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El impacto del AVE en Perafort y la Secuita: "Incidencia, muy poca"

Los vecinos de estos pueblos han visto cómo las expectativas que se crearon no se han cumplido

Núria Riu

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Pol Zaragoza, en el bar El Cantó de La Secuita.  Foto: Lluís Milián

Pol Zaragoza, en el bar El Cantó de La Secuita. Foto: Lluís Milián

Blanca Carro considera que es muy cómodo.  Foto: Lluís Milián

Blanca Carro considera que es muy cómodo. Foto: Lluís Milián

«Se decía que fomentaría el empleo y que llevaría a mucha gente. Pero nada de nada. Quizás los taxistas del pueblo son los únicos que lo han notado, por lo demás, al resto de negocios, no nos va ni nos viene». Esta es la opinión de Pol Zaragoza, vecino de La Secuita que vivió la llegada de la alta velocidad y que es el responsable del bar-restaurante El Cantó.

Durante la construcción fue diferente. Sin bien se intentó que las constructoras dieran trabajo a la gente del pueblo, estas grandes compañías ya llegaron con su personal. No obstante, la restauración sí que se vio beneficiada por el vaivén de camiones. «En aquellos momentos hay quien hizo mucho dinero», explica Zaragoza. Por entonces, él no estaba de encargado del bar. «Todo era gente de fuera y cuando era el momento de desayunar había colas esperando, según ha explicado alguna vez el señor Agustí».

Desde que se conoció que la estación acabaría finalmente ubicándose en este espacio hasta que finalmente las autoridades la inauguraron el día 18 de diciembre de 2006, tanto los vecinos de La Secuita como los de Perafort escucharon rumorología para todos los gustos. Principalmente vinculada con el boom inmobiliario que se llevaría a cabo. Se esperaba una proliferación de chalés y viviendas adosadas que triplicaría la cifra de habitantes de forma considerable.

Los vehículos de alta gama en los que se dejaban ver estos promotores despertaron todo tipo de especulaciones. Y no tan solo en lo que se refiere a la construcción de nuevas viviendas, sino que incluso llegó a hablarse de algún que otro hotel.

Pese a que más de 6,7 millones de viajeros han utilizado esta estación desde su inauguración, lo que supone un promedio de 2.000 personas diarias, ambos municipios viven ajenos a lo que pasa a escasos kilómetros de sus casas. «Vivimos de la gente del pueblo. A lo mejor vemos pasar algunos coches que van a recoger a alguien, pero no se detiene», sigue explicando Zaragoza.

De hecho, los vecinos de La Secuita y Perafort comparten las mismas quejas que los vecinos de Tarragona, Reus o cualquier otro municipio del Camp de Tarragona, cuando hacen referencia a esta estación: está en medio de la nada y no hay transporte público.

Un solo negocio nuevo

«Yo lo utilizo mucho para ir a Barcelona, el problema está en que no puedes llegar en autobús. O coges un taxi o tienes que dejar el coche en la carretera», explica Teresa Morelló. Llegó en La Secuita hace más de 35 años y opina que «no se ha notado que tengamos la estación aquí».

Semana de acueducto para muchos y en la estación reina la misma tranquilidad que siempre, tan solo interrumpida los cinco minutos antes y después de que llegue un convoy. Dos establecimientos de alquiler de vehículos abiertos y la cafetería, los únicos tres negocios en el interior. Y estos aún no tienen licencia de actividad.

El único fuera de la estación que se ha montado es el de Aparca i tren, al pie de la N-240. Y, de hecho, el aparcamiento es otra de las cuestiones a resolver. «Siempre tienes que pedir que te vengan a recoger ya que dejar el coche allí es un inconveniente, por lo que creo que no ha tenido mucha incidencia», argumenta Blanca Carro, vecina de Perafort.

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