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El Coll de Lilla tendrá un coste adicional de 31 millones

Las arcillas expansivas obligan a modificar el proyecto, que ahora deberá recibir el visto bueno del Consejo de Estado. Las obras como mínimo tendrán que esperar hasta fin de año

Núria Riu

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Las obras de la futura autovía A-27 desde el Coll de Lilla. FOTO: lluís milián

Las obras de la futura autovía A-27 desde el Coll de Lilla. FOTO: lluís milián

Cuando en noviembre de 2016 el Ministerio de Fomento anunció que retomaba las obras para llevar a cabo el último tramo de la A-27 entre Valls y Montblanc, y que éstas terminarían en 2019, se dejó llevar por el optimismo. Dieciséis meses más tarde, los trabajos avanzan de forma tímida en un punto muy concreto de la zona de Fontscaldes. Y durante este año no habrá importantes cambios.

El motivo es que se está tramitando un modificado en el proyecto de construcción del túnel del Coll de Lilla y en el tramo de la Conca de Barberà por culpa de la presencia de las arcillas expansivas. Esto supondrá un coste adicional de 31 millones de euros sobre una obra que se adjudicó el 4 de julio de 2008 por 84 millones de euros a la empresa Acciona Infraestructuras. Con todo, la inversión superará los 115 millones de euros. Se trata de un incremento del 30% y, por tanto, según la legislación que había vigente en el momento en el que se adjudicó la obra, al tratarse de un importe superior al 20%, se exige que tenga que tener un trámite especial. Y esto supone que el Consejo de Obras Públicas del Consejo de Estado tiene que emitir un informe especial y, posteriormente, el Consejo de Ministros también deberá dar luz verde definitiva. Después tan solo faltará que se dote presupuestariamente la obra para que finalmente pueda seguir adelante.

Hasta finales de año

La semana pasada, a raíz de una pregunta del diputado tarraconense del PSC en el Congreso, Joan Ruiz, el secretario general de Infraestructuras, Manuel Niño, aseguraba que «espero que –estos informes del Consejo de Estado– queden culminados a lo largo de este año». Niño reconoció también que, una vez se apruebe el modificado, «habrá que adaptar el plazo correspondiente».

Esquema de una de las bocas del túnel.

Este modificado de proyecto, que se aprobó el pasado 22 de diciembre de 2017, estará hasta finales de mes en fase de exposición pública. Los cambios que se han introducido vienen dados después de que se han completado los estudios geotécnicos. A pesar de que aún no había empezado a excavarse el túnel ya se sospechaba de la presencia de arcillas expansivas en la zona –sobre todo a raíz de los problemas que éstas ocasionaron en el barranco del Candi– y de anhidrita, dos materiales que provocan grandes dificultades en cualquier obra. Ahora, cuando se han completado los estudios del terreno, se ha podido saber que el túnel –de 1.567 metros de longitud– está afectado por estas arcillas. Estos materiales se encuentran en los últimos 500 de la boca de Montblanc, obligando a modificar el sistema constructivo.
Según el método convencional, cuando se excava un túnel se va creando una capa de hormigón en la parte superior y en los laterales, para aguantar las paredes, que tiene el aspecto de una U al revés. En el caso del túnel del Coll de Lilla va a revestirse una circunferencia elíptica con una capa de cincuenta centímetros de hormigón y acero en la parte superior, siendo tres veces más gruesa en la parte inferior. Tal como puede verse en la imagen superior, este mecanismo debe permitir que la presión de las arcillas expansivas –que se contraen o se dilatan según las variaciones de humedad– no afecten a la superficie de la autovía.

El túnel mantendrá las dos bocas, una por cada sentido de la marcha, con dos carriles en cada una de éstas.

Un terrapleno de cemento

La presencia de estos materiales se ha detectado también en un segundo punto. Aproximadamente a unos 500 metros de la boca del túnel, en dirección Montblanc, se constató que las arcillas vuelven a aparecer. Se trata de una zona, en el barranco de Lilla, en la que se proyectó un viaducto de unos 250 metros de longitud. De acuerdo con el nuevo proyecto, no se construirá un viaducto sino que se adoptará la misma solución que en el Candi, y se habilitará un terraplén de cemento, que debe mantener firme el trazado de la carretera.

En los metros finales hasta la capital de la Conca no se detectó la presencia de materiales en el subsuelo que alteren el proyecto inicial.

Tres años de obras

Quedan interrogantes aún por resolver. No hay una respuesta firme por parte del Ministerio de Fomento sobre si finalmente podrán circular por el túnel los camiones de mercancías peligrosas. En su respuesta, Manuel Niño describió que «se ha realizado un estudio técnico que incluye un análisis de riesgos que está siendo en este momento analizado por la Dirección General de Carreteras para determinar bajo qué condiciones pueden pasar estos vehículos». Aunque ya avanzaba que «a veces se da la paradoja de que el tráfico de mercancías peligrosas, habiendo un túnel, tendrá que seguir pasando por el Coll de Lilla».

Tampoco hay un calendario aproximado de cuándo podrá ser definitivamente una realidad esta conexión desde Tarragona al interior. En el modificado se estima que la duración de las obras será de tres años. Si se da luz verde al proyecto a finales de este ejercicio y las obras empiezan en 2019, en 2021 podría entrar en funcionamiento. Esto siempre y cuando se cumpla rigurosamente con el calendario y se dote de los recursos necesarios en los Presupuestos Generales del Estado. 

Mientras tanto, las obras sí que están avanzando en el extremo de Valls. Los trabajos se concentran en la construcción del viaducto de 27 metros de altura en Fontscaldes, a escasos metros de la boca vallense del futuro túnel. 

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