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El Correfoc Petit, entre el susto y la fascinación

Las chispas más esperadas volvieron a congregar a una pequeña multitud de niños, perfectamente protegidos, a lo largo de la Rambla Nova

Norián Muñoz

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FOTO: Pere Ferré

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FOTO: Pere Ferré

FOTO: Pere Ferré

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FOTO: Pere Ferré

Luís tiene seis años y niega rotundamente con la cabeza cuando se le pregunta si es la primera vez que se mete bajo la lluvia de chispas que lanzan las bestias y los diablos en el Correfoc Petit. Cuenta que lo hace desde hace mucho, pero apenas se le entiende porque lleva sombrero, pañuelo, gafas de bucear...

Está muy orgulloso, pero su madre cuenta que apenas es el segundo año que se atreve. Cuando era más pequeño temblaba en sus brazos viendo el fuego, pero no había quien lo sacara de allí. «Y luego nos tirábamos semanas enteras viendo vídeos del Bou en YouTube una y otra vez en un bucle eterno». (Risas)

El del pequeño Luis es un ejemplo típico del efecto que causan los diablos y las bestias de fuego en los niños. Esta tarde de viernes había tanto de los que apenas sabían andar y bailaban sonrientes bajo el fuego, hasta los que arrastraban a sus padres tratando de huir del lugar entre la humareda y el ruido.

Los niños tras las bestias

Pero antes de que arrancaran las chispas, la emoción contenida estaba entre los niños que bailaban con los diablos, o los que llevaban a las bestias.

Alba Galán González, de 11 años, por ejemplo, era la encargada de llevar al Drac Petit. Reconoce que es una responsabilidad y siente algo de nervios, pero confía plenamente en los compañeros que le indican por dónde tiene que ir. Dice que la bestia pesa, pero no le importa.

A unos pasos de allí también están preparándose Oriol y Guillem, para llevar la Víbrieta. Entre los que participan en la colla pequeña hay niños que apenas levantan del suelo pero ya hacen sonar el tambor. Esa es la primera responsabilidad que se suele tener cuando se entra en el grupo. Luego se pasa a ser de los que ayudan al portador a meterse debajo y, finalmente, si se tiene la constitución y se aguanta el peso se puede llevar a la bestia. Los más mayores, de entre 11 y 14 años son los que se encargan de hacer esta función.

Genís Millán, miembro de la colla, cuenta que la Vibrieta, aunque es pequeña, ya tiene un largo recorrido y ha servido de cantera para que muchos decidan sumarse a los Diables Voramar, encargados de hacer bailar la Víbria grande.  

La Rambla Nova se ilumina

El espectáculo ayer arrancó puntualmente a las 19.30 h. desde el Balcó del Mediterrani con destino a la Plaça Corsini. Por el camino y desde una hora antes, no quedaba ningún banco libre en la Rambla, ocupados especialmente por abuelos y familias con niños.

Los encargados de disparar y hacer bailar a la gente fueron el Ball de Diables Petit, el Drac Petit, el Bou Petit, la Vibrieta y el Griu Petit.
Este año como grupos invitados se encontraban el Ball de Diables Petit de Constantí y el Ball de Diables Infantil de Torredembarra¡ y el Cabrot Petit de El Vendrell. Este último fue de los que se llevaron más miradas de asombro.

En la Plaça Corsini los grupos se juntaron en una carretillada final que hizo las delicias de niños y preadolescentes que bailaban lejos de sus padres con la ilusión de ser mayores por enfrentarse al fuego.

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