El hombre que ha situado la química a la altura de Rosalía

El profesor Ruben Martin, del Institut Català d’Investigació Química (ICIQ), en la lista Forbes TOP 50 de españoles más premiados, un logro en el ámbito de la ciencia.

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Ruben Martin, en las dependencias del ICIQ en Tarragona.  FOTO: ÀNGEL ULLATE

Ruben Martin, en las dependencias del ICIQ en Tarragona. FOTO: ÀNGEL ULLATE

¿Qué tienen en común Antonio Banderas, Pedro Almodóvar, Ferran Adrià, Rafael Nadal y Rosalía? Más allá de su fama internacional por sus éxitos en sus respectivas carreras, todos ellos forman parte del Top 50 de españoles más premiados en la lista Forbes 2021. Un ranking relativamente nuevo que, por primera vez, también incluye a Ruben Martin, líder de investigación del Institut Català d’Investigació Química (ICIQ), que ha conseguido situar su investigación en este listado que reconoce el talento nacional que ha cosechado premios, medallas y galardones fuera del país en los últimos cinco años. «Sorprende, porque no es habitual y el hecho de que pongan a la ciencia en boca de todos ha sido muy importante», afirma Martin.

Forbes ha incluido a Martin en la lista gracias a su investigación en ciencias químicas, mencionando que «la Sociedad Americana de Química lo recompensó con el premio Arthur C. Cope 2020 por sus metodologías para la investigación catalizada por metales de entidades inertes para producir moléculas sintéticamente relevantes». Pero, qué significa esto. Ruben Martin nos lo explica de forma plana, tal y como hace con sus hijos.

«En particular lo que diseñamos son una especie de varitas mágicas, que vendrían a ser unos catalizadores que permiten convertir eficientemente gases contaminantes del efecto invernadero, como el dióxido de carbono, en un producto de alto interés industrial». Estos catalizadores son substancias que no se consumen, sino que aceleran las reacciones y no generan residuos. Así, por ejemplo, de lo que estamos hablando es de atrapar este dióxido de carbono que se genera en los procesos productivos y convertirlo en ácidos grasos, que son compuestos que se utilizan como materia prima de vital importancia para la industria química, ya sea en para la producción de detergentes, lubricantes, cosméticos o materiales como el nilón.

«El valor de mercado de los ácidos grasos alcanzará los 20.000 millones de dólares en 2023, por tanto, una forma de poderlos hacer de forma sencilla y siguiendo los criterios de sostenibilidad tendría un enorme interés, porque hoy en día se obtienen machacando toneladas de plantas y entonces se tienen que refinar, por lo que obviamente no es un proceso demasiado sostenible. Lo que proponemos es atrapar este dióxido de carbono que tenemos en exceso, que sabemos que es nocivo, y proponemos canalizar estos gases contaminantes en nuestra sociedad aportando un valor añadido», explica este investigador.

Se trata de un proceso que está en fase embrionaria y que ya se ha probado en los laboratorios. Pese a ello, para que pueda convertirse en un sistema que aporte valor, mediante la economía circular, este grupo de investigación necesita seguir avanzando. «Está probado el concepto y la química funciona. Simplemente se trata de encontrar la tecnología para intentar valorar su eficiencia a gran escala», añade. Y para esto hace falta encontrar a una empresa que crea en el sistema y esté dispuesta a invertir en este para que pueda ponerse en práctica.

La ciencia es lenta y de esta esperamos que avance rápido para abordar los retos del cambio climático. Pese a ello, Ruben Martin defiende que «yo solo muestro las posibilidades y los pilares en los que la gente puede apoyarse para llevar a cabo estas transformaciones a gran escala». Pero, para que realmente podamos verlo en el mercado, hace falta «el interés de alguna empresa en particular dispuesta a abordar la inversión y que vea que es un proceso viable y que le puede repercutir inmensamente en el futuro para su imagen».

Para este químico, uno de los problemas está en que «la ciencia no acaba de suscitar el interés necesario para que las agencias gubernamentales la financien como es debido». No obstante, se muestra convencido de que «hay brotes verdes» a los que «simplemente debemos agarrarnos para que la sociedad sea plenamente consciente de que hay que hacer un cambio». Y añade: «Se trata de que los científicos entendamos mejor la sociedad para aportar este mensaje de que la ciencia es necesaria y que la sociedad aprenda a entender muestro lenguaje y tener una mayor cultura científica».

Nacido en Barcelona en el año 1976, Ruben Martin estudió Química en la Universitat de Barcelona e hizo el doctorado que le permitió continuar su carrera académica en el Instituto Max Planch de Alemania. Allí pasó un año y medio de su carrera antes de incorporarse al Massachussets Institute of Technology (MIT). Una andadura que a la vuelta le abrió las puertas del ICIQ, dirigiendo su propio grupo de investigación en 2008.

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