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Tarragona CRÒNICA

El ‘Big Data’ de los romanos

Los tabularium contenían miles de datos de los ciudadanos

Diari de Tarragona

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Un momento del espectáculo Tabularium de ayer por la mañana. FOTO: Pere Ferré

Un momento del espectáculo Tabularium de ayer por la mañana. FOTO: Pere Ferré

Pergaminos, rollos de papiro, tabletas de cera, armarios y una cantidad ingente de datos y más datos sobre el día a día de los ciudadanos. La burocracia nació en el Imperio Romano. Así pudieron constatarlo los asistentes que acudían ayer al espectáculo Tabularium, que tenía lugar en el Recinte Firal del Palau de Congressos de Tarragona, dentro del programa del festival Tarraco Viva.

La representación se hacía en uno de los laterales de la gran plaza del foro, que representa uno de los escenarios centrales de esta vigésimo primera edición del festival. 

Enric Seritjol, responsable del grupo de recreación Projecte Phoenix, ejercía de presentador del acto. Mientras la narración iba avanzando, los actores iban saliendo al escenario, mostrando al público cómo podía ser uno de estos grandes archivos del Imperio.

Los romanos fueron precursores de muchas cosas. También del big data. Y es que en los Tabularium podía encontrarse información prácticamente de todo. Sobre el registro civil, el catastro, el censo, los bienes y un largo etcétera de información se iba acumulando y renovando periódicamente. «El tráfico de documentos era brutal», afirmaba Enric Seritjol.

El punto de partida de todo esto podría situarse en los mapas. «El conocimiento geográfico y cartográfico era útil de cara a las campañas militares», seguía explicando este especialista en el mundo romano.

Así lo consideró Julio César y lo continuó tras su asesinato el emperador Augusto. Obsesión por el poder y también por el control. Así que, de los mapas se pasó a los registros, una herramienta indispensable para cobrar los impuestos y obtener los recursos necesarios para dotar el Imperio de infraestructuras, como la Vía Augusta, o hacer el alcantarillado de Roma. 

Pagar para los orines

«Los romanos eran muy supersticiosos y pagaban impuestos para todo», seguía explicando Seritjol.  Al emperador Vespesiano se le atribuye una de las ideas más delirantes. En su obsesión por obtener fondos, creó una tasa sobre los orines, que se utilizaban como amoníaco para lavar la ropa. 

Cada ciudad tenía su mapa y a partir de éste podían cobrarse los impuestos. Y los que manejaban toda esta información eran los escriba, lo que vendrían a ser los funcionarios del Imperio, que también tenían que pasar una prueba para acceder al cargo. Pero los datos son poder, y estas personas conocían todas las propiedades de su vecindario. «La información vale dinero. Así que también hacían en egipcio y ya se cobraba para obtener una propinilla», argumentaba Enric Seritjol.

«Todo esto se parece mucho a la burocracia arcaica que teníamos en los años setenta o ochenta», comentaba con su mujer Josep Prats. 
 

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