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El barrio que planta cara al ‘usar y tirar’

Zona de talleres. Las manzanas cercanas a la TAP concentran desde talleres de arreglos de ropa y zapatos hasta tiendas de segunda mano de libros o muebles

NORIÁN MUÑOZ

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Javier Rioné lleva casi 40 años reparando zapatos en la calle Sevilla. FOTO: PERE FERRÉMARELIA HERNÁNDEZ EN SU TALLER DE ARREGLOS DE ROPA EN FRANCESC BASTOS. EN LA MISMA CALLE HAY TRES.  FOTO: PERE FERRÉ

Javier Rioné lleva casi 40 años reparando zapatos en la calle Sevilla. FOTO: PERE FERRÉMARELIA HERNÁNDEZ EN SU TALLER DE ARREGLOS DE ROPA EN FRANCESC BASTOS. EN LA MISMA CALLE HAY TRES. FOTO: PERE FERRÉ

Marelia Hernández se despide de la clienta, una señora mayor, que le ha dejado unos pantalones para arreglar y además le ha encargado una de esas batas que la joven modista confecciona, «para una amiga del pueblo».

Hernández, de 32 años, regenta una mercería donde también hace arreglos de ropa en una esquina entre las calles Francesc Bastos y Mallorca. El suyo podría parecer un negocio en extinción, pero lo cierto es que al menos en lo que se refiere a los arreglos de ropa tiene competencia. Sólo en su calle hay tres talleres que se dedican a lo mismo.

Marelia cuenta que muchos de sus clientes son gente mayor. «Los conozco a todos por su nombre», dice. Cree que es, en parte, porque son menos proclives a tirar la ropa pero también porque suelen ser más bajitos y hay que arreglarles mangas y bajos.

Unos pasos más arriba Carmen Álvarez, de otro taller de arreglos, ve entrar una clienta detrás de otra. Reconoce que ahora, con el precio de la ropa, la gente tiende a tirar las prendas y comprar nuevas en lugar de reparar. No obstante, cuenta que tiene de todo, desde personas que tienen vestidos más costosos y los arreglan para no perder la inversión hasta «gente que está a gusto con algo que compró en el mercadillo pero cuando rebajan o engordan lo quieren seguir usando».

Estos son apenas dos ejemplos de una zona, la de las manzanas que rodean la Tarraco Arena Plaça, cargada de talleres que hacen un esfuerzo cada vez menos frecuente, el de prolongar la vida o darles una nueva a los objetos que ya no usamos.

Concentración de talleres

En apenas unas manzanas encontramos una quincena de establecimientos que abarcan desde locales de recuperación de cartuchos de impresoras a establecimientos de reparación de ordenadores, de móviles, de electrodomésticos, arreglo de zapatos, de tapicería, tiendas de segunda mano en general y de muebles y de libros en particular...

Una de esas concentraciones interesantes se da en la calle Sevilla, donde un veterano, Javier Rioné, se afana en atender a los clientes de su taller de reparación de zapatos. Lleva aquí desde el año 1980 y sigue teniendo demanda pese a los cambios en los estilos de consumo.

En el escaparate se ve cómo tiene unos zapatos de ciclista metidos en una horma, pero reconoce que tiene de todo, desde zapatos de más de 700 euros hasta otros muy sencillos. Una de las razones por las que le buscan es porque hace los arreglos a medida. Pone al cliente a caminar y se fija exactamente dónde le molestan.

Unos pasos más adelante Olga Fica tiene un taller donde, asegura, cose de todo, desde ropa a cortinas o toldos. También tapiza muebles, aunque cada vez menos. Normalmente se trata de piezas más pequeñas que restauran por valor sentimental.

La meca de la segunda mano

Pero si por algo se caracteriza esta zona es por las tiendas de segunda mano, desde las que venden prácticamente de todo a las que se dedican a algún producto en particular.

En Ramón y Cajal se encuentra una de las muchas tiendas de muebles usados de la zona. En este caso de la asociación Reto a la Esperanza, que se dedica a la rehabilitación de personas con problemas de adicción a las drogas. El rastro funciona como un taller ocupacional y está gestionado por voluntarios. También se encargan de buscar los muebles y enseres de todo tipo a domicilio.

Otro negocio de segunda mano, aunque de carácter muy distinto, es, de regreso a la calle Sevilla, la librería La Caverna. Una mañana cualquiera se encuentran aquí un profesor, un historiador, o una señora a la que, simplemente, le gusta leer.

Además de libros (la mayoría cuesta entre 1 y 3 euros) tienen algunos álbumes de cromos y objetos de colección. Una de las peculiaridades es que los libros están catalogados por género.

Su dueño, Alejandro Gómez, cuenta que hace cinco años, cuando pensaron en establecerse aquí, una de las motivaciones fue que todavía en la zona existía una vida y un comercio de barrio... Que sea por muchos años.

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