El colegio de Tarragona que nació del empeño de unos padres

50 años de Turó. El centro católico cumple medio siglo fiel a su filosofía de hacer a las familias partícipes de la educación. Este curso es crucial para el futuro de la institución

NORIÁN MUÑOZ

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Los grupos están preparados para trabajar virtualmente. FOTO: Fabián Acidres

Los grupos están preparados para trabajar virtualmente. FOTO: Fabián Acidres

Montserrat Roigé cuenta que cuando regresa al Col·legi Turó, donde estudian siete de sus nietos, siente que: «Hicimos algo bueno. Me da mucha alegría ver como el colegio ha madurado y crecido».

La suya fue una de las familias que fundó, hace ahora 50 años, esta escuela en unos terrenos de Constantí pensando en sus hijos. «Hablamos con amigos; con amigos de amigos. Íbamos de casa en casa; pedimos créditos...», recuerda. Todo con la intención de llegar a los 150 alumnos que necesitaban para que la Institución Familiar de Educación, agrupación catalana de escuelas católicas a la que pertenecen, les apoyara en su idea. Consiguieron 151 inscritos y allí comenzó primero la historia del colegio masculino, Turó, que se inauguró en 1970 y luego de Aura, el femenino, en 1971.

Gerardo Meneses, director de Turó, explica que cuentan actualmente con unos 600 alumnos de Tarragona, Reus, Constantí y diferentes municipios cercanos. En torno al 12% son de familias de origen extranjero, especialmente de China, Rusia, Canadá, Armenia, Andorra, Colombia, Bélgica, Rusia, Francia, India y Portugal.

Separación por sexos

Este curso escolar, el del medio siglo, es importante para el futuro del colegio. En mayo de este año el Departament d’Educació decidió no renovar el concierto educativo a escuelas como Turó y Aura, que separan a sus alumnos por sexo, porque «no cumplen el principio de coeducación por medio de la escolarización mixta, que ha de ser objeto de atención preferente».

Meneses está convencido de que, al final, el concierto (el dinero que aporta la administración a las escuelas que no son públicas para la escolarización de los alumnos) se renovará, y no contempla un escenario diferente del actual. También está pendiente la resolución un proceso contecioso administrativo.

Cree Meneses que esto no se estaría discutiendo si estuviéramos en otro contexto y señala que hay países como Inglaterra, Estados Unidos, Australia y otros países de Europa, donde hay escuelas privadas, concertadas y públicas que separan por sexo. Reconoce que el sistema tiene sus pros y sus contras, pero asegura que, académicamente, funciona. Más adelante en la conversación cuenta como el nivel de inglés de los alumnos, certificado por Cambridge, «es excelente, igual que los resultados de la selectividad». El año pasado cuatro alumnos recibieron mención en las pruebas de acceso a la universidad.

Señala que las dos escuelas tienen un plan de igualdad y opina que «que los alumnos tengan conciencia de igualdad no depende de que estudien juntos en un aula mixta».

Con las familias en el centro

No obstante, la principal seña de identidad de la escuela sigue siendo, como al principio, la participación de las familias que están muy presentes en toda la vida del colegio. Una de las peculiaridades, por ejemplo, es que además de participar en el Ampa o en el Consell Escolar, cada clase cuenta con una familia encargada que ejerce de contacto estrecho y permanente de los padres con los maestros y el centro.

Tania Martí es ex alumna de Aura y su marido de Turó, y cuenta que la implicación de las familias fue uno de los aspectos que les animó a matricular a sus dos hijos de infantil en la escuela «nos daba mucha tranquilidad y queríamos que ellos vivieran esa misma familiaridad, la confianza y los valores en los que nosotros crecimos», cuenta.

Sus hijos están en P1 y P4 y una de las cosas que más valora son los amplios espacios de la escuela, especialmente en estos tiempos de pandemia.

Alex Galván, tutor de primero de primaria, apunta que «somos uns privilegiados, el colegio es muy grande y tenemos muchas zonas verdes y las aprovechamos mucho. Siempre salimos a ver los árboles, a conocer el entorno... Los niños tenían muchas ganas de volver después del confinamiento».

Las lecciones de la pandemia

La pandemia, como no, igual que en todas las escuelas, les ha dejado lecciones importantes, como, por ejemplo, conseguir que tanto los alumnos como profesores y padres sepan cómo utilizar las herramientas digitales, algo que pusieron en marcha durante el estado de alarma y que las familias valoraron muy positivamente en una encuesta.

La experiencia ha servido para tenerlo todo a punto previendo posibles confinamientos de días, tal como ya ha sucedido en alguna clase donde los alumnos han podido seguir un horario virtual similar al de las clases presenciales. Además, todos los grupos, de todos los niveles, ya han realizado simulacros.

Las circunstancias de la pandemia no han permitido planear, de momento, actos presenciales, pero Meneses termina «queremos dar las gracias a todos es un momento de alegría, nos queda mucho por aprender y por hacer».

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