos socios, o la milonga de tango, que «curiosamente nos ha traído gente de todo el mundo», explica Freixa. Se trata de una asociación sin ánimo de lucro, y se financian básicamente con la cuota de los socios. «Antes de la crisis, las cuotas eran un poco más suculentas… a partir de ahí tuvimos que tomar más iniciativas, pero sigue siendo nuestra base», que son 5 euros al mes.

El edificio

El local del ateneo está situado en la calle Sant Magí, el número 4, delante del Teatre Romà. El edificio tiene historia: había sido Banco de España, una bodega de vino y hasta un refugio en la Guerra Civil. Aún guardan cubos donde hacían el mismo vino, y el presidente cuenta que «algún visitante aún huele el vino de las bóvedas». Para conservar la esencia de lo que también fue un refugio, en la entrada guardan una cartulina original en la que se puede leer ‘Refugio de la Guerra Civil’.

Por lo que respecta a todo lo relacionado con la cultura y las personas, Freixas opina que «aunque en nuestro caso no podemos quejarnos, conseguir promoción cuesta: las instituciones deberían estar más implicadas con las asociaciones en general».

Aun así, el Ateneu de Tarragona ya lleva treinta años en marcha, y sus 300 socios quieren celebrar todo el camino que poco a poco han ido creando. Por ello, invitan a todos a participar en la décima edición de la ‘Festa del Soci’ y celebrar con ellos esta fecha tan especial y que guarda tanta historia.

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