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El entorno del Mercat Central: hola bares, adiós tiendas

Vecinos y comerciantes denuncian la proliferación de negocios de restauración y de terrazas en las calles Lleida, Reding y Governador González, y en la Plaça Corsini

Carla Pomerol

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La calle Lleida cuenta con cinco bares. El Ayuntamiento optó por pintar líneas blancas para delimitar el espacio. Foto: Pere Ferré

La calle Lleida cuenta con cinco bares. El Ayuntamiento optó por pintar líneas blancas para delimitar el espacio. Foto: Pere Ferré

La expectativa era que las calles de alrededor del Mercat Central se convirtieran en el eje comercial más importante de la ciudad. Pero la realidad es otra. Y bien distinta. Dos años después de la inauguración del edificio modernista, la mayoría de los locales de las calles Reding, Lleida y Governador González son bares, con sus terrazas correspondientes en la vía pública. Son pocas las tiendas que aún siguen con la persiana subida. El motivo principal es el aumento del precio del alquiler.

Los establecimientos, que han aguantado los más de diez años de obras del Mercat, ahora se ven obligados a cerrar sus negocios por no poder hacer frente a los gastos. Y aquí llega la segunda parte de la historia: el propietario del local lo vuelve a alquilar y abre un nuevo bar. Y ya son más de una veintena los negocios dedicados a la restauración en el entorno de la Plaça Corsini.

Mar Simó es la propietaria de uno de los primeros bares que abrió en la calle Lleida. «Cuando llegamos aquí, en el año 2014, no había nada. Solo cucarachas. Nos gustó la calle porque era peatonal, y los padres podían sentarse a tomar algo sin preocuparse de que algún coche atropellara a su hijo», explica Simó. Desde entonces, la calle Lleida se ha convertido en punto de encuentro para jóvenes. Es la competencia directa de la Plaça de la Font. Tanto es así que incluso el Ayuntamiento tomó la medida de pintar unas líneas blancas en el suelo que delimitarán el espacio de las terrazas. Han ocupado toda la calle.

A quien no gusta nada esta tendencia es a vecinos y a comerciantes. Lucía vive en la calle Lleida. «Es imposible estar en casa durante el día. Reconozco que los bares respetan los horarios, pero hay muchas cosas que se deberían solucionar. No tenemos calle, se la han comido las sillas y mesas de las terrazas. Para cruzar tenemos que dar una buena vuelta», explica Lucía, quien confiesa que está buscando otro piso, en una zona con menos bares.

Ayer, la tienda Muy mucho de la Plaça Corsini cerró sus puertas por no poder hacer frente a los gastos. FOTO: Pere Ferré

Núria Sabat, presidenta de la Associació de Veïns Tarragona Centre, asegura que la proliferación de los bares ha acabado con los comercios de proximidad. «Y si no hay comercios, la gente se va. No hay ningún aliciente», explica Sabat, quien alerta del riesgo real de sufrir el fenómeno de gentrificación. Se trata de un proceso mediante el cual la población original de un barrio, generalmente céntrico y popular, es progresivamente desplazada por otra de un nivel adquisitivo mayor. «Conozco vecinos y comercios que ya se han ido. No solo por el tema del ruido y de los bares, también por el aumento del precio del alquiler», comenta Sabat, quien añade que «la zona se está convirtiendo en un parque temático de terrazas».

La presidenta de la entidad vecinal también denuncia que hay terrazas que ocupan más metros de espacio público del que está permitido, y añade que «no es agradable tener que pedir permiso para poder acceder a tu casa o encontrar el portal lleno de orines». Finalmente, Sabat se muestra segura de que «cada vez que cierra una tienda, sabemos que abrirá otro bar».

Piden limitar los bares

Los comerciantes tampoco ven con buenos ojos la proliferación de negocios de restauración. Anna Álvarez es propietaria de una tienda de decoración de la calle Reding. Superó la crisis y también los diez años de obras del Mercat. Cuando creía que ya nada podía ir mal, la calle se llenó de bares y restaurantes y las tiendas empezaron a bajar las persianas. «A mi me parece genial que abran bares, porque traen gente y ambiente. Pero no nos aportan nada. ¿Alguien se acuerda de que en la Plaça Corsini hay tiendas entre tantos bares? No, la respuesta es no», asegura Álvarez, quien añade que «de aquí poco deberé hacer ofertas del estilo: si te llevas dos flores, te sirvo un café», bromea.

A pocos metros se encuentra Josep Maria Juan Biosca, propietario de un establecimiento de ropa interior y bañadores, y presidente de la Unió d’Empresaris del Voltant del Mercat Central. «Los bares no nos dan clientela. El comercio está en deterioro constante y si el nuevo gobierno municipal no se pone las pilas, nos veremos obligados a cerrar todos. Los que aún resistimos, hemos puesto mucho dinero de nuestro bolsillo», explica Juan, quien pide a gritos un plan de usos. «Si yo quisiera abrir una farmacia o un estanco, no me dejarían, porque ya hay cerca. Con las licencias de bares debería pasar lo mismo. Tenemos un centro comercial abierto y lo estamos desaprovechando», explica Juan.

En busca del equilibrio

«Lo ideal sería encontrar el equilibrio. Que fuera una fuerza consensuada. La restauración y el comercio deben complementarse, pero un sector no puede sobrepasar al otro. Aquí es donde hay el problema». Así opina Florenci Nieto, presidente de PIMEC Comerç Tarragona, quien asemeja lo que está ocurriendo en el entorno del Mercat Central con lo que pasó hace unos años en la Plaça del Fòrum. «No se puede ni andar, ni pasear, ni comprar. Deberemos tratar el tema con el nuevo gobierno municipal», acaba Nieto.

Las expectativas comerciales previstas para esta zona ya están rotas. Ahora, falta por ver que propone el nuevo alcalde para el entorno del Mercat.

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