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El augurio

Ya es oficial. Tarragona será una ciudad todavía más lenta. Ahora toca a los/las ediles dar ejemplo y marcarse ‘un Rajoy’

XAVIER FERNÁNDEZ

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Joan Miquel Nadal ‘contrató’ una biga romana para que pasease por la N-340 en agosto de 1996. dt

Joan Miquel Nadal ‘contrató’ una biga romana para que pasease por la N-340 en agosto de 1996. dt

Quien lo hubiese dicho. El 23 de agosto de 1996 uno de los habituales shows mediáticos del entonces alcalde, Joan Miquel Nadal, se convirtió en una especie de augurio de lo que, casi 24 años después, nos tocará vivir a los tarraconenses. Entonces Nadal ‘contrató’ a una pareja que, disfrazada de centurión y dama romana, recorrió la N-340 en una biga (como la cuadriga de Ben Hur pero de dos caballos).

El objetivo de Nadal era reivindicar la construcción de la variante de La Móra. Los conductores que sufrieron la protesta soñaron con un imposible: alcanzar al menos los 30 kilómetros por hora de velocidad. Les tocó acumular paciencia. La que ahora deberemos tener todos porque, desde su aprobación en el pleno municipal de ayer, TGN es una slow city, en la que la velocidad tope es de 30 km/hora.

La moción recibió la luz verde por 22 votos a favor, 2 en contra (CUP) y 2 abstenciones (PP). Tras el mal rollo del punto anterior (la suspensión de la licencia de Mas d’en Sorder), la discusión sobre el límite de velocidad fue una balsa de aceite. Hasta el punto de que el concejal de Territori, Xavier Puig, dedicó a los demás concejales una amplia sonrisa y les propuso: «¿cambiamos de chip?». Puig soltó la frase más brillante del pleno: «Tarragona no tiene subidas, solo bajadas. Es cuestión de mentalidad». Genial, Xavi. Los serrallenses bajarán encantados a la catedral para Santa Tecla.

Como la moción fue aprobada (bien hecho, ojo) casi por unanimidad, ahora les toca a los concejales dar ejemplo y marcarse un Rajoy. No cuesta imaginarles bajando rápido, por ejemplo, desde la playa de la Arrabassada hasta la Plaça de la Font. Eso sí al menos el concejal de Serveis Econòmics, Jordi Fortuny, tendría que pasar antes una noche (o dos) de descanso reparador.

A Fortuny se le vio agotado en el pleno telemático retransmitido por el canal municipal de Youtube. No pudo evitar bostezar en alguna ocasión y se repantingó en la silla de su despacho. No es de extrañar. Fortuny confesó que se había pasado la noche estudiando informes y había detectado algún fallo en el referente a la relación de puestos de trabajo municipales. Recordó al estudiante que lo deja todo para la noche previa al examen.

Quizá para combatir el sueño fue la taza de café que se tomó Mario Soler, cosa que no hubiera hecho en el salón de plenos. Es lo que tiene un pleno casero: varios ediles hablando por el móvil, José Luis Calderón (Cs) enfrascado en otra pantalla y apenas mirando a cámara, Laura Castel (ERC) demostrando que es una madraza y dando carantoñas a un niño que incluso se ‘asomó’ a la multiconferencia, un estruendo procedente de un domicilio en obras, Paula Varas (ERC) hundida en un butacón o el informal atuendo de Rubén Viñuales (Cs), una camisa floreada estilo Hawai. Solo le faltó saludar con un aloha y colocar a sus compis un collar de flores al tiempo que bailaba un hula.

En el pleno hubo rifirrafes y puñaladas dialécticas. Y emotividad. Cuando se habló del documental ‘Love Parade’, en que se recuerda la muerte en un festival de música de Clara y Marta, dos jóvenes tarraconenses. Clara era hija de Paco Zapater. El pleno se convirtió en un cariñoso homenaje al exconcejal. Paco y su familia se lo merecen.

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