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El Mercado de Torreforta se muere

Esta semana cerró una nueva parada y ahora sólo quedan abiertas 6 de un total de 15. El Ayuntamiento se reunirá con los comerciantes y encargará un mural para la entrada

Norián Muñoz

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Lluís Barceló está al frente de la carnicería que su padre, ya jubilado, fundó hace 36 años, cuando se inauguró el Mercat de Torreforta. Hoy Lluís también sueña con jubilarse aquí, pero basta con mirar alrededor para darse cuenta de que su anhelo será difícil de cumplir: el mercado se muere.

Las cuentas no dejan lugar a dudas: de 15 paradas sólo quedan abiertas seis, entre las que se incluye el bar. La última en cerrar es una carnicería que bajó la persiana el lunes pasado. De hecho, ayer todavía había vecinos que se encontraban con la noticia. «Es una pena», decía una vecina estupefacta.

Marisol Bonet está al frente del bar desde hace 24 años, «los cumplí el 5 de este mes», apunta, y señala que desde entonces nunca habían vivido una situación tan crítica. «Aquí hace mucho que no se hace ninguna inversión de ningún tipo», se lamenta.  

Marisol Bonet en el único bar que queda abierto. FOTO: Alfredo González

Ella, que ejerce como presidenta de la asociación de vendedores del mercado, cree que deberían darse más facilidades a quienes estén interesados en abrir una parada. «Entendemos que las condiciones no pueden ser las mismas que nosotros, que tenemos una concesión a cincuenta años y que cuando comenzamos pusimos un buen dinero a fondo perdido», advierte.

Los comerciantes consideran que hoy sería más fácil, simplemente, traspasar y alquilar las paradas, porque de vez en cuando  pasa gente interesándose, «pero las condiciones y todo el papeleo no ayudan a que la gente sea valiente y coja el negocio», señala Lluís Barceló, quien asegura que de parte del Ayuntamiento de Tarragona no perciben más que desinterés, en contraste con toda la apuesta y la inversión que se hizo en el Mercat Central de Tarragona.

Lluís Barceló lleva adelante la carnicería que fundó su padre. FOTO: Alfredo González

Consultada respecto a la situación del Mercado de Torreforta, Elvira Ferrando, concejal de comercio, apunta que es consciente de la situación y que próximamente tiene una reunión con los comerciantes para hablar de la situación y de los horarios. 

No obstante, Ferrando apunta que no está previsto que Espimsa se haga cargo de la gestión, algo que los comerciantes suponían podía aligerar los trámites.

Declive acelerado

No es fácil ponerle fecha al declive, pero sirva como referencia, por ejemplo, que en una página web del Ayuntamiento de Tarragona donde se hablaba de las actividades del mercado, en Navidad de 2014 (hace 4 años) había catorce paradas funcionando.

El cierre de unos negocios, cómo no, afecta a  los demás, tal como reconoce Pilar Collado, al frente de la única pescadería que queda abierta. «Antes éramos tres y la competencia era buena para todos. Una ponía una oferta, otra traía un producto diferente... Y eso animaba a la gente». Ella está en edad de jubilarse pero aguanta en la parada por su hijo, que es quien se encargará del negocio.

Pilar Collado, la última pescatera; antes había tres pescaderías.FOTO: Alfredo González

Reconoce, eso sí, que las costumbres de compra de la gente joven han cambiado mucho. «La gente lo quiere todo envasado, nadie quiere esperar a que le atiendan... El otro día vino una chica a comprar lenguado y cuando se los mostré me dijo que los tenía en su casa eran blancos. Yo le dije que no se preocupara, que yo se lo preparaba».

La competencia del ‘súper’

Por su parte, María del Carmen Molina, quien lleva en su parada de charcutería desde que abrió el mercado, cuenta que «yo vengo aquí con mucha ilusión todos los días, pero al final se te cae el alma al suelo». En su caso, tanto ella como su hija viven de la parada y se sostienen gracias a las y los clientes fieles.

Además del cambio de hábitos de los consumidores, Molina se queja del daño que ha hecho al negocio que se abrieran tantos supermercados cerca del mercado. Considera que, igual que hay normas que impiden que se instale una farmacia o un estanco a cierta distancia unos de otros, con las grandes superficies debería pasar lo mismo. 

Maria del Carmen Molina, una de las fundadoras del mercado. Ella y su hija trabajan en la parada. FOTO: Alfredo González

De hecho, en el entorno del mercado hay seis supermercados de diferente tamaño:Bonpreu, Mercadona, dos Día, un Suma y otro de un particular.  

Los comerciantes lamentan que ninguna de estas enseñas se instalara finalmente en el espacio de mil metros cuadrados que  se habilitó para tal fin tras la remodelación de 2003. Entonces hubo varios interesados pero ninguna oferta se concretó y el espacio sigue vacío oculto tras una pared de espejo. Se espera que su próximo destino sea acoger la ampliación de la Biblioteca de Torreforta. 

Y, por el camino, los vecinos sienten que van perdiendo un servicio de proximidad, como explica un hombre en el bar del mercado: «Aquí te encuentras con la gente, todos se conocen y el trato es personalizado».

Luisa Méndez, una de esas clientas «de cada día», relata que siente mucha pena al ver el panorama. «Siempre he comprado en el mercado porque todo es de mejor calidad... He hecho muchas colas aquí, y ahora mire cómo estamos», dice mientras señala a las paradas vacías.

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