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El crecimiento de la población de Tarragona se mantiene gracias a la inmigración

En Tarragona ya casi mueren tantas personas como las que nacen cada año, y el grupo de población más numeroso está en los cuarenta. Así somos los tarraconenses según las cifras

NORIÁN MUÑOZ

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Imagen de archivo. Pere Ferré

Imagen de archivo. Pere Ferré

Querido lector o lectora de la ciudad de Tarragona, si cumple usted 44 años este año, probablemente tenga un motivo para alegrarse que no había contemplado: los que nacieron el mismo año que usted conforman el grupo más numeroso de personas empadronadas en el municipio. Eran 2.366 al terminar 2019 (cifra que acaba de publicarse y que es la última disponible).

Aunque el dato roza lo anecdótico, dice más de la ciudad de lo que pensamos. Habla, por ejemplo, de una pirámide poblacional muy robusta por el medio (ver gráfico adjunto), donde la mayor parte de la población se encuentra en la mediana edad; en la cuarentena o cerca de ella. De hecho, de los 39 años hacia abajo, todos los grupos de edad son mucho menos numerosos. La pirámide se estrecha por la base.

Tantos nacidos como fallecidos

Joan Alberich González, profesor agregado del Departamento de Geografía y miembro del grupo de investigación GRATET (Anàlisi Territorial i Estudis Turístics) de la URV, se presta a darnos algunas pistas. Lo primero, comenta, es que la forma de nuestra pirámide no es muy diferente de la del resto de Catalunya, ni siquiera dista mucho de la de otras ciudades occidentales.

Un hecho significativo es que, según el Institut d’Estadística de Catalunya, IDESCAT, en la ciudad de Tarragona, en 2019, nacieron 1.108 personas y murieron 1.086. En el gráfico puede verse como las líneas de los nacimientos y los fallecimientos ya casi se tocan. «Y es algo a lo que vamos a tener que acostumbrarnos en los próximos años», precisa Alberich. Además, habrá que ver cómo queda el saldo cuando se sumen los fallecimientos de la Covid-19.

La explicación es simple, la demografía es cíclica, dice. «El número de nacimientos que tenemos ahora depende sobre todo de los nacimientos que tuvimos hace 30 o 35 años; de los adultos que ahora están en edad de tener hijos y la suya es una generación relativamente escasa, corta, más pequeña... Venimos del baby boom de los años 70 con una población muy generosa, pero los nacidos a finales de los 80 ya son muchos menos».

Y al hecho de que tenemos menos candidatos a padres y madres, hay que sumar que las mujeres tienen cada vez menos hijos y retrasan más la maternidad. Valga como ejemplo que en Catalunya la media de hijos por mujer en 1975 era de 2,72, mientras que ahora se sitúa en 1,27. En el caso de la ciudad de Tarragona la proporción de hijos por mujer es ligeramente mayor, 1,37, y la edad media a la que tienen el primer hijo es de 30,3 años. Además, como dato curioso, ya solo el 50% de los niños nacen de parejas casadas.

Las causas de la bajada en los datos de la fecundidad son múltiples, explica el profesor (en la ciudad la curva de la natalidad ha bajado sin apenas pausa desde 2009). Pesan las dificultades económicas en general, pero también influye la incorporación tardía de las mujeres al trabajo, la precariedad laboral y el retraso en la edad a la que son madres.

Todavía está por verse el efecto que tendrá la pandemia en la decisión de las parejas de convertirse en madres y padres. Algunos investigadores sugieren, señala Alberich, que muchas parejas aplazarán la decisión pero que luego la retomarán cuando todo vuelva a cierta normalidad, con lo que se regresaría a datos de nacimientos parecidos a los actuales. «Pero es pronto para saberlo, solo llevamos 10 meses de pandemia», explica.

El reto de envejecer

Pero, ¿qué significa tener una pirámide cuya base se va estrechando? La primera consecuencia es la incertidumbre de lo que sucederá con el sistema de pensiones o con la atención a la dependencia. Será clave, dice el experto, conseguir que los jóvenes se incorporen al mercado laboral y que lo hagan en buenas condiciones.

En la ciudad, igual que sucede en tantos otros entornos urbanos, la mayor parte de la población, el 84%, está empleado en el sector servicios.

Pero, dejando de lado este tema crucial, Alberich recuerda algo de sentido común: desde el punto de vista individual cumplir años es bueno. «Yo pregunto a mis alumnos si quieren morir a los 80 o a los 40 y suelen contestar que a los 80 y es normal», ejemplifica.

Hay que contar, explica, con que el hecho de que aumente la esperanza de vida es en sí una buena noticia. Además, no solo vivimos cada vez más años, sino que lo hacemos en mejores condiciones.

Como curiosidad, el padrón de la ciudad refleja que en 2019 vivían en el municipio 46 personas centenarias, en concreto 39 mujeres y siete hombres.

El factor migraciones

Pero hasta aquí el conocido como ‘crecimiento vegetativo’ de la población, los que nacen y los que mueren. Lo cierto es que la ciudad de Tarragona, pese a la caída de los nacimientos, ha ido ganando ligeramente población desde 2016. El año pasado el padrón contaba 136.496 personas empadronadas en la ciudad, 1.981 más que el año anterior (un 1,47%) .

Y valga un inciso: por cada kilómetro cuadrado hay 2.358 habitantes, algo a tener muy en cuenta en estos tiempos de confinamiento municipal. ¿Mucho o poco? Depende de con qué se compare. En Reus hay 2.010 habitantes, están un poco más desahogados, pero en Barcelona cada kilómetro cuadrado se lo reparten entre 16.420 almas.

Pero, volviendo a la explicación de lo que hace que la población siga creciendo, la respuesta está en la inmigración. En el caso de la ciudad de Tarragona el número de personas nacidas en el extranjero alcanzó su pico en 2009 con 26.210 personas (cuando todavía no se había producido la segregación de La Canonja). A partir de entonces la cifra comenzó a bajar hasta que en 2016 comenzó la recuperación. En 2019 la población extranjera representaba el 17,40% de los habitantes de la ciudad.

Pero así como el crecimiento vegetativo de la población se puede predecir hasta cierto punto, el crecimiento que tiene que ver con la inmigración es mucho más volátil y difícil de proyectar en el tiempo, explica Alberich, porque está mucho más ligado a factores económicos.

Hasta ahora Catalunya en general, y Tarragona en particular, han sido tradicionalmente un polo de atracción de la población tanto del resto de España como de otros países. De hecho, un dato que lo constata es el hecho de que cuatro de cada diez personas que viven en la ciudad han nacido fuera de Catalunya: dos lo hicieron en el resto de España y dos en el extranjero.

A grandes rasgos se puede deducir que quienes vinieron de otras partes de España están en su mayoría cerca o ya en la edad de la jubilación, mientras que quienes nacieron en el extranjero son más jóvenes.

Así pues, Albercih cree que para quienes alimentan discursos contra la inmigración sería interesante echar un vistazo a los datos. «Si queremos crecer en población tenemos que convertirnos en un sitio atractivo para atraer flujos migratorios... Y también contar con medidas que favorezcan su asentamiento en el territorio», señala.

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