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Tarragona El Camp de Tarragona necesita un nuevo modelo de transporte público

El Camp de Tarragona necesita un nuevo modelo de transporte público

Al sistema deficitario que hay en la actualidad hay que sumarle la nueva centralidad que adquirirá la estación del AVE el año que viene, así como el despegue definitivo del aeropuerto

Núria Riu

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La estación de autobuses de Tarragona. Foto: pere ferré/dt

La estación de autobuses de Tarragona. Foto: pere ferré/dt

Los cambrilenses que quieran utilizar el autobús para llegar a la estación de Camp de Tarragona, necesitan 1 hora y 25 minutos. Desde Reus es un trayecto de 40 minutos, cuando la distancia es de apenas 15 kilómetros, mientras que hay combinaciones que no vale la pena ni plantearse. La movilidad en transporte público en este núcleo central del Camp de Tarragona es una de las grandes asignaturas pendientes. La puesta en funcionamiento de los autobuses Exprés ha supuesto una mejora. Sin embargo, si a partir del año que viene la estación de La Secuita-Perafort gana centralidad, con el incremento de servicios, mejorar la conectividad se ha convertido en una cuestión que no puede seguir aplazándose.

El portavoz en el Camp de Tarragona de la Associació per a la Promoció del Transport Públic (PTP), Daniel Pi, lamenta que «el principal problema es que tan solo utilizan el autobús los usuarios que no tienen otro remedio». Denuncia que la información en general «es pésima», que hay paradas, como la de Bellissens, con una importante cifra de usuarios y que en cambio tan solo tienen una hoja de papel como única señalización. También lamenta que  en las páginas web, hay operadores que no dan información sobre el horario de llegada o que lo condicionan según el tráfico. «Esto ya deberían contemplarlo, ya pueden hacer un cálculo según la hora de si van a tardar más o menos», argumenta. 

Font hace un llamamiento para que ‘salga un instrumento’ desde el territorio

Daniel Pi puntúa el servicio de autobús en el Camp de Tarragona con una nota de tres sobre diez. «La Generalitat ya puede seguir poniendo dinero, pero aquí tenemos un problema grave, los operadores no cumplen. Hasta que no haya capacidad inspectora y sancionadora cualquier esfuerzo es inútil. Es un problema estructural de las empresas y de que no se sanciona», lamenta.

Imagen de archivo de la estación de autobuses, donde el acusado habría tenido un altercado con una persona. Foto: Lluís Milián
Imagen de archivo de la estación de autobuses. Foto: Lluís Milián


La administración catalana es consciente de que la movilidad en el Camp de Tarragona no está resuelta, y que hay elementos que no están bien ligados. Reconoce que se está trabajando para mejorar las comunicaciones con la estación del AVE, teniendo en cuenta que a partir del año que viene pararán allí los Euromed entre València y Barcelona. Aunque este no es el único elemento determinante. 

Un nuevo escenario
El secretari general de Mobilitat, Ricard Font, describe que «se abren perspectivas importantes en el Camp de Tarragona que deben traducirse en una evolución en el sistema de transporte público». Apunta como factores clave los cambios a nivel ferroviario que comportará la inauguración del desdoblamiento de la línea Vandellòs-La Secuita, también que el aeropuerto de Reus pueda posicionarse como la cuarta pista del aeropuerto de El Prat, así como el desarrollo del complejo de ocio Hard Rock Entertainment World. Un conjunto de aspectos que inevitablemente comportarán nuevos desplazamientos y el transporte público no puede quedar ajeno.
Por lo que Font hace un llamamiento para que «salga un instrumento de planificación que contemple todas estas nuevas necesidades». Habla de la importancia de «religar» el conjunto del «entorno metropolitano». Justifica que éste es un ámbito «con una demanda acreditada». Por lo que apela a las ciudades para que «abandonen la visión individual, para empezar a trabajar de forma conjunta». Y esta visión global debe servir para concebir un nuevo sistema integrando de transporte por carretera, así como también con los servicios ferroviarios.

La administración catalana se ha puesto en la cabeza en algunos aspectos. Está trabajando con los operadores para introducir mejoras en el servicio de autobús de la estación del AVE, así como también tiene en fase de estudio la reconversión de la actual línea de costa en un tren ligero (tranvía), cuando ésta quede desafectada. Sin embargo, insiste en que la propuesta debe salir «desde el territorio». «No se trata de reconsiderar la movilidad sino de consensuar el modelo que todos queremos y el reto está en no abordar una mejora de los servicios municipio por municipio sino de todo el Camp de Tarragona en su conjunto.

Entrada a Tarragona desde la T-11. Foto: Pere Ferré
Entrada a Tarragona desde la T-11. Foto: Pere Ferré

El año que viene pasarán cosas, por lo que debemos pensar en cuál es el modelo que queremos, qué papel debe jugar la T-11 en el desarrollo económico de este territorio y mirar también hacia Europa para ver lo que está haciendo», describe el número dos del Departament de Territori i Sostenibilitat.
En este debate, más allá de la planificación, también deberán cuestionarse los instrumentos de gobernanza. Ahora existe la Autoritat Metropolitana de Transport (ATM) que preside en director general de Transport i Mobilitat, Pere Padrosa, y en el que están los representantes los Ayuntamientos. Sobre el papel de este organismo, Font defiende que «el instrumento lo tenemos, lo importante es encontrar las soluciones».

¿La EMT al AVE?
Este nuevo punto de partida debe permitir poner encima de la mesa posibilidades como que los autobuses municipales puedan llegar a la estación del AVE, una propuesta que el Ayuntamiento de Tarragona solicitó hace unos años, pero que quedó en un cajón, ya que los vehículos no podían salir del término municipal. Un problema que no existe en El Prat, donde los autobuses de Barcelona sí que tienen esta conexión.
El Govern insiste en que se están teniendo conversaciones con los diferentes municipios. «Debemos poder tener una propuesta encima de la mesa a principios de año», manifiesta Ricard Font.
Para tejer un sistema conjunto habrá que limar algunas asperezas. Primer de todo, el gran reto será que el servicio sea lo suficientemente competitivo para trasvasar los conductores al servicio público. Y, por otro, determinar en cada caso si el mejor sistema son los autobuses convencionales, los lanzadera, las cercanías o si en un futuro pueden plantearse nuevas modalidades como el tranvía. Y en este escenario también intervendrán los operadores. 

El Govern quiere tener una propuesta encima de la mesa ‘a principios de año’

Josep Albert Vallcorba es el gerente de la empresa de autocares Plana. Defiende que el autobús es el único sistema que permite «la capilaridad» dentro de las ciudades. «El camino a seguir es que realmente podamos alcanzar un tiempo de viaje equivalente al vehículo privado». Y, en este sentido, Vallcorba defiende que el tranvía no será una opción. «Es un sistema muy rígido, por lo que no habrá una masa crítica suficiente», apunta. La empresa dice que, con el coste que supondría, «nos saldría más a cuenta regalar un coche a los usuarios». Y estos puntos de vista son los que deberán estudiarse.

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