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El debate de presupuestos en Tarragona: 102 minutos con muy poca chispa

El Gobierno saca adelante los primeros presupuestos de esta etapa en minoría gracias a Cs y con el «no» de Prats.

Núria Riu

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El primer pleno con la silla vacía que ocupaba el portavoz del PDeCAT, Albert Abelló.  Foto: Pere Ferré

El primer pleno con la silla vacía que ocupaba el portavoz del PDeCAT, Albert Abelló. Foto: Pere Ferré

El último pleno del año estuvo marcado por ser el primero tras la reciente ausencia del portavoz del PDeCAT, Albert Abelló. La imagen de la bancada vacía al lado de Cristina Guzmán fue un golpe para todos los asistentes, que iniciaron la sesión con un minuto de silencio y las palabras del alcalde, Josep Fèlix Ballesteros. Ambos habían mostrado importantes diferencias en estos dos años y medio. Ayer, el máximo responsable municipal destacó que «su estela nos servirá para seguir trabajando y picando piedra».

Era también el pleno de los presupuestos, un debate en el que se constató que Gobierno y oposición viven en ciudades distintas, a excepción de Cs, que puede hacer uno de los discursos más críticos y salir siendo el salvador del partido. Y es que la formación naranja ya había anunciado su abstención, por lo que no hubo sorpresas ni emoción de última hora a pesar de ser los primeros presupuestos de esta nueva etapa de Gobierno en minoría.

De hecho, si hubo algún hecho con un mínimo de trascendencia éste lo protagonizó el antiguo socio, Josep Maria Prats (Units per Avançar), que ayer se sumaba a la bancada de la izquierda y el PDeCAT para decir no a unas cuentas que etiquetó de «posibilistas, conservadoras, poco osadas y de qui dia passa any empeny».  
 

Opacos y grises

La oposición criticó que la inversión de Ikea sea la única que no está sujeta a la venta de patrimonio y que no se ha explorado la vía de la participación para escuchar la voz de los tarraconenses. «Ustedes tienen miedo a los ciudadanos», reprochaba el portavoz de ERC, Pau Ricomà. Con su jersey amarillo, a juego con el de su compañera Mònica Alabart, el republicano los definía como los presupuestos del «gris de la mediocridad». Un calificativo similar al de Laia Estrada (CUP), quien utilizó la palabra «opacos», mientras que la concejal ecosocialista, Arga Sentís (ICV-EUiA), prefería calificarlos de «déjà vu. Supongo que entra en el orden del Día de los Inocentes, porque son tan iguales que incluso hay una partida para los Juegos Mediterráneos de 2017», decía.

'¿Que no cumplen? En diciembre de 2018 volveremos a encontrarnos aquí'

Tampoco fue benévola la concejal del PDeCAT, Cristina Guzmán, quien reprochó a la coalición de Gobierno PSC-PP que «están estancados». La edil nacionalista los etiquetaba como los presupuestos «del 155». 
El «apoyo» a modo de abstención que mostraron los tres concejales de Ciudadanos viene con letra pequeña. «Hemos cedido nuestro voto, pero no regalado. ¿Que no cumplen? En diciembre de 2018 volveremos a encontrarnos aquí», decía Rubén Viñuales. La condición es el plan de choque para los barrios.

Fueron 102 minutos de debate de presupuestos en el que se impusieron los reproches y los discursos preconcebidos. De hecho, los únicos destellos de lucidez los protagonizó uno de los hombres más serios del salón de plenos, como es el concejal de Hisenda, Pau Pérez. Provocó algunas risas cuando afirmó que «trabajamos más de lo que parece, pero somos discretos». Incluso hizo un chiste para responder a los que le habían recriminado que las cuentas municipales están intervenidas por culpa de la deuda que acumula. «Todos los Ayuntamientos estamos intervenidos, porque todos tenemos a un interventor». La cara de José Fernando Chicano era un poema. 

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