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El baño más fresco del año

Decenas de personas desafiaron las frías aguas del Mediterráneo para darse el último chapuzón del año en el tradicional Bany de Sant Silvestre, promovido en su día por Joan Cerón y que este año llegaba a su trigésima edición.
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A la una en punto los bañistas entraron en el agua. Algunos permanecieron sólo 13 segundos. Foto: Pere Ferré

A la una en punto los bañistas entraron en el agua. Algunos permanecieron sólo 13 segundos. Foto: Pere Ferré

Una de las personas que el miércoles estaba emocionada en la playa del Miracle era Miracle Mercadé al ver que lo que inició su esposo Joan Cerón –ya difunto– como un baño de un grupo de amigos se ha terminado convirtiendo en una fiesta con la participación de unas 200 personas que desafían el frío y se dan un baño para despedir el año. Miracle recibió un ramo de flores y una placa con motivo el 30 aniversario del Bany de Sant Silvestre.

Es muy difícil de cuantificar las personas que se bañaron. Lo que sí está claro es que los paparazzis –personas que se miran el acontecimiento desde el paseo– eran muchas más que en la edición anterior. A la una en punto se lanzó el cohete. Tras oírse el ruido del disparo y antes de que explotara en el aire, los bañistas ya se adentraban en el agua. Algunos estuvieron sólo trece segundos en remojo. Los más osados llegaron a permanecer hasta seis minutos. Uno incluso llevaba casco con cámara incorporada.

Algunos, sin secarse, se dirigieron a la cola para poder obtener su recompensa, en forma de comida o de bebida. Para ello, la Associació de Veïns del Barri del Port –organizadora del acto– había preparado cincuenta litros de caldo, 60 botellas de cava, veinte litros de refresco de naranja, neules y bombones de coco, además de la tradicional camiseta alegórica –que este año era de color azul–.

La familia Ortega participó en el baño con diez miembros: cinco adultos y cinco niños –estos de edades comprendidas entre los tres y los siete años–. Jordi, con un grupo amigos –entre ellos la que ahora es su esposa– participó por primera vez en 1994, cuando se hacía en la antigua playa de la Comandància. Reconoce que poco a poco fue introduciendo al resto de la familia y amigos. «Se trata de un baño popular de la gente. No sería necesario ni la bebida ni la comida».

José Ruiz, presidente de la AVV del Port, se mostraba muy contento de haber llegado a los 30 años. «Ya no es un baño de un grupo de amigos. Es una fiesta oficial», a la vez que no descarta cambios en las próximas ediciones.

Los que no se mojaron –como casi siempre– fueron los políticos. Ninguno se adentró en el agua. El alcalde Josep Fèlix Ballesteros prometió que el próximo año sí lo haría, «pero con traje de neopreno». Le tomamos la palabra.

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