El Port, preparado para dar un salto en el tráfico de cruceros con el nuevo Moll de Balears

El enclave tarraconense espera superar en 2023 la cifra récord de 130.000 cruceristas que se asumió en el año 2019, gracias a la nueva terminal que ha supuesto una inversión de 30 millones

Núria Riu

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Las autoridades tras destapar la placa que inauguraba el nuevo Moll de Balears. Foto: Fabián Acidres

Las autoridades tras destapar la placa que inauguraba el nuevo Moll de Balears. Foto: Fabián Acidres

El Europa, de la compañía Hapag Lloyd Cruise Lines, fue el primer crucero que atracó en el nuevo Moll de Balears. Lo hacía alrededor de las 7 horas de la mañana, procedente de Palma de Mallorca con 240 cruceristas, mayoritariamente alemanes, a bordo. Con esta operativa se estrenaba la nueva terminal, que ha supuesto una inversión de más de treinta millones de euros, y que permitirá al Port de Tarragona dar un salto cualitativo y cuantitativo en el tráfico de cruceros, que ha pesar del progresivo crecimiento experimentado desde 2013 se veía limitado por el déficit en infraestructuras. 

Durante el acto de inauguración, el presidente de la Autoritat Portuària de Tarragona, Josep Maria Cruset, destacó que la actividad de cruceros es un proyecto  de «consenso territorial» que  «ha hecho realidad lo que parecía imposible». En los últimos seis años las escalas se han incrementado notablemente, hasta que llegó la pandemia, que obligaba al sector a hibernar durante un año y medio. Un periodo que el Port de Tarragona ha aprovechado para prepararse de cara a un futuro, con la construcción de la nueva terminal, que se ha ejecutado en un plazo de diecisiete meses.

Cruset puso en valor que la actividad de cruceros «nos proyecta al mundo, pero para seguir haciéndolo en el futuro nos hacía falta un nuevo muelle». Con una superficie de 40.000 metros cuadrados y una línea de atraque de 700 metros, la nueva infraestructura permitirá la llegada de hasta tres embarcaciones de forma simultánea. Y esto hace que el puerto se muestre optimista de cara a un futuro. Si bien de cara a los próximos meses aún se prevé una recuperación progresiva de la actividad, que permitirá la llegada de tan solo seis cruceros esta temporada, de cara al año que viene ya hay una treintena de escalas reservadas, lo que permitirá alcanzar la cifra de 60.000 pasajeros. No obstante, se espera que la ‘normalidad’ llegue en 2023. Al respecto, Cruset indicó que «somos muy optimistas» ya que se espera que en este año pueda superarse la cifra de 130.000 pasajeros que se alcanzó en 2019 y que fue de récord.
El presidente de Puertos del Estado, Francisco Toledo, también corroboraba estas buenas sensaciones y afirmaba que «la previsión es que a finales de 2022, inicios de 2023, recuperamos los números de pasajeros de antes de la pandemia». Y, en este sentido, aseguraba que «este muelle llega en el momento idóneo».

Durante la inauguración de la nueva terminal se hizo una breve mesa redonda en la que las principales autoridades hablaron sobre los retos de futuro del sector. La descarbonización de los cruceros fue uno de los elementos que se puso encima de la mese, mientras que Toledo también apuntaba a la necesidad de «facilitar la conexión eléctrica de los cruceros». Y al respecto puso en valor que «este ya está preparado. Se ha hecho con visión de futuro». Unos retos sobre los que también habló el Vicepresident del Govern y conseller de Polítiques digitals i Territori, Jordi Puigneró, que durante su intervención aprovechó para reivindicar «la necesidad de que esta infraestructura esté conectada con el Corredor del Mediterrani para sacarle el máximo rendimiento».

Por su parte, el alcalde de Tarragona, Pau Ricomà, destacó el «efecto multiplicador» que genera la actividad de cruceros, tanto para la restauración como para el comercio de la ciudad.

El proyecto del nuevo Moll de Balears nació en 2007, con Josep Anton Burgasé como presidente del Port de Tarragona. En diciembre de aquel año mandó una carta al Govern Balear para solicitarles autorización para adoptar el nombre de las islas para el nuevo muelle. Ayer, un representante del gobierno esta comunidad autónoma asistía a la inauguración y hacía entrega de una botella con arena de Inca, que se depositó en la terminal, para hacer cumplimiento del compromiso que se adquirió en aquellos momentos.

Ahora, falta la segunda fase, la cual contempla la construcción de la nueva terminal para los viajeros y su explotación comercial de cara a los próximos doce años. Este trámite salió a licitación a inicios del pasado mes de octubre.

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