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El efecto vacuna en Tarragona: las muertes vuelven a niveles prepandemia

Es la prueba contundente de que la inmunización está salvando vidas. La estadística del INE de las últimas semanas muestra que la provincia registra ahora el menor número de defunciones de los últimos años 

Raúl Cosano

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Una enfermera prepara una dosis de AstraZeneca en Tarragona. FOTO: Pere Ferré

Una enfermera prepara una dosis de AstraZeneca en Tarragona. FOTO: Pere Ferré

La mortalidad vuelve a su cauce. Es otro signo irrefutable de que lo peor, 13 meses después del inicio de la pesadilla, ha pasado. La estadística de defunciones se ha normalizado, pese a seguir en pandemia y en una crisis sanitaria. Tarragona vuelve a situarse en números de defunciones similares a los que había antes de la Covid-19, después de un 2020 angustioso y con un severo impacto poblacional en la pérdida de vidas. El SARS-CoV-2 sigue presente pero el incremento suave de contagios de esta cuarta ola no se traduce, por el momento, en un aumento de las defunciones, como sí ha sucedido en los anteriores envites del virus.

Los datos son todo un rayo de luz después de tanta tormenta. Con las residencias blindadas desde hace tiempo, el progreso de la vacunación de las franjas más altas de edad (y, por tanto, también las más vulnerables) está permitiendo contener la mortalidad de una forma definitiva. En lo que va de 2021, han fallecido en Tarragona 2.301 personas, no solo por Covid-19 sino por todas las causas de defunciones.

Es un 6,4% más respecto a 2019, el año prepandemia, pero hay que tener en cuenta que la cifra está condicionada por el altísimo número de fallecidos que provocó la tercera ola en la provincia entre enero y febrero. Superado ese pico, las muertes descendieron drásticamente y durante varias semanas tienen registros inferiores incluso a los de un año normal, que no esté marcado por el impacto del patógeno. Durante algunas semanas de enero, el exceso de mortalidad respecto a un año tipo llegó incluso al 38%, alcanzando cifras de récord de toda la pandemia. Pero ahora no, a tenor de los balances que publica el INE en una estadística experimental que sirve para monitorizar el impacto prácticamente al día de la Covid-19. 

Un mes de marzo benévolo

Una muestra que puede resultar paradójica: este mes de marzo fue el que menos defunciones registró de los últimos cinco años, en absoluto contraste con 2020, cuando a estas alturas el virus hacía estragos en su primera ola. Otra comparativa: en las últimas cinco semanas han muerto 645 personas en el Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre. En ese mismo periodo de tiempo, en 2019, la cifra fue mayor, 684, lo que muestra que se ha iniciado el camino hacia la normalidad y que la pandemia apenas se percibe en los balances demográficos de mortalidad. 
Los 234 muertos registrados en la última semana de enero en Tarragona fueron la punta de la tercera ola, prácticamente tan mortífera como la primera en términos de defunciones. Desde entonces, se ha dado un acentuado y celebrado descenso que ha cabalgado en los efectos de las restricciones de movilidad o comerciales pero, sobre todo, en los beneficios inequívocos de las vacunas que se están administrando. Ahora las muertes semanales están muy por debajo no solo del funesto y demográficamente anómalo 2020, sino de los años previos. O, lo que es lo mismo, están falleciendo ahora menos personas de lo que es habitual, lo que confirma que la pandemia está cerca de ser vencida, al menos, en cuanto a sus consecuencias más duras. 

Cualquier índice que se analice exhibe el contraste: de esas 234 muertes semanales a las 126 actuales, un 46% menos. En el último mes han fallecido 508 personas, un 30% menos que en el mismo intervalo de 2020. Esos fallecimientos por todas las causas –el INE no hace distinción entre la Covid-19 y el resto de enfermedades– vienen marcados, obviamente, por el impacto del coronavirus. Del 11 al 17 de abril hubo cuatro defunciones por el SARS-CoV-2 en la provincia, según los balances oficiales del Departament de Salut. En la misma semana, pero del mes de enero, la cifra se disparaba hasta los 51 decesos, 12 veces más. 

La vacunación ha avanzado entre problemas de suministros, dudas respecto a sus riesgos y mensajes de científicos y las autoridades sanitarias sobre la importancia de inmunizarse. Así lo indica  Manuel Armayones, profesor de los estudios de Psicología y Ciencias de la Educación en la UOC. «Al vacunarnos contribuimos a ser parte de una sociedad segura que cuida del bienestar de todos, de las personas más frágiles y con más riesgos, como la gente mayor, o de perfiles que por cualquier motivo médico no se pueden vacunar», indica Armayones. 

La dimensión social de inocularse

«En el ámbito de la salud pública tenemos que explicar a las personas los beneficios sociales que, como colectivo, iremos teniendo a causa del aumento de la vacunación y de la inmunidad de rebaño, como la drástica reducción de las defunciones en las residencias de personas mayores desde el comienzo de la vacunación», cuenta Armayones. 

«Es cierto que la decisión de vacunarse o no es un tema individual, pero también es una decisión comunitaria, ya que no vacunarse afecta a la sociedad y a la gente de nuestro entorno, de manera que hay una parte de responsabilidad civil», cuenta el científico Salvador Macip, profesor de los estudios de Ciencias de la Salud en la UOC. 

Una situación estable

Por lo tanto, la decisión propia de inyectarse tiene un claro reflejo ya en la estadística de los indicadores epidemiológicos y sanitarios, unos baremos que entran en una cierta fase de estabilización y muestran que la cuarta ola está dejando una huella suave. Pese a eso, el número de contagios notificados sigue siendo alto. Ayer se comunicaron 123 en la provincia, superando de nuevo el umbral de los 100, mientras el riesgo de rebrote o la Rt –el nombre técnico para definir la propagación del virus–, aumentan poco o incluso protagonizan ligeros retrocesos. 

Por fortuna, el impacto en la sanidad parece contenerse, a pesar de que el número de hospitalizaciones había crecido en las últimas semanas, generando una cuarta ola llena de incertidumbre por el peso de las variantes. También en esa faceta se está entrando en un cierto estancamiento esperanzador. Ayer había 79 ingresados por Covid-19 en el Camp de Tarragona (uno más) y 17 en las Terres de l’Ebre, la misma cifra que el día anterior. Hay 25 pacientes ingresados en la UCI, uno menos. Hay que recordar que en la cresta de la tercera ola, producto de las fiestas navideñas, hubo 94 tarraconenses hospitalizados críticos. Desde entonces, a mediados de enero, ese indicador se ha ido reduciendo hasta quedarse prácticamente en un tercio. Los expertos apuntan a que los beneficios de la vacunación, igual que está sucediendo con la mortalidad, también se están notando en la situación hospitalaria, para tranquilidad de un sector sanitario que se muestra optimista pero, a la vez, sigue expectante. 

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