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El Moll de Costa se convierte en la rambla cultural, lúdica y deportiva de la Part Baixa de TGN

Visitar exposiciones fotográficas y museos, disfrutar de fiestas de fin de año, ir en bici o jugar a baloncesto son algunas de las actividades que acogen los Tinglados y los Refugis

Carla Pomerol

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Imagen actual de la plaza ubicada delante del Tinglado 1, que cuenta con una fuente y palmeras.  FOTO: pere ferré

Imagen actual de la plaza ubicada delante del Tinglado 1, que cuenta con una fuente y palmeras. FOTO: pere ferré

La rambla cultural, lúdica y deportiva de la Part Baixa. En esto se ha convertido el Moll de Costa, donde están ubicados los cuatro Tinglados y los dos Refugis. Exposiciones fotográficas, centros de arte, museos provisionales y entrenos de baloncesto. Estas son algunas de las actividades que se llevan a cabo en estos equipamientos que unen el puerto con la ciudad. ¿Pero cuándo se construyeron los Tinglados? ¿Y con qué fin? ¿Cómo han evolucionado? ¿Y qué quieren ser? El Port de Tarragona aspira a convertir el Moll de Costa en la pieza fundamental para acercar, aún más, la institución a la ciudad. 

Los Tinglados se construyeron entre el 1900 y el 1910. Al cabo de treinta años, se añadieron los dos Refugis. La única diferencia era su arquitectura y que estaban pegados a la vía del tren. Su función era almacenar la carga de los barcos que llegaban al Port de Tarragona. Pero con la irrupción de la mecanización, los Tinglados dejaron de ser útiles. Y es que actualmente, el género se transporta en contenedores, unos recipientes herméticamente cerrados que conservan el producto. Pero antiguamente, el género se porteaba en sacos o en toneles, lo que obligaba a resguardarlos. Además, hace cien años, el tráfico de mercancías por tierra era más complicado que por mar. Por todo ello, en los años 70, la zona de carga y descarga dejó de tener sentido.

La transformación del Moll de Costa empieza en el año 1982. Los tráficos se trasladaron entonces al interior del puerto, con el objetivo de alejar los perjuicios de la ciudad y así el impacto no era tan dañino. 

Toneles de vino esperando para ser cargados, en la explanada de delante del Tinglado 1, en el año 1920. FOTO: arxiu port de tgn/chinchilla

Utilidad pública

Como Tarragona, fueron muchos los puertos españoles e internacionales que optaron por reconvertir unos equipamientos que ya no servían para cargar y descargar género. De hecho, la Ley de Puertos contempla en el artículo 72 del capítulo III que si por la evolución de las necesidades operativas de los tráficos portuarios algunos terrenos quedan en desuso (...) se podrá admitir espacios vinculados a la interacción puerto-ciudad, como por ejemplo equipamientos culturales, recreativos, exposiciones y otras actividades comerciales.
Algunos puertos, como el de El Havre (Francia), optaron por remodelar los equipamientos y convertirlos en una oferta comercial, con un Decathlon, cines y restaurantes. «Es como si pusiéramos unas Gavarres en los Tinglados», aclara Gabriel Mas, director del servicio de atención al cliente y de las relaciones Port-Ciutat. Tarragona, por su lado, decidió apostar por una utilidad pública, no lucrativa. 

Cuatro Tinglados y dos Refugis

Tocando al mar hay cuatro Tinglados de estilo neoclásico y, algunos de ellos, están catalogados por el Ayuntamiento. El número 1, conocido como T1, es el único que gestiona directamente el Port de Tarragona. En los últimos meses ha habido una exitosa exposición sobre los castells, y ahora se puede ver una muestra fotográfica de Albert Saludes i Casas. Otras de las actividades destacadas es que el T1 se convierte una vez al año en la centralita telefónica de La Marató de TV3.

El Tinglado número 2, conocido como T2, se convirtió hace un año en el nuevo Centre d’Art y la gestión del equipamiento se cedió provisionalmente al área de Cultura del Ayuntamiento. Ahora, también hay expuesta una muestra fotográfica del tarraconense Pep Escoda.
El único Tinglado que no está dedicado a actividad cultural es el número 3. Éste acoge la sede de la Marina Tarraco, entidad que gestiona el astillero interior del Moll de Costa, es decir, la zona de los yates de lujo. La otra parte del T3 está ocupada por la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía, quien tiene competencias en el tema de pasajes.

Finalmente, el T4 es la sede provisional del Museu Arqueològic de Tarragona, mientras se llevan a cabo las obras en la Plaça del Rei. El T4 también fue, durante algunos años, el local de ensayo de los Xiquets del Serrallo, la estación marítima e incluso un restaurante de éxito. Éste y el T1 son los únicos que gozan de climatización. 

En la zona más próxima a la vía del tren hay los dos Refugis. Desde el punto de vista arquitectónico no tienen ningún atractivo. Son salas diáfanas, de grandes dimensiones. El Refugi número 1 es el más polivalente. Esta dividido en tres salas. La primera acoge actualmente una exposición, pero el Port está trabajando en un proyecto para convertirlo en un centro de acogida de cruceristas. El segundo espacio está cedido a la ONCE, y los usuarios de la entidad acuden dos días a la semana para jugar a fútbol sala. En la tercera sala se llevan a cabo diferentes actividades. Sin ir más lejos, los vecinos del Serrallo celebraron la verbena de fin de año.

El Refugi 2 es el más consolidado de todos. Desde el año 2000 acoge el Museu del Port, una oferta pedagógica que da a conocer la institución y que consigue que pasen más de 20.000 personas –sobretodo niños–, al año. Además, un pequeño espacio del R2 es cedido al CBT y a la AMPA El Carme, como pista de baloncesto. «Cada tarde hay actividad deportiva», explica Mas.

La oferta ludico-cultural-deportiva está garantizada en el Moll de Costa, una rambla que se remodeló hace unos seis años, aprovechando el cambio de ubicación del edificio de la Confraria de Pescadors. «El objetivo de esta transformación es acercar el Port a la ciudad, minimizando los efectos de la vía del tren», concluye Mas.

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