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El Port Esportiu de Tarragona se reactiva a tres años de finalizar la concesión

La pasarela que une el Balcó con la playa, el Km 0 y una ampliación de la oferta deportiva han contribuido al resurgir del complejo, donde este verano han abierto diversos restaurantes

CARLA POMEROL

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El Blue Monkey ha sido uno de los últimos en abrir en el Port Esportiu. FOTO: PERE FERRÉ

El Blue Monkey ha sido uno de los últimos en abrir en el Port Esportiu. FOTO: PERE FERRÉ

Alguna cosa se está cociendo en el Port Esportiu de Tarragona. Hay más gente, más ambiente y más restaurantes que nunca. En plena transformación de este emblemático espacio de la ciudad, los empresarios empiezan a interesarse por él. Este resurgir no podría entenderse sin algunas actuaciones llevadas a cabo por la Autoritat Portuària, como pueden ser la pasarela que une el Balcó del Mediterrani y la Platja del Miracle, o el recinto deportivo al aire libre que supone el recorrido hacia el faro, el Km 0. Todo ello ha ayudado a un Port Esportiu que murió hace ya años, después de una larga época dorada, con las discotecas de bandera.

Antes de conocer quienes son los empresarios que, empujados por la ilusión, han abierto un negocio en el lugar, pongámonos en contexto. La concesión del Port Esportiu terminará en tres años, pero el Reial Club Nàutic –actual gestor– aspira a prorrogarla por otros 15 años más. Para hacerlo, la entidad deportiva ha presentado un proyecto que implicará la transformación del complejo en los próximos tres años, con una inversión de 4,5 millones de euros. La Autoritat Portuària será la encargada de validar la iniciativa que, según fuentes cercanas a la institución, ve con muy buenos ojos.

El nuevo equipamiento se prevé sin locales de ocio nocturno y dando un impulso importante a las actividades náuticas y a la mejora de servicios para los amarristas. El objetivo del Nàutic es dar un nuevo aire al Port Esportiu, con una oferta de restauración, deporte, turismo y cultura.

Así se espera que sea el complejo en un futuro no muy lejano. No obstante, el presente también es alentador, ya que en los últimos meses han abierto un número importante de negocios. «La presentación de nuestro proyecto ha coincidido en el tiempo con actuaciones de la Autoritat Portuària», explica la presidenta del Reial Club Nàutic, Andrea Mazzanti, quien asegura que la construcción de la pasarela ha significado un antes y un después para el Port Esportiu. «Volvió a unir lo que estaba separado. La pasarela ha sido la primera piedra para el renacer del complejo», añade Mazzanti, quien nombra otras actuaciones, como la apuesta por el Km 0 o la reforma del Museu del Port. «Todo ello está contribuyendo a la puesta en marcha del Port Esportiu», dice la presidenta. Otra de las causas de este resurgir es, según Mazzanti, «que desde el Reial Club Nàutic hemos ampliado la oferta deportiva, atrayendo más gente al lugar».

Los protagonistas

German Agra es uno de los valientes dispuestos a darlo todo para impulsar la zona. A principios de julio abría puertas uno de los locales que más público atrae en el Port Esportiu, el Blue Monkey Marina, que se caracteriza por su terraza y cócteles. Pero no es el único proyecto que tiene entre manos este emprendedor. Agra ha alquilado dos locales más al lado del Blue Monkey Marina, donde abrirá un restaurante japonés y otro de tapas a partir de octubre. «Cuando planteé mi proyecto a la gerencia del Nàutic les encantó. Quiero hacer una especie de prueba piloto de lo que debe ser la Illa del Port, con oferta gastronómica y acciones en la calle y fachada. Justo era lo que buscaban», explica Agra, quien está muy satisfecho con el recibimiento que ha tenido. «De ser un espacio muerto a servir cien comensales diarios, es para estar contentos», añade.

A escasos metros, nos encontramos con Gerard Pardo, propietario del restaurante L’Àncora del Port Esportiu. Abrió puertas en junio de 2020 «porque necesitaba más espacio por el tema Covid». Pardo tiene otro restaurante con el mismo nombre en El Serrallo. «No me arrepiento de haber abierto y espero arrepentirme menos cuando se lleve a cabo la reforma», explica Pardo, quien añade que «es cierto que se está reactivando la zona, pero lo hace muy lentamente».

Uno de los restaurantes que lleva sobreviviendo en el lugar desde 1997 es el emblemático Brisa. Su actual propietario, Àlex Pérez, asegura que la pasarela también tiene su parte negativa. «Antes los turistas pasaban sí o sí por delante de mi local, ahora ya no», dice. Pérez opina que Tarragona vive de espaldas al mar y que, hasta que esto no cambie, el Port Esportiu no despegará del todo.

Otros de los empresarios entrevistados aseguran que cogieron el negocio pensando que la cosa sería mejor. «Confiábamos en los turistas y la Covid lo ha fastidiado todo», dice Carlos Espinosa, propietario de La Bodeguita, que abrió puertas hace dos meses.

Siguiendo con la intención del Reial Club Nàutic, otro empresario, Raimon Domènech, ha optado por un espacio innovador. Domènech, quien hace años alquiló un local de la parte de abajo como archivo de su empresa, ahora se ha hecho con otro para abrir una galería de arte. «También es necesario revitalizar culturalmente la zona», dice. Todo parece un punto de partida para la recuperación del Port Esportiu.

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