El Covid-19 obliga a replantear el modelo de las residencias

Los expertos opinan que las dos claves pasan por integrar servicios sanitarios en los geriátricos, sin convertirlos en hospitales, y en dignificar la profesión de los trabajadores

16 mayo 2020 20:00 | Actualizado a 17 mayo 2020 07:00
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Uno de cada tres fallecidos por Covid-19 era usuario de una residencia. Esto demuestra que el virus ha sido especialmente agresivo para las personas mayores. Su diana perfecta. Conocer el número exacto de residentes fallecidos en los geriátricos del país es tarea casi imposible, pero lo que sí conocemos es que la cifra se aproxima a las 20.000 personas. ¿Es momento de replantearse el modelo actual de las residencias?

La crisis sanitaria a raíz del Covid-19 ha dejado al descubierto los pocos recursos, tanto materiales como personales, con los que cuentan los geriátricos. Las residencias están concebidas como una extensión del hogar, donde las personas mayores van a pasar los últimos años de su vida. Pese a ello, la pandemia ha obligado que estos equipamientos pasaran de ser competencia del departamento de Afers Socials al de Salut. El motivo es que era urgente cubrir las carencias sanitarias de las residencias.

Los hospitales y el gobierno catalán llamaban a todos los profesionales para aportar su granito de arena en los hospitales, dejando sin médicos ni enfermeras a los geriátricos. Ni rastro de respiradores, ni de oxígeno, ni de otros recursos. Los responsables de las residencias han luchado como han podido frente al Covid-19. El resultado son cerca de 20.000 residentes fallecidos en España. Algunas familias que han perdido seres queridos definían estos centros como «casas del horror».

El compromiso y saber hacer de los trabajadores de estos geriátricos es indiscutible. A finales de marzo, la situación en la mayoría de las residencias era devastadora. Las muertes no cesaban y el personal optaba por confinarse con los usuarios para evitar contagiar a sus familias.

Mientras tanto, la Generalitat intervino la gestión de algunas residencias –como es el caso de la Nostrallar de Els Pallaresos y la Ballús de Valls–, con la intención de acaba de una vez por todas con la oleada de fallecidos. A finales de marzo, el departamento de Salut asumía la competencia de estos equipamientos.

Trabajadores y responsables de las residencias aseguran haber vivido un calvario, entre otras cosas, por la escasez de equipos de protección. Lucharon solos y sin recursos frente al Covid-19. La otra parte afectada han sido los familiares. Denuncian la falta de información sobre el estado de salud de sus allegados. En algunos casos, no sabían si sus mayores estaban infectados o no, y a qué nivel, lo que creó una incertidumbre difícil de gestionar.

Con todo lo sucedido, el debate está ahora sobre la mesa. ¿Los geriátricos deben ser hogares u hospitales? ¿La causa de la tragedia es la falta de material de protección o problemas más estructurales, como la falta de dignificación de los profesionales? ¿Ha llegado la hora de cambiar el modelo de residencias? Expertos y representantes del sector hablan de ello.

Integración sanitaria

La clave, según los especialistas en el tema, es la integración sanitaria en las residencias que, hasta ahora, no había sucedido. «La crisis ha puesto en evidencia que las personas mayores tienen derecho a la sanidad universal, como todo el mundo», dice Cinta Pascual, presidenta de la Associacio Catalana de Recursos Assistencials (ACRA), quien quiere dejar claro que «las residencias no son hospitales». Cuando los expertos apuestan por una mayor «integración sanitaria» se refieren a que el sistema de salud debe interesarse por los usuarios de los geriátricos. «Que los médicos y las enfermeras se acerquen a las residencias, que se instale el oxígeno o que la historia clínica del paciente sea compartida entre hospitales y geriátricos», apunta Pascual, como ejemplos del futuro modelo al que aspira como presidenta de ACRA. Pascual argumenta que «el 40% de los residentes que son trasladados al hospital en circunstancias normales es porque necesitan oxígeno». La presidenta de la patronal insiste en que «los geriátricos no pueden convertirse en hospitales, pero deben estar más medicalizadas, teniendo en cuenta el estado de los residentes».

En esta misma línea, Joan Aregio, director adjunto de la Xarxa Sanitària i Social Santa Tecla, opina que el cambio de modelo de estos centros debe pasar por espacios residenciales más amplios, pero con capacidad de generar unidades de convivencia más pequeñas. «Después de esta pandemia, no será fácil encontrar un encaje para las residencias pequeñas, con poca capacidad de dar servicios», valora Aregio, quien añade que «un espacio más grande permitirá un volumen mayor de residentes y, por lo tanto, un entorno con características asistenciales». La integración sanitaria es necesaria porque las personas mayores que ingresan en una residencia son cada vez más dependientes.

Según Aregio, estos espacios deben tener la capacidad de generar unidades más pequeñas de convivencia. «La crisis del Covid-19 ha evidenciado que es muy importante disponer de habitaciones individuales. Por ejemplo, cuando ha llegado el momento de sectorizar una residencia», opina Aregio.

Por otro lado, el sector reivindica dignificar la profesión. «Una auxiliar de geriatría puede ganar trabajando en una residencia 950 euros al mes. Las mismas tareas, pero en un hospital, el sueldo podría aumentar un 35%», asegura Pascual, quien añade que se trata de una reivindicación en la que patronal y sindicatos van de la mano. La presidenta de ACRA lo tiene claro: «Si al personal sanitario de los hospitales se les bonifica, al de las residencias también».

Hay alternativas

Blanca Deusdad, investigadora del Departament d’Antropologia, Filosofia i Treball Social de la URV, habla de que las residencias todavía están muy intitucionalizadas y tienen poco contacto con el exterior. «Parece que se aparta a la gente mayor porque socialmente ya no son productivos», opina Deusdad, quien añade que ahora es el momento de plantearnos cómo queremos envejecer en el hogar. En países nórdicos, se llevan otros modelos, como podrían ser por ejemplo, las viviendas colaborativas o el housing, cuidados a domicilio. Para avanzar en este sentido es imprescindible la inyección económica por parte de las administraciones.

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