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El ferrocarril que no entendía de tecnología

La línea TGN-Mataró, que cumple 150 años, tiene una exposición en el Port
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Alumnos del Pons d\'Icart escuchan la historia del ferrocarril ante un tramo de raíl. Foto: Juli Nomdedeu

Alumnos del Pons d\'Icart escuchan la historia del ferrocarril ante un tramo de raíl. Foto: Juli Nomdedeu

Tarragona, Altafulla, Torredembarra, El Vendrell, L’Arboç, Santa Margarida i els Monjos, Vilafranca del Penedès, La Granada, Sant Sadurní d’Anoia, Gelida y Martorell. Estas fueron las 11 primeras paradas que hace 150 años enlazaron ferroviariamente Tarragona con Martorell. Luego, se añadieron la de Sant Vicenç de Calders (en 1887) y el apeadero de Lavern-Subirats.

Aunque los 900 metros cuadrados del Tinglado número 1 del Moll de Costa no son a escala de los 73,2 kilómetros que separan ambas ciudades, sí pretender ser un reflejo de un medio de transporte que apareció en España en 1848 (Barcelona-Martorell) y que revolucionó las comunicaciones entre los siglos XIX y XX.

Al frente de la exposición Pugem al Tren, que permanecerá abierta hasta el 12 de julio de lunes a domingo, está Agustí Andreu, profesor de Antropologia de la URV. Como comisario de la exposición, explica que «uno de los objetivos que pretendemos con esta muestra es evitar la fragmentación de la transmisión del conocimiento. Si no se planificaran estas exposiciones muchas de las historias y objetos del pasado quedarían en el olvido».

De hecho, el éxito de la muestra nace de la combinación perfecta entre nostálgicos que han convivido con aquellos trenes huérfanos de tecnología y mucha mecánica y alumnos de diferente edad que descubren más allá de las pantallas de ordenador una historia que sólo tiene 150 años de antigüedad.

Antonio Leoz, presidente de la Associació Cultural Ferroviària de Tarragona i Província, es uno de los responsables de esta exposición. «Un 10% del material que tenemos está expuesto», explica. El más antiguo son imágenes que recuerdan los primeros años de la línea y el más común tiene una longevidad de ocho décadas, desde los años 30 del siglo pasado.

La joya de la corona –aunque Leoz rechaza quedarse con una cosa por encima de las demás– es un vagón de pasajeros que ha cedido el coleccionista Xavier Gavaldà. Esos asientos de cuero combinados con una taquilla y numerosa documentación ocupan parte de la superficie del Tinglado número 1.

Junto al material, las fotos y el papeleo está una maqueta para terminar de configurar una visión global de la exposición. Es, posiblemente, la atracción más admirada por el público joven.

 

Hasta julio

La muestra, gratuita, permanecerá abierta hasta el 12 de julio. «La próxima planificación de una exposición sobre el mundo del tren se realizará en 2017», explica Leoz. De hecho, el motivo será el 150 aniversario del Tarragona-Tortosa-Castellón y lo único que falta por ver es dónde se ubicará la muestra, aunque la capital del Baix Ebre tiene muchos números.

Mientras, de lunes a sábado, en horario de mañana y tarde, y los domingos, sólo de mañana, se puede visitar la exposición que lleva más de 1.600 ‘pasajeros’.

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