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El antiguo museo de la Necrópolis, pasto de la humedad y las palomas

Cerrado desde hace 20 años, las aves, que campan por doquier, ensucian las inscripciones romanas adheridas a los muros de la gran sala central
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Excrementos y plumas de paloma cubren el suelo. En los muros, las inscripciones romanas.  Foto: Cedida.

Excrementos y plumas de paloma cubren el suelo. En los muros, las inscripciones romanas. Foto: Cedida.

Como en una película de ciencia ficción. Como si fuera parte de una ciudad abandonada tan repentinamente que sus habitantes ni tan siquiera hubieran podido retirar las piezas de gran valor arqueológico que guarda. Como si a los humanos se los hubiera tragado la tierra. Como si hubieran huido precipitadamente con solo lo puesto. Esta es la impresión que produce la nave central del antiguo museo de la Necrópolis Paleocristiana de Tarragona, que lleva unos 20 años cerrada al público. El edificio, construido en 1929, tiene un estilo clásico desde su exterior, recordando a los antiguos museos del centro de Europa y su aspecto externo no deja entrever la vergüenza que esconde: el abandono total durante dos décadas.

La nave central, no visible desde el exterior y a la que solo se puede acceder por una puerta, es un auténtico desastre. La luz que atraviesa las grandes ventanas de la parte superior de los muros descubre la magnitud de la tragedia: el suelo está completamente cubierto de excrementos y plumas de las palomas que habitan en la gran sala. Las aves ocupan todo el entramado de madera del tejado a doble vertiente del edificio, que es visible porque el techo es inexistente; se provocó su derrumbe debido a su mal estado. En estas condiciones, las palomas campan a sus anchas ensuciando toda la estancia, con las piezas arqueológicas dentro. En esta gran sala, las lápidas romanas con inscripciones que cubren las paredes están llenas de porquería de las deposiciones de las palomas. Las placas romanas de mármol y otros materiales se encuentran adheridas a los muros mediante cemento. No hay nada que se interponga entre ellas y las aves. Nadie ha hecho nada.

La nave central está rodeada por otra en forma de U donde se exponen magníficos sarcófagos de piedra decorados con estrías, inscripciones y bajorrelieves. Aquí el polvo es el gran protagonista, cubriendo algunas vitrinas vacías y el suelo. No hay rastro de palomas, pues no tienen por dónde entrar. Las piezas permanecen en el abandono entre unas paredes donde se aprecian los efectos de la humedad, desconchadas en muchas partes. Esta sala sí es visible desde el exterior a través de las ventanas que rodean el edificio. En ella se encuentran piezas, sarcófagos aparte, de gran valor histórico, como inscripciones referentes al ámbito local, como material de construcción procedente del foro local y reutilizado posteriormente en la necrópolis.

En el subsuelo pasa lo mismo. La sala, a la que se accede por una rampa, contiene sarcófagos y, en su lado derecho –al cruzar la puerta -, hay una zona de enterramientos in situ en el que predominan las ánforas. Hay mucha humedad en los muros, con grandes manchas verdes.

El estado del edificio es tal que las primeras estimaciones realizadas para tratar de averiguar cuál sería el coste de ponerlo en condiciones indican que será necesario más de 1 millón de euros. El inmueble es propiedad del Estado –como el MNAT, en la Plaça del Rei–, pero la gestión corre a cargo de la Generalitat desde 1982. «Es un edificio que se ha echado a perder a base de no invertir ni un euro en su conservación. Este caso es especialmente lamentable por la integridad de las piezas arqueológicas que contiene y que están en evidente peligro de destrucción si el tejado cede. No nos creemos que en 20 años no se haya podido hacer un mínimo mantenimiento del edificio y creemos que es evidente que se está dejando estropear a propósito. Estamos ante un hecho gravísimo y reclamamos una solución inmediata», afirman desde la Reial Societat Arqueològica Tarraconense (RSAT). La Subdelegación del Gobierno central en Tarragona, por su parte, afirma desconocer el estado del edificio y aseguran que no tienen constancia de ninguna petición de actuación por parte de la Generalitat de Catalunya. Al cierre de esta edición, la administración catalana no había aclarado si existe un proyecto de remodelación del edificio.

 

Apertura de las criptas

Antes que finalice el año, una de las criptas, la que se encuentra bajo tierra –las otras dos están al descubierto– podrá ser visitada. La Agència Catalana del Patrimoni Cultural destinará 4.000 euros a su limpieza e iluminación para que pueda recibir visitantes. El acceso a la cripta se hace a través de un túnel, lo que le confiere un halo de pequeña aventura. Este túnel se encuentra en malas condiciones, con las paredes desconchadas, víctima del abandono. La cripta, al final de este pasadizo cubierto, tiene unos escalones, algunos de ellos muy desgastados y resbaladizos. En el interior se aprecia claramente cómo los muros tienen grandes manchas verdes de la humedad, y es que el terreno donde está situada la cripta sufre continuas inundaciones debido al ascenso del nivel freático. Algunas veces, el suelo de la cripta también se ha llenado de agua. Este es un problema tan antiguo como la propia construcción por la presencia del río Francolí.

Hay otras dos criptas que están a cielo abierto, solo protegidas por una estructura metálica con una cubierta de uralita (asbesto o amianto). La retirada de esta cubierta tendrá que hacerse por una empresa especializada, pues es altamente contaminante. Una de ellas, la cripta «dels Arcs», es especialmente interesante precisamente por los arcos que conforman su estructura. Tanto esta como la contigua, necesitan una limpieza, pues las palomas han depositado sus excrementos y plumas en ellas. A pesar de la primera impresión, las estructuras se encuentran en buen estado.

Tras más de 15 años cerrada al público, la Necrópolis parece que que se recupera para recibir visitantes. A pesar de todo, el recinto no podrá considerarse completo hasta que restaure su antiguo museo.

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