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El capitán de Open Arms, el barco retenido, es de Tarragona

El capitán del buque humanitario, ahora parado en un puerto de Italia, está de vuelta después de que la justicia italiana retuviera el navío y le investigara: «Estoy tranquilo. No hemos hecho nada malo»

Raúl Cosano

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Marc Reig, este lunes en el Moll de Costa de Tarragona, tras volver de su misión con el Open Arms, ahora retenido.  Foto: Pere Ferré

Marc Reig, este lunes en el Moll de Costa de Tarragona, tras volver de su misión con el Open Arms, ahora retenido. Foto: Pere Ferré

Marc Reig descansa ya en su casa de Tarragona. Ayer, al menos, pudo disfrutar de la tradición de la mona y desconectar del estrés. Atrás quedan días movidos, ajetreados, de preocupación, nervios y frustración en los que hasta ha visto la propia vida en peligro. Incluso de cansancio por la sobreexposición mediática, pero también de agradecimiento infinito por los apoyos por esa ola de solidaridad que se despierta de vez en cuando. «Estoy cansado por que la misión ha sido dura, pero también tranquilo porque confiamos en que la justicia italiana funcionará. Siempre estás en vilo, con esa incertidumbre, pero creo que todo va a terminar bien», cuenta Marc, el tarraconense que se ha visto inmerso estos días en uno de los roles más delicados: capitaneaba el barco Open Arms justo cuando fue inmovilizado en puerto por orden del fiscal italiano de Catania, que abrió una investigación por un posible delito de promoción de migración ilegal. 

El barco fue retenido y Marc, como principal responsable del navío, figura como investigado. Pese a todo, Reig habla desde la calma que da haber digerido ya lo que ha pasado en unos días intensísimos: «Creo que todo se solucionará. Somos optimistas. No podemos dar plazos, desgraciadamente. Nos dejarán libres. Hemos hecho un buen trabajo y es una injusticia lo que ha pasado». 

Marc, una vez retenido, colaboró siempre: «Fui a hacer declaraciones, contesté a todo lo que me pidieron, así que confío en que la justicia haga su trabajo. Les facilitamos la documentación, las imágenes y todos los registros de comunicaciones. Los hechos son muy claros. Siempre hemos seguido las leyes y los convenios, así que nos creo que nos pase nada. Siempre hemos estado en contacto con Roma para los operativos». Marc defiende su labor: «La forma que tengo de trabajar es esa, rescatando siempre con comunicación continua, siempre informando y a las órdenes». 

El capitán ha manifestado en todo momento que su barco siguió las instrucciones del Maritime Rescue Coordination Center (MRCC). Según Marc Reig, las operaciones de salvamento comenzaron tras recibir un mensaje a todas las embarcaciones y una sucesiva llamada por parte del MRCC Roma, que asumía la coordinación del evento. 

El barco Open Arms, inmovilizado en el puerto siciliano de Pozzallo por orden de la fiscalía.   Foto: EFE

«Sucesivamente recibimos un segundo comunicado que nos informaba de que la gestión del rescate pasaría a manos de la guardia costera Libia. En ese momento ninguna embarcación libia estaba a la vista. Hallamos una barca de goma en una situación de extrema peligrosidad: se estaba llenando de agua y algunas personas habían caído al mar», relata el capitán de Open Arms, de origen ilerdense –es natural de Bellpuig– pero afincado desde hace más de diez años en Tarragona capital. 

Entonces el buque de la ONG embarcó a los migrantes y aún tuvo tiempo, con los náufragos a bordo, de gestionar una segunda operación de rescate, siempre dando comunicación. Es entonces cuando les alcanzó una patrullera libia. «Nos intimidaron bajo amenaza de muerte. Nos ordenaron que les entregáramos a las mujeres y a los niños que estaban en las lanchas de rescate. Nos dijeron que si no les dábamos a la gente que llevábamos nos matarían. Hubo mucha tensión pero toda la tripulación fue muy valiente», recuerda ahora Marc, cuya actuación fue decisiva en esas casi tres horas de desesperación. 

La evacuación a Malta 
El capitán colgó y descolgó teléfonos vertiginosamente para pedir ayuda. Al final, los guardacostas se acabaron marchando, pero no terminó la odisea. Entre medias, el barco, que tenía a bordo a personas vulnerables, solicitó una evacuación médica al puerto más cercano, en este caso Malta. «Nos autorizó a transferir a una niña de tres meses en peligro y a su madre», cuenta Marc Reig. 

Ellos, después de tres horas a la espera de instrucciones, siguieron camino hasta el puerto siciliano de Pozzallo, donde se toparon con otra desagradable sorpresa. Allí, tras haber rescatado ese día a 218 personas, el barco queda bloqueado y la ONG, acusada de organización criminal. Ese delito se desestimó, aunque se sostiene la acusación de que Open Arms favorece la inmigración irregular. 

Pese al mal trago reciente, Marc lo tiene claro: «Esperemos que en breve se solucione. Cuando todo esto pase, naturalmente que sí volveré a salvar vidas. Nos apasiona lo que estamos haciendo». 

Tanto Marc como el resto de miembros de Proactiva defienden que todas las actuaciones se han hecho de forma coordinada con Italia. A pesar de ello, recela del trasfondo que puede tener lo sucedido. «En Italia la inmigración es un tema muy actual. Ha habido elecciones y se habla mucho de esto, es una cuestión central, así que puede ser que haya algunos intereses políticos en lo que ha sucedido», zanja, a la espera de que el Open Arms zarpe de nuevo en su misión humanitaria. El desafío será siempre paliar el drama migratorio, más aún cuando llega el buen tiempo y con él los miles de inmigrantes que volverán a echarse al mar Mediterráneo para alcanzar el sueño europeo. 

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