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El catalán del futuro

El mercado laboral de los filólogos catalanes está en alza ya que se prevé una jubilación masiva de profesores de esta materia

Amalia Alonso

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Clase del curso sobre la nueva gramática. FOTO: ALBA MARINÉ

Clase del curso sobre la nueva gramática. FOTO: ALBA MARINÉ

Después de la publicación de la nueva ‘Gramàtica de la llengua catalana’ el pasado noviembre, el estudio de esta lengua se ha convertido en un tema muy debatido. El Institut d’Estudis Catalans desarrolló una normativa menos rígida y que tuviera en cuenta los diferentes registros, las variedades territoriales y los diferentes niveles de formalidad. Este cambio, por una parte, es positivo, pero, por otra, «hace que en la práctica la obra presente cierta complejidad, sobre todo si lo que quiere el lector es encontrar la solución rápida a un problema concreto», explica Jordi Ginebra, responsable del grado en Llengua i Literatura Catalana de la Universitat Rovira i Virgili. Por ese motivo, la universidad organizó un curso para ayudar a sus alumnos, profesores y profesionales de la lengua en general a procesar y aplicar los nuevos preceptos de la gramática. «Hemos llenado el aula y mucha gente nos pregunta si haremos más ediciones», reconoce Ginebra una vez acabado el curso.

La expectación ante esta nueva gramática se debe a la antigüedad de la anterior normativa oficial de Pompeu Fabra. Esta renovación era necesaria ya que el catalán ha evolucionado durante los últimos años y había cuestiones gramaticales que no encontraban respuesta en la gramática vigente. Tal y como explica Ginebra, uno de los principales cambios es la aceptación de ciertos usos que hasta ahora se consideraban incorrectos en registros formales, como por ejemplo las locuciones ‘degut a’ o ‘al respecte’. Otro caso son las especificaciones como los supuestos que admiten la preposición ‘a’ en el complemento directo. «Sin embargo, continúa rechazando aspectos que muchos gramáticos o escritores creían que se aceptarían, como la concordancia del verbo ‘haver-hi’, es decir, ‘hi han problemes’», comenta el filólogo. De esta manera, la publicación vertebrará el catalán formal de las próximas décadas aunque, según Ginebra, «a muchos usuarios del catalán estándar les costará aprenderla y digerirla».


Las salidas de la lengua
El denominador común del perfil de estudiantes de filología catalana son las ganas de aprender, ya que si deciden estudiar la lengua es porque les gusta y no porque crean que en un futuro tendrán más opciones de encontrar trabajo, como ocurre en otras especialidades. Los jóvenes suelen escoger esta carrera porque les motiva la literatura, la escritura creativa y reflexionar sobre la comunicación y la expresión. Además, se sienten comprometidos con la cultura catalana. Ginebra reconoce haber tenido la suerte de que, en su día, alguien le animara a estudiar lo que le gustaba, independientemente de las salidas profesionales.

La más conocida es la enseñanza, pero existen otras posibles puertas para los filólogos, como el asesoramiento y la corrección lingüística en editoriales, medios de comunicación, instituciones públicas o contenido empresarial. A pesar de no ser una opción muy solicitada por los estudiantes, según Ginebra, «las perspectivas son buenas y, por tanto, la demanda crecerá». Un caso que el profesor utiliza para ejemplificar la buena situación en la que se encuentra el mercado laboral para los filólogos es el de los profesores de lengua y literatura catalana. «Esta asignatura se empezó a enseñar durante la transición, en un momento muy concreto y las plazas fueron ocupadas de golpe por gente joven de la misma edad que, 35 años después, se jubilará también a la vez», dice. Así, pues, las previsiones apuntan a que, en los próximos años, faltarán graduados en filología catalana.

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