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El cableado descontrolado ‘coloniza’ las fachadas de Tarragona

Con la pandemia han aumentado las acometidas de telecomunicaciones. En TGN el plan es ordenar los cables en las calles donde haya obras. De momento se comienza en El Serrallo

NORIÁN MUÑOZ

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En la calle Smith el cableado eléctrico todavía es aéreo. FOTO: Pere Ferré

En la calle Smith el cableado eléctrico todavía es aéreo. FOTO: Pere Ferré

Una mujer mayor se asoma a un balcón de la calle Smith entre un montón de cables. El suyo es uno de esos edificios antiguos en los que la instalación de la electricidad va fijada a la fachada a través de una aparatosa estructura de metal. Eso no le salva, no obstante, de soportar una segunda maraña de cables, esta vez ubicada un poco más abajo; la de las empresas de telecomunicaciones.

La escena del cableado descontrolado se repite, con sus más y sus menos, en la Part Alta, la Part Baixa y muchas calles del centro. Los amasijos de cables, además, sirven por igual como nidos que como trampas para las palomas.

Pero fuera de solucionarse, la situación no ha hecho más que empeorar en el último año. Durante la pandemia se ha multiplicado el consumo de internet y TV, así como la demanda de servicios de banda ancha. El despliegue ha beneficiado a los usuarios, pero también ha hecho proliferar el número de cables, incluidos muchos que no acaban en ninguna parte. Una consecuencia de que la tecnología cambia, pero en lugar de retirar el cableado que obsoleto que no se usa, se deja y se coloca otro nuevo.

Y es que la ley estatal de telecomunicaciones del 2014 considera que la fibra óptica es un servicio de interés general, y permite poner cables en las fachadas sin prácticamente limitaciones.

Donde pasa uno pasan todos

Parte del problema, explica Josep Anguera, responsable del gabinete técnico del Col·legi d’ Aparelladors, Arquitectes Tècnics i Enginyers d’Edifiació de Tarragona, COAATT, está en que, aunque los cables son responsabilidad de las compañías, donde una comunidad da permiso para que pase un cable se abre la veda para que pasen más. «Da igual que ese permiso sea de hace 20 años».

Paradójicamente, que las compañías sean las dueñas de los cables también supone un dolor de cabeza cuando una comunidad de propietarios se plantea una reforma. En esos casos se debe pedir permiso a todas las compañías, una por una, para que los desenganchen.

Es cierto que los edificios más nuevos ya tienen galerías de servicios que permiten que los cables no vayan a la vista, pero en la ciudad hay muchos donde no es así.

«Hartos de cajitas y cables»

Carmen Puig, presidenta de la Associació de Veïns del Barri del Port, uno de los más afectados por el cableado aéreo, explica que hay casas donde los cables están al alcance de la mano.

En su caso se suma el hecho de que el sistema es tan arcaico que se sobrecarga y «acaba petando». Les pasó el año pasado durante el confinamiento y varias calles se quedaron sin luz durante horas.

Maraña de cables en Prat de La Riba. Algunos no van a ninguna parte. FOTO: Pere Ferré

Como en otras partes de la ciudad, señalan que «estamos hartos de cajitas y cables sin ningún control».

Puig también refiere lo mismo que otros vecinos, que las empresas cuando dan de alta el servicio a veces no tienen miramientos en desconectar a otro vecino de la caja de conexiones. El vecino damnificado se queda sin servicio y no siempre es fácil dar con el origen de la supuesta avería.

Aprovechar obras para soterrar

El pleno del Ayuntamiento de Tarragona aprobó en 2019, con el apoyo de todos los partidos políticos, una moción presentada por el PDeCAT para que el consistorio «impulse la firma de un convenio con todas las compañías eléctricas y de telecomunicaciones que operan en la ciudad».

Ahora, pasados dos años, la situación apenas ha cambiado y, de momento, el consistorio solo habla de planes para soterrar los cables en algunas calles a propósito de su remodelación.

Actualmente, señalan, están acabando el pliego para licitar la redacción del proyecto de peatonalización de las calles Sant Pere y Gravina de El Serrallo y de reordenación de los trazados de las redes de servicios de electricidad y telefonía con una solución mixta de grapado y soterramiento. Grapado, señalan, quiere decir que van por la fachada pero «de manera ordenada y estética».

La situación depende de cada calle. En Orosi, por ejemplo, se prevé soterrar algún cruce que actualmente es aéreo y ordenar el cableado de fachada. En Canyelles está previsto ordenar los cables existentes por fachada.

«El soterramiento eléctrico se irá haciendo progresivamente en todas las calles de la ciudad donde se hagan actuaciones. Aprovecharemos las remodelaciones urbanísticas para ordenar el cableado», apunta el concejal de Territori y Sostenibilitat, Xavier Puig.

#patrimonicablejat

Se da la circunstancia, además, de que la Llei de Patrimoni Cultural Català dice que en los conjuntos históricos de interés nacional «están prohibidas las instalaciones urbanas eléctricas, telefónicas y de cualquier tipo, tanto aéreas como adosadas a la fachada».

Pero la ley no ha servido a Tarragona, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, para salvarse de los cables, aunque no es, ni mucho menos, la única. De hecho, el Grupo de Ciudades Patrimonio reclamó a finales del año pasado al Ministerio de Cultura que la reforma de la Ley del Patrimonio Histórico, actualmente en trámite, dé respuesta a su objetivo de ocultar el cableado en los núcleos históricos. Y, aunque no sirva de consuelo, baste decir que en los últimos días ha tenido repercusión en las redes sociales la etiqueta #patrimonicablejat que iniciaron vecinos de Sants, en Barcelona, para mostrar el caos de cables que inunda hasta las fachadas más emblemáticas. Las imágenes no distan mucho de las de las de cualquier calle de Tarragona.

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