El Covid-19 pone al límite a las protectoras de Tarragona

Los centros de acogida y refugios no hacen adopciones porque no hay visitas, pero el ritmo de entradas no frena pese a la pandemia

Jaume Aparicio

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La protectora de Tarragona está al límite de su capacidad por la caída de las adopciones. FOTO: Pere Ferré

La protectora de Tarragona está al límite de su capacidad por la caída de las adopciones. FOTO: Pere Ferré

El confinamiento de la población a causa de la pandemia del coronavirus ha puesto a prueba, aún más, la capacidad de las protectoras de animales. Sin la posibilidad de atender al público, principal canal de las adopciones, el ritmo constante de entradas (abandonos) podría poner al límite muchos centros de protección animal o refugios.

Es el caso de Tarragona. Nuria Güell, tesorera de la Junta de la Protectora de Tarragona, asegura que en el caso de los perros las entradas del pasado fin de semana (14 cachorros) han completado todas las plazas disponibles. «Si vienen más no sé cómo lo vamos a hacer. Tendremos que hacer sitio juntando más perros por jaula. No tenemos otra solución», explica. Más facilidad tienen con los gatos. «Nuestros voluntarios pueden llevarse alguno a casa, no pasa nada por estar con ellos unos días, pero en el caso de los perros es muy difícil», señala Güell que asume una salida más lenta de los perros y gatos que vayan llegando estos días al centro.

Desde el confinamiento solo pueden concretar adopciones telemáticamente. Personas que ya han visto el animal por el Facebook y se ponen en contacto con la protectora para fijar día, hora y lugar para hacer efectiva la adopción. La representante de la protectora tarraconense comenta que se han producido tres y que son «gente que ya tenían pensado adoptar pero al disponer ahora de tanto tiempo en casa han preferido adelantarla», detalla. Es la buena noticia. Un animal de compañía necesita un tiempo de adaptación a la familia y muchas atenciones. Estando en casa 24 horas es más fácil llevar a cabo la aclimatación.

Atención garantizada

El decreto ley del Gobierno de Pedro Sánchez por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 garantiza la atención de animales en fincas y centros de protección animal, así como de las colonias felinas. Los trabajadores pueden acudir con normalidad aunque siguiendo las normas sanitarias. «Los cinco de la junta de la protectora de Tarragona venimos a trabajar siguiendo las recomendaciones», cuenta Nuria Güell. Se guarda la distancia de un metro y medio, el uso de mascarillas y guantes y actividades por separado para evitar en todo momento que dos personas estén en el mismo espacio.

A día de hoy disponen de material de protección, pero deberán racionar. «La veterinaria del centro nos ha advertido de que el proveedor habitual de mascarillas no podrá servirnos más», explica la tesorera de la protectora de Tarragona.

Una de las figuras más importantes en el centro son los voluntarios. Gente que destina parte de su tiempo libre a ayudar a limpiar los espacios de los animales, alimentarles y acompañarlos en sus paseos. En estos días de confinamiento el número de voluntarios estos días ha bajado drásticamente debido al confinamiento. «Necesitamos que vengan», pide Nuria Güell para poder ocuparse de todas las labores.

Aunque la ley sí permite a los animales domésticos salir a la calle para cubrir sus necesidades a los animales de protectoras, centros y refugios no se les deja abandonar sus instalaciones. Güell explica que solo pueden salir al patio al aire libre por turnos. Dos ratos al día, uno por la mañana y otro por la tarde. «Es todo lo que se puede hacer ahora mismo», explica asumiendo que les queda un duro trabajo por delante.

El confinamiento de la población a causa de la pandemia del coronavirus ha puesto a prueba, aún más, la capacidad de las protectoras de animales. Sin la posibilidad de atender al público, principal canal de las adopciones, el ritmo constante de entradas (abandonos) podría poner al límite muchos centros de protección animal o refugios.

Es el caso de Tarragona. Nuria Güell, tesorera de la Junta de la Protectora de Tarragona, asegura que en el caso de los perros las entradas del pasado fin de semana (14 cachorros) han completado todas las plazas disponibles. «Estamos al 100%. Si vienen más no sé cómo lo vamos a hacer. Tendremos que hacer sitio juntando más perros por jaula. No tenemos otra solución», explica. Más facilidad tienen con los gatos. «Nuestros voluntarios pueden llevarse alguno a casa, no pasa nada por estar con ellos unos días, pero en el caso de los perros es muy difícil», señala Güell que asume una salida más lenta de los perros y gatos que vayan llegando estos días al centro. Una situación muy parecida a la que están viviendo en Última Llar de Reus.Circulan por redes sociales llamadas de socorro para atenuar la situación en los centros. Se buscan familias de acogida temporales.

Desde el confinamiento solo pueden concretar adopciones telemáticamente. Personas que ya han visto el animal por el Facebook y se ponen en contacto con la protectora para hacer efectiva la adopción. La representante de la protectora tarraconense comenta que se han producido tres y que son «gente que ya tenían pensado adoptar pero al disponer ahora de tanto tiempo en casa han preferido adelantarla», detalla. Lorena, del Refugi del Baix Camp se decanta por frenar todo tipo de adopciones. «No son seguras», dice. Entiende la predisposición de las familias a tener un animal de compañía durante esta etapa de confinamiento, pero se cuestiona qué sucederá cuando pase y regresen a la rutina.

El decreto ley del Gobierno de Pedro Sánchez por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 garantiza la atención de animales en fincas y centros de protección animal, así como de las colonias felinas. Los trabajadores pueden acudir con normalidad aunque siguiendo las normas sanitarias. «Los cinco de la junta de la protectora de Tarragona venimos a trabajar siguiendo las recomendaciones», cuenta Nuria Güell. Se guarda la distancia de un metro y medio, el uso de mascarillas y guantes y actividades por separado para evitar en todo momento que dos personas estén en el mismo espacio.

A día de hoy disponen de material de protección, pero deberán racionar. «La veterinaria del centro nos ha advertido de que el proveedor habitual de mascarillas no podrá servirnos más», explica.

Una de las figuras más importantes en el centro son los voluntarios. Gente que destina parte de su tiempo libre a ayudar a limpiar los espacios de los animales, alimentarles y acompañarlos en sus paseos. En estos días de confinamiento el número de voluntarios estos días ha bajado drásticamente debido al confinamiento. «Necesitamos que vengan», pide Nuria Güell para poder ocuparse de todas las labores.

Aunque la ley sí permite a los animales domésticos salir a la calle para cubrir sus necesidades a los animales de protectoras, centros y refugios no se les deja abandonar sus instalaciones. Güell explica que solo pueden salir al patio al aire libre por turnos. Dos ratos al día, uno por la mañana y otro por la tarde. «Es todo lo que se puede hacer ahora mismo», explica asumiendo que les queda un duro trabajo por delante.

Desde la Última Llar de Reus, Roman Casanoves pide que una vez haya pasado todo «vengan a los centros de acogida y adopten, porque entonce nos hará mucha falta».

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