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El cura tarraconense de los memes

Religión. El sacerdote Ignasi del Villar difunde con humor la palabra de Dios desde su parroquia en Castellón. «Los más jóvenes están reaccionando», asegura

Raúl Cosano

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Ignasi del Villar ya planea también hacerse ‘youtuber’.  Foto: DT

Ignasi del Villar ya planea también hacerse ‘youtuber’. Foto: DT

Dice Ignasi del Villar (41 años) que es ‘tarragoní’ de los de tocar ferro, aunque lleve cinco años como sacerdote en Castellón, en la Parroquia de la Sagrada Familia de La Vilavella, a una hora de Alcanar. En ese pequeño municipio de poco más de 3.000 habitantes gana popularidad merced a una faceta que le ha convertido en mediático. Su perfil de Twitter ya delata su inquietud divulgadora: «Un cura que lucha por vivir su vocación en el mundo real». 

«Empecé colgando fotos con la idea de transmitir que un párroco puede tener una vida normal y aparecer cocinando o haciendo deporte», cuenta. A Ignasi, que comenzó los estudios de Historia en la URV y luego cursó Teología entre Barcelona y Navarra, siempre le ha obsesionado la relación de la Iglesia con la sociedad y abordar esa sempiterna cuenta pendiente, acercarse a la calle y, si se puede, seducir a los jóvenes. «La Iglesia siempre ha utilizado cualquier medio para llevar la buena nueva. Fue la primera en usar la radio... ¡Lo primero que se imprimió fue la Biblia! Yo no soy joven, pero sé que todo se mueve por la red. Ponía la típica hoja parroquial… ¡Y me di cuenta de que no la leía nadie por debajo de una cierta edad! Ni siquiera un cartel que pongas en la iglesia sirve». 

«Me di cuenta de que poca gente leía la hoja parroquial o cualquier cartel que pusiera en la Iglesia»

Así que de forma natural y progresiva se encomendó a su ingenio viral y encontró en el meme su nueva arma de atracción. «Es una cosa sencilla que suelo hacer rápido, pero siempre con algo de reflexión. Me vienen muchas ideas a la cabeza y alguna la plasmo. Me gusta porque es algo bastante inmediato. Tener un diario católico es complicado e incluso hacer vídeos también requiere más rato, por el tema de la edición». 

Y así, por Facebook, Twitter o Instagram Ignasi lanza sus creaciones, simples y directas pero también meditadas, basadas en la lectura del Evangelio y que suelen arrancar al menos una sonrisa. He aquí varios ejemplos: un gato ahogándose en el agua con el mensaje: ‘Vale, está lloviendo. Exagerado. Ve a misa’; un adorable perro intentando saltar por encima de una valla con la frase: ‘Último domingo de Cuaresma. ¡Venga, que tú puedes!’. Son, en general, recreaciones para convencer al joven de que acuda a misa, aunque el repertorio va más allá, explorando un humor blanco y familiar, aunque con un deje irreverente para todos los públicos. Ahí se puede ver a Neo peleando en Matrix junto al rótulo: ‘El que m’imagino quan llegeixo al senyor repartint tortes als fariseus’; o alguno especialmente desternillante que muestra a un gato con la boca desencajada en una mueca de sorpresa y el texto: ‘Mira la cara que puso el demonio al tercer día’. 

«El humor siempre está presente. Es algo muy del orador. Suelo arrancar la homilía con una anécdota para captar la atención»

«El humor –tercia el religioso– siempre está presente en mi vida. Es un instrumento muy de los oradores. Por ejemplo, yo intento empezar la homilía con una anécdota simpática, con algo que capte la atención. Quizás es algo más del mundo anglosajón, pero me gusta hacerlo. Las cosas con humor entran mejor que con bronca», sostiene el sacerdote. 

La iniciativa se traduce en un ligero aumento de los asistentes a misa, a pesar de que se trata de una empresa a largo plazo. Lo que sí se ha incrementado más notablemente es el feedback ciudadano. «Me dicen: ‘Yo no era mucho de ir a misa, pero si te lo piden así… ¡es difícil decir que no! Iba por la calle y me hacían alguna referencia al chiste que había puesto. También me lo mencionaban en la catequesis», relata. 

No faltan los animales
El objetivo es incrementar el interés, sobre todo de los más jóvenes, por el hecho religioso. «Por lo menos, sé que les llega, que lo han mirado, y eso es un inicio». Los requisitos son los canónicos: alguna foto divertida, generalmente de un animal enternecedor (un clásico de la jerga), y un eslogan ocurrente. «Siempre intento tocar el corazón a alguien», confiesa. 

Con esas premisas, Ignasi acaba desmontando mitos y ganando cada vez más adeptos de distintos perfiles: «A veces la gente joven es la que tiene menos prejuicios a la hora de dirigirse a un cura. Van con menos complejos que los mayores. ¡Pero yo no quiero hacerme más popular en el pueblo! Quiero que lo sea la palabra de Dios». 

La acogida de su humor gráfico que transmite ideas y apelaciones ha llegado incluso a las instancias superiores de la Iglesia. «Pensaba que me dirían algo negativo, y tenía un poco de miedo porque no sabía cómo sería aceptado, pero la respuesta ha sido muy buena. Me han dicho que es una buena manera de aprovechar el tirón de las redes». No queda ahí la labor 2.0 del párroco tarraconense: «Cuando alguien del pueblo muere, seguimos tocando las campanas, como se ha hecho antes, pero la mayoría de gente se ha enterado ya por los mensajes que ponemos en las redes sociales». 

Lo próximo es hacerse ‘youtuber’, así que atentos a las redes. 

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