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El Ayuntamiento de Tarragona espera tener acabado el mapa acústico en otoño

A partir de entonces, planea reunirse con los diferentes grupos de la ciudad para consensuar una ordenanza clara

Amalia Alonso

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La plataforma Farts de Soroll a la Part Alta y los impulsores de Tarragona Loves Music coinciden en que el problema es la saturación. Foto: peré ferré

La plataforma Farts de Soroll a la Part Alta y los impulsores de Tarragona Loves Music coinciden en que el problema es la saturación. Foto: peré ferré

Las denuncias de los vecinos, por un lado, y los músicos callejeros, por otro, han puesto el foco en la necesidad de un mapa acústico de la ciudad. En la actualidad, Tarragona es la única de las cuatro capitales catalanas que no dispone de este documento aunque es obligatorio desde 2005. Además, juntamente con el L’Hospitalet de Llobregat, es también la única de más de 100.000 habitantes sin él. «Hasta ahora no era prioritario pero la realidad de la ciudad demuestra que es necesario, al fin y al cabo, Tarragona es una ciudad mediterránea y con mucha vida en las calles», explica Josep M. Prats, el concejal de Cultura.

El objetivo de este mapa es ubicar el ruido y los valores de emisión acústica en las diferentes zonas urbanas. Esta representación también tiene en cuenta el periodo del día y distingue entre mañana, tarde y noche. La herramienta será útil para marcar las calles que pueden acoger más, o menos, locales de ocio nocturno o espectáculos al aire libre, por ejemplo. «Será una fotografía de la realidad y las necesidades de la ciudad», afirma Prats.

El Ayuntamiento ha encargado el estudio y la creación de un mapa acústico a una empresa externa y prevé que estará acabado en otoño. Una vez el proyecto esté finalizado, pretende reunirse con las asociaciones de vecinos de la ciudad, la plataforma de músicos y los distintos grupos políticos para consensuar una ordenanza clara. «Les iremos convocando a mesas de diálogo para que todos juntos podamos hacer un análisis de la foto de los ruidos y nos demos cuenta de la realidad que se vive en las calles», comenta Prats. «Por ese motivo nos hemos dado margen hasta primavera, para que la próxima temporada empiece con un control definido», continúa.

Desde la plataforma vecinal Farts de Soroll a la Part Alta aseguran que ellos no van en contra de nadie, ni de ningún bar en concreto ni de los músicos en la calle, tan sólo piden que existan unos límites respecto a los espacios, las horas y el volumen. «Cuando nos quejamos por el ruido, nos dicen que los músicos quieren actuar en la calle, y cuando los músicos piden permisos para tocar, les dicen que los vecinos necesitan descansar», asegura Marc Suanes, portavoz de Farts de Soroll. «No van a conseguir que nos enfrentemos», añade. La asociación se ha reunido de manera informal con los impulsores de la campaña Tarragona Loves Music, «por una normativa objetiva y transparente para la música en la ciudad», y ambos grupos coinciden en que el problema es la saturación. «No es racional que en un mismo espacio haya cuatro conciertos en una semana y, en cambio, otras zonas se conviertan en un desierto musical», se queja Marc.

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