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El Club Vaixell quiere más manos para remar más fuerte

Inclusión. El Club Vaixell lleva medio siglo como punto de encuentro de personas con discapacidad. Ahora necesita más voluntarios

NORIÁN MUÑOZ

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En el club participan unas ochenta personas y todas las actividades las realizan voluntarios. FOTO: PERE FERRÉ

En el club participan unas ochenta personas y todas las actividades las realizan voluntarios. FOTO: PERE FERRÉ

Aquí no se perdonan los saludos. En los bajos del número 11 del Carrer Taquígraf Martí el tiempo pasa diferente, no hay prisas y nada importante comienza hasta que los amigos se abrazan con sincera alegría y se repasan todas las novedades.

Arranca una tarde de sábado más en el esplai del Club Vaixell. Una veintena de personas jóvenes y adultas, con diferentes grados de discapacidad psíquica y física, se disponen esta vez a hablar de un tema omnipresente: el uso del móvil y de las redes sociales. Un rato más tarde vendrán los Mossos a darles una charla al respecto. Una pregunta desata las risas: «¿Y vendrán en el coche patrulla?».

Sí, aunque el tema es serio, el humor aquí nunca falta. Txell Gutiérrez, estudiante de educación infantil, una de las voluntarias, cuenta que «venir aquí me da la vida. Da igual lo que me haya pasado fuera o si me he enfadado con alguien; es llegar aquí y cambiar el chip... Esto me ha dado aprendizajes muy valiosos. Más de una vez vivo alguna situación y me pregunto: ¿Esto realmente es un problema?».

Una idea rompedora

El club lleva más de 50 años dedicándose a dar alternativas de ocio a personas con discapacidad. Todo comenzó con Mossén Tomàs, quien en los años sesenta pensó que los chicos del Col·legi Sant Rafael también tenían derecho a salir de colonias. «En aquel momento aquello fue súper rompedor, hoy todo está mucho más normalizado», señala Gutiérrez.

Hoy cuentan con unos 80 participantes. Se encuentran cada tarde, de lunes a sábado, en actividades fijas: los lunes toca refuerzo escolar; los martes, deportes; los miércoles, catequesis; los jueves, expresión corporal; los viernes, teatro (El Teatre Ganyotes ya tiene más de 20 años), y los sábados, el esplai. Todo movido, íntegramente, por voluntarios.

Y, justamente, esa es una de las preocupaciones del club. Comienzan a hacer falta más manos, sobre todo los sábados. De media cuentan con unos 25 participantes, de entre 17 y 40 años, y tienen cinco monitores.

Con el grupo actual tienen capacidad para realizar actividades en el local, pero se hace más difícil los días que quieren acometer otras actividades fuera y que les gustan mucho, como salir a tomar un café, ir al teatro o a ver una exposición, por ejemplo.

Y, ¿qué hace falta para ser voluntario? «Pues tener ganas, quitarse etiquetas de la cabeza y venir con la mente abierta», dice Gutiérrez. El perfil de los voluntarios es de lo más variado, la mayoría son estudiantes. Algunos tienen el título de monitor de lleure, pero no es necesario. La idea es que los interesados sean mayores de edad y que dispongan de algunas horas. De lunes a viernes el club abre entre las 17.30h y las 20.00 h y los sábados, de 17.00 h. a 20.00 h.

En la sala los chicos, como les llaman independientemente de la edad, siguen con su conversación sobre qué hacer si alguien que no conocen quiere seguirles en Instagram. Les preguntamos qué les motiva a venir cada sábado y la respuesta, unas veces con palabras y otras con gestos, es siempre la misma: los amigos.

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